Visita del Papa Francisco a los Estados Unidos - Una invitación

Nuestros corazones se llenaron de esperanza, desde que supimos que el Papa Francisco vendría a Filadelfia para el Encuentro mundial de las familias ¿Podría ser que el “Papa de los pueblos” viniera hasta nuestro barrio?

Empezamos a tomar contacto con él, desde el primer aniversario de su pontificado en la primavera del 2014 enviándole dos cartas de invitación: la una escrita por nuestra LSA Family Health Service en East Harlem, acompañándola de una carta de las Hermanitas. Cuando Roma anunció que en su itinerario a los Estados Unidos, el Papa iba a visitar tres ciudades de la costa este (Washington, Nueva York y Filadelfia) se notaba la excitación incluso en el aire.
 
En diciembre del 2014 seguras de que aterrizaría en el aeropuerto situado cerca de nuestra casa, decidimos invitarle a “pasar por nuestro centro de East Harlem” para que pudiéramos acogerle. ¡Podía muy bien hacer un pequeño rodeo “por nuestra casa”! Decidimos escribirle cartas y pedimos que hicieran lo mismo todos los que quisieran echarnos una mano: los grupos de padres, las Hermanas y cualquiera que quisiera ayudarnos. El grupo de apoyo escolar, coordinado por Martha Andrade, recibió materiales para dar vía libre a su creatividad.
 
Paralelamente, nosotras nos reunimos con Maryalice Spencer, coordinadora de nuestra LSA Family in Mission, que compartía nuestro entusiasmo. Ella contactó con las comunidades de Hermanitas, que por su parte pidieron a sus familiares y amigos participar en la campaña de cartas al Papa Francisco. Cada sobre, cada carta, llevaba el mismo logo ¡para asegurarnos que alguien en el Vaticano las reconociera! Incluso precisamos el número del móvil de Maryalice sabiendo que al Papa le gustaba llamar a la gente por sorpresa; y ella estaba más que dispuesta a hablarle en su mejor español. ¡La excitación alcanzaba su zenit!
 
La pequeña historia enviada por la Casa Madre, narrando el vínculo particular entre el Papa Francisco y las Hermanitas de Argentina, fue distribuida generosamente en inglés y en español. Queríamos que todo el mundo supiera que el Papa era un amigo de las HA. y de los habitantes de los medios populares en los que ellas vivían. Amigos que tenían previsto dirigirse al Vaticano nos propusieron entregar algunas cartas en propia mano. ¡En total, 295 cartas fueron enviadas al Papa! Nunca tuvimos respuesta de que las hubiera recibido, pero siempre supimos que, de una u otra forma, él vendría.
 
Un pequeño contratiempo
Mientras, yo tuve que ser operada de urgencia de un tumor benigno cerebral. Después hicieron falta meses de reeducación que me impidieron proseguir con la organización de la visita del Papa. Pasadas algunas semanas durante las cuales tuve que luchar con todas mis fuerzas para volver a la realidad, cayó en mis manos un pequeño libro titulado “30 días con el Papa Francisco”, que comencé a utilizar en mi oración cotidiana. Para cada día había una frase escrita por el Papa, seguida de un versículo bíblico y algunas notas de reflexión. Yo lo leía varias veces al día ya que tenía dificultad en retener lo que leía. En mi oración pedía al Papa que me ayudara a restablecerme rápidamente. Rogaba también al Padre Pernet, Antoinette Fage, Padre Pío y al P. Solanus. Poco a poco empecé a encontrar la vivacidad de espíritu y a retomar fuerzas físicas. Muy a menudo, tenía la impresión de ir avanzando con el Papa Francisco, y esto me determinaba para hacer todos los esfuerzos posibles para curarme, esperando volver a casa a tiempo de su excepcional visita.
 
Preparación de la visita del Papa
Cuando salí del hospital, cinco meses más tarde, se había precisado el proyecto del Papa de pasar por East Harlem. Había pedido visitar una escuela donde la población fuera mayoritariamente inmigrada, fue escogida la escuela Our Lady Queen of Angels (Nuestra Señora Reina de los Ángeles), situada a dos calles de nuestra casa. Vimos en ello una oportunidad increíble para muchas de nuestras familias cuyos hijos frecuentaban esta escuela: iban a resultar “visibles” y el hecho de tener un encuentro con el Papa les haría comprender que para él eran importantes. Además teníamos muchas mujeres que estudiaban ingles en los locales de esta escuela a través del programa Comunidad San Diego, y Hna. Deysi Martínez, HA., que vino de Chile y vivía en East Harlem, también había seguido cursos allí.
 
Las asociaciones caritativas católicas de la archidiócesis de Nueva York propusieron que una de nuestras familias inmigradas representase al LSA Family Health Service y su trabajo en el barrio. Para gran sorpresa mía, se me pidió si tenía a bien presentar a la familia García al Papa el día 25 de septiembre. Es inútil deciros lo que respondí… ¡era tan feliz! La familia García se había beneficiado durante más de 10 años de los servicios prestados por nuestro Centro. 
 
Las mamás de nuestro programa de educación se lanzaron con nosotras en la confección de 225 flores de papel muy hermosas, a fin de decorar las mesas de la escuela para la recepción. Las flores forman parte de la tradición artesanal mexicana y representan la vitalidad de la población inmigrada de la que se ocupa la Agencia.
 
Las personas del barrio estaban súper entusiasmadas. Las cámaras de televisión siguieron las actividades de LSA Family Health Service durante todo un mes. La afabilidad del Papa Francisco, su amabilidad y su cercanía, su sentido profundo de lo sagrado y de la misericordia, se comunicaba a todos; su atención a cada persona como siendo amada por Dios fue experimentada por todas las clases sociales, por todo tipo de familia y por todos aquellos que han padecido duras pruebas en la vida: los sin techo, los empobrecidos y olvidados.
El mayor deseo de los habitantes de East Harlem era recibir la bendición del Papa, y presentarle sus preocupaciones, sus problemas de salud, de trabajo, el deseo de ser aceptados por los servicios de inmigración, para un día poder llegar a ser ciudadanos legales. 
Susanne Lachapelle, HA
 
Reflexiones personales
 
“Yo estaba en la Catedral de Nueva York la primera noche en que el Papa habló a una asamblea rebosante de laicos, de religiosos, sacerdotes, políticos, gente de todas las capas sociales. Estuve también en la calle donde la muchedumbre le acogía calurosamente, con entusiasmo, con excitación en Nueva York igual como en East Harlem. Era fantástico ver la multitud y la diversidad de americanos que llenaban las calles; el Papa Francisco entró en contacto con cada uno de ellos, llegó hasta los corazones y los espíritus. Pronunció, con palabras y gestos, un mensaje de amor, de compasión, de justicia. El encarnó el rostro renovado de la Iglesia, para numerosas personas que habían estado descorazonadas y que se sentían alejadas de la Iglesia institucional. Fuimos en gran manera mimadas de tenerle entre nosotros y de oírle decir con énfasis que los Estados Unidos era una nación de inmigrantes. Yo me acordé con gratitud de nuestras Hermanas de Argentina que se habían ocupado de su familia y de él en su nacimiento”.
Margaret Leonard, HA
 
“Damos gracias a Dios y a las Hermanitas por habernos dado esta suerte increíble de ver al Papa Francisco de tan cerca durante la misa en Madison Square Garden. Lo que sentimos es indescriptible. Verle llegar y sonreír, escuchar sus mensajes y sus enseñanzas sobre el amor y la fraternidad, nos dio la esperanza de que podemos hacer algo de bien para nuestro mundo. Nuestra Señora de Guadalupe estaba a su lado sobre el altar; para nosotros, es la confirmación de que el Papa está con nuestro pueblo, con los empobrecidos y los menos afortunados. ¡No hay palabras para describir esta experiencia!”
Norma Flores y su mamá de 80 años, Emilia Sánchez, que venía de México para visitar a su hija
 
Las madres del grupo de Padres, en el Centro, compartieron las reflexiones siguientes sobre la visita del Papa: “Es un hombre lleno de esperanza, y nos la comunica. Yo estaba profundamente emocionada, mucho más allá de lo que puedo expresar. Él representa a Dios y ha venido para dar cumplimiento a la obra de Dios. Nos recuerda que Dios está presente en cada instante de nuestra vida. Experimenté un gran gozo. El Papa dice la palabra de Dios de forma libre y coherente. Es muy importante para nosotros, que somos inmigrantes, y para las familias; nos ha hablado de inmigración con respeto y con amor. Lo que él decía era tan profundo que le hacía estar muy cerca de nosotros. Nos ha hablado de la profundidad de la fe, y la ha reconocido en nosotros. Su venida ha sido una bendición. Yo sentí una gran paz y una gran serenidad”.
 
 
Algunos extractos de sus discursos a lo largo de su itinerario
 
El 23 de septiembre - encuentro con los Obispos de los Estados Unidos en San Mateo Apóstol, Washington DC
“No son pocas las tentaciones de encerrarse en el recinto de los temores, a lamerse las propias heridas, llorando por un tiempo que no volverá y preparando respuestas duras a las resistencias ya de por sí ásperas. Y, sin embargo, somos artífices de la cultura del encuentro. El diálogo es nuestro método, no por astuta estrategia sino por fidelidad a Aquel que nunca se cansa de pasar una y otra vez por las plazas de los hombres hasta la undécima hora para proponer su amorosa invitación (cf. Mt 20,1-16).”
 
24 de septiembre - Sesión conjunta del Congreso
“Nuestro mundo está afrontando una crisis de refugiados sin precedentes desde los tiempos de la II Guerra Mundial. Lo que representa grandes desafíos y decisiones difíciles de tomar. A lo que se suma, en este continente, las miles de personas que se ven obligadas a viajar hacia el Norte en búsqueda de una vida mejor para sí y para sus seres queridos, en un anhelo de vida con mayores oportunidades. ¿Acaso no es lo que nosotros queremos para nuestros hijos? No debemos dejarnos intimidar por los números, más bien mirar a las personas, sus rostros, escuchar sus historias mientras luchamos por asegurarles nuestra mejor respuesta a su situación. Una respuesta que siempre será humana, justa y fraterna. Cuidémonos de una tentación contemporánea: descartar todo lo que moleste. Recordemos la regla de oro: «Hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes» (Mt 7,12).”
 
24 de septiembre – Vísperas – St Patrick’s Cathedral, Nueva York
A las religiosas: “¿Qué sería de la Iglesia sin ustedes? Mujeres fuertes, luchadoras; con ese espíritu de coraje que las pone en la primera línea del anuncio del Evangelio. A ustedes, religiosas, hermanas y madres de este pueblo, quiero decirles «gracias», un «gracias» muy grande… y decirles también que las quiero mucho.”
 
25 de septiembre - Ground Zero (Zona Cero), Nueva York
Ante uno de los últimos vestigios del Word Trade Center, y después de haber orado con los representantes de la confesión hindú, budista, sikh, judía, cristiana y musulmana, el Papa Francisco dijo que esperaba que su presencia, unidos, ante este lugar de destrucción, fuera un signo de que la paz es posible. Nombró, con emoción, a las familias de las víctimas del 11 de septiembre del 2001 y las animó a rendir homenaje a los que murieron convirtiéndose en instrumentos de paz y de reconciliación.
 
25 de septiembre - Asamblea general de la ONU
“La casa común de todos los hombres debe continuar levantándose sobre una recta comprensión de la fraternidad universal y sobre el respeto de la sacralidad de cada vida humana, de cada hombre y cada mujer; de los pobres, de los ancianos, de los niños, de los enfermos, de los no nacidos, de los desocupados, de los abandonados, de los que se juzgan descartables porque no se los considera más que números de una u otra estadística.”
Dando la bienvenida al Papa, el Secretario de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, le decía: “Vuestra Santidad, sea bienvenido a esta tribuna del mundo. Estamos aquí para escucharle”.
 
25 de septiembre – Escuela en East Harlem
“Bien cerquita de aquí hay una calle muy importante con el nombre de una persona que hizo mucho bien por los demás, y quiero recordarla con ustedes. Me refiero al Pastor Martin Luther King. Un día dijo: «Tengo un sueño». Y él soñó que muchos niños, muchas personas tuvieran igualdad de oportunidades. Él soñó que muchos niños como ustedes tuvieran acceso a la educación. Él soñó que muchos hombres y mujeres, como ustedes, pudieran llevar la frente bien alta, con la dignidad de quien puede ganarse la vida. Es hermoso tener sueños y es hermoso poder luchar por los sueños. No se lo olviden.”
 
25 de septiembre – Madison Square Garden
“Saber que Jesús sigue caminando en nuestras calles, mezclándose vitalmente con su pueblo, implicándose e implicando a las personas en una única historia de salvación, nos llena de esperanza”
 
27 de septiembre – visita a los detenidos de la prisión Curran-Fromhold, Filadelfia
“Miremos a Jesús que nos lava los pies, Él es el «camino, la verdad y la vida», que viene a sacarnos de la mentira de creer que nadie puede cambiar. Jesús que nos ayuda a caminar por senderos de vida y plenitud. Que la fuerza de su amor y de su Resurrección sea siempre camino de vida nueva.”
 
En conclusión, la visita del Papa Francisco continúa siendo un tiempo de gracia para el país y para cada uno de nosotros. Su actitud llena de mansedumbre, de compasión, al mismo tiempo que nos invita a reflexionar, nos reenvía a nuestro comportamiento de unos con otros. Es una manera de ver la vida que nos desarma, nos llena de amor: Es a lo que aspiramos. Recordemos al Papa Francisco en nuestras oraciones, con las esperanzas personales de las familias con las que caminamos.
 
 
Misa en Madison Square Garden
Norma y su madre Emilia – Avelina – Maryalice - Annette
12/01/2016
Enregistrer au format PDF Imprimer l'article Enviar la referencia de este documento por email enviar por email
> Tous les articles remonter Remonter