Vietnam - Un viaje inolvidable

Hace tres años, algunos padres vinieron a inscribir a su hijo discapacitado en nuestra escuela maternal: esta no podía responder a su petición, al no disponer de locales adecuados ni personas especializa-das para la enseñanza a niños diferentes. Los padres, demasiado alejados de centros especializados, insistían en su petición; por ello solicitamos a la parroquia poder disponer de una sala para acoger a los niños dos horas cada tarde, salvo sábados y domingos. Especificamos a los padres que esto era simplemente una guardería ya que ninguna de nosotras estaba formada para hacer otra cosa. Así nació “la clase del amor”.

Al principio eran tres niños, ahora ya son ocho. La tarea es compleja. Nos organizamos mejor y nos hacemos aconsejar por personas educadoras especializadas.
 
En comunidad, el año pasado, proyectamos vacaciones para este grupo y los miembros de su familia. Nos acogieron en un monasterio de padres franciscanos donde pudimos disfrutar de algo de independencia. Está situado al sur de Vietnam en el delta de Mékong. Las jóvenes del hogar de Di An, que durante el año animaban la tarde, habían preparado varias actividades para cada día. Fueron ayudadas por dos jóvenes del hogar de Thu Duc, que estudian educación especial. Tres hermanas de la comunidad acompañaron estos días de vacación.
Resultó un cambio de aires que nos hizo felices a todos; ¡incluso los que pensaron que se marearían en el viaje no se marearon!
 
La salida se hizo desde la parroquia de Đông Hòa a las 9 de la mañana el 27 de julio del 2013, nuestro grupo estaba formado por 18 personas: tres hermanas, dos maestras responsables de la clase del amor, familiares de los alumnos y jóvenes de las Hermanitas. El autocar, de 30 plazas, nos llevó hasta el transbordador de Mỹ Luông (An Giang), ya era la tarde bien avanzada cuando llegamos. En el transbordador, un aire cargado del olor del río Tiền Giang nos refresca, nos libra del calor asfixiante del mediodía y borra toda nuestra fatiga acumulada por el largo viaje.
 
En poco tiempo el transbordador nos transporta a Cù Lao Giêng, tapizado de verde, rodeado de agua. Después de la travesía, el autocar continúa su camino, al fin coge una revuelta y franqueamos la entrada de la verja de los franciscanos.
Ante nuestros ojos una antigua iglesia majestuosa emergiendo en medio de una bóveda de follaje que parece protegerla, como llegando de una tierra prometida pacífica, lejos de la vida atropellada de este mundo.
 
Aún no habíamos bajado del autocar cuando ya vemos al Padre responsable que venía a recogernos con una sonrisa afectuosa. Nos conduce a una sala de acogida, nos ofrece frutos del jardín, habla calurosamente con cada uno y pregunta nuestros nombres y edades. Después nos guían a nuestras habitaciones. El interior es sencillo pero confortable, oreado y limpio. Ante la ventana bien abierta se puede ver el recinto.
 
En medio de la sombra refrescante de árboles milenarios, destaca el campanario de la Iglesia construida durante la colonización francesa. De buena mañana y al atardecer, olas de sonidos, que resuenan en nuestro interior, despiertan a la consciencia del Hombre y orientan hacia El Todopoderoso.
 
A la izquierda de la Iglesia están los lugares habitados por los padres y hermanos, que han sido construidos por etapas. Todo transpira un aspecto modesto, respetuoso y sencillo. Delante y a derecha de la Iglesia están los árboles centenarios con su follaje lujuriante, lugar compartido con avenidas floridas magníficas y bien cuidadas. Siguiendo adelante se encuentra una plantación de papayas que bordea la avenida que conduce hacia el exterior del recinto y va a dar a los arrozales. Al otro lado de la avenida hay toda una masa de lotos, verde salpicado de flores rojas ligeramente perfumadas y de estanques de aspecto natural con peces bulliciosos en el agua amarillenta que recuerdan el paisaje campestre y tranquilo de antaño.
 
La jornada empieza a las 5 de la mañana. Al son de la campana de la Iglesia, todo el mundo se despierta, se asea rápidamente y vamos a la Eucaristía. Después de la misa, las dos hermanas, Hna. Colette y Hna. Điệp, preparan el desayuno con ayuda de las jóvenes. Unos diez minutos después del desayuno, todo el grupo empieza las actividades con ayuda de la profesora Hồng Phúc.
Estas actividades son diversas, con contenidos consecuentes con la finalidad de dar a los niños discapacitados o con retraso de desarrollo intelectual, la ocasión de mezclarse con los demás niños. Todo el grupo se divide en 4 subgrupos, con nombres rimbombantes pero bonitos: pájaro azul, ruiseñor, ciervo amarillo. Cada subgrupo tiene variedad de miembros: personas mayores, juventud, fuertes o débiles, participan en los juegos con premios. 
 
Algunos días, hay actividades al aire libre: jugamos con pelota, lanzarla y recogerla. Además, atar a dos personas por los tobillos y que intenten caminar lo más rápido posible... Hay también concursos de dibujos; cortar y pegar papel, haciendo un collage. Dos veces fué cuestión de cantar y danzar todo el mundo. Era a la vez sorprendente y emocionante ver participar a los jóvenes de la clase del amor. El alumno Pham Ngoc Quynh tiene ya 30 años pero es como un niño de 5 años, torpemente pone color a los dibujos con suma atención, pega las imágenes o hace movimientos en los cantos gestuales... El alumno Khôi, 8 años, frágil, con apariencia de 4 años, tiene un hermoso rostro como esculpido, su pálida piel hace resaltar sus labios muy rojos, su mirada alzada y timida emociona a la gente. Khôi compite para colorear, para pegar papeles y sin cesar su boquita repite "a..." "a..." como si tuviera algo que decir. Al final de los concursos, siempre se pone nota, una evaluación y entrega de premios. Los premios son simbólicos pero los alumnos están muy contentos.
 
Este viaje coincidió en el momento del aniversario de la muerte de los dos mártires de Cù Lao Giêng. La iglesia parroquial organizó una fiesta con la presencia del Obispo que dio su bendición. A lo largo del camino hacia la Iglesia, banderines y banderolas cubrían el cielo. La muchedumbre es tanta que va llenando la plaza de la iglesia y permanece allí de pie para asistir a misa. Todos admiran y están orgullosos de la hazaña de los dos mártires que aceptaron de manera apacible e insumisa la muerte para Gloria de Dios.
 
Por otra parte, al grupo se le permite visitar la residencia de las Hermanas de la Providencia de Portieux que está al lado de los Padres Franciscanos. Los edificios construidos durante la colonización, ya deteriorados, se entre-cruzan con nuevas obras de renovación y evocan sentimientos dolorosos de la historia. Por otra parte, aquí las hierbas y las flores esplendidas de todo género y de todo color han sido cuidadas meticulosamente y son semejantes a un soplo de aire fresco y de juventud pasando sobre los muros tristes en los que se aferra el musgo. Hay también un estanque de arquitectura moderna donde pululan los peces. Verdaderamente es una fuente de alimento fresco para la cena de las hermanas. Más allá de la casa hay un jardín inmenso con árboles frutales verdes y frondosos: “cócs”, mangos, “quâts” y sobre todo plátanos. Un pequeño camino serpenteante, en medio de los árboles, conduce al cementerio reservado a las hermanas cuando vayan al Reino de Dios. Estaba lleno de pequeñas tumbas blanquecinas unas junto a otras, alineadas, pertenecientes a personas de distintas nacionalidades. Un bosque de cruces blancas emerge en el espacio, brillando al sol de media tarde, como recordando a la gente volverse hacia la vida eterna del Reino.
 
También nos permitieron visitar el pabellón reservado a hermanas mayores. Hay hermanas que caminan con dificultad, otras están en sillas de ruedas o en la cama pero todas con un aire pacífico, cercanas y optimistas.
 
El viaje llega a su fin y volvemos a nuestra casa la noche del 1º de septiembre. Todo el mundo está encantado, sobre todo los alumnos de la clase de amor. Se podría decir que jamás estos niños desventurados han tenido ocasión de viajar, para vivir así en un entorno lleno de nueva alegría. Esto les permite dar los primeros pasos en la adaptación a los demás, es como un rayo de sol que brilla sobre el destino de los desafortunados.
Para que este viaje logre su objetivo, hay que contar con el pensamiento de las dos hermanas: Hna. Colette y Hna. Điệp. Ellas son las personas del grupo que más han trabajado: han ido al mercado aunque lloviera, se han arremangado para cocinar tres veces al día, para procurar comidas bien preparadas y convenientes para todo el mundo. ¡De verdad que son hermanas sacrificadas!
 
Por otra parte, hay que hablar de la maestra Hồng Phúc que quiere de todo corazón a los niños, que sabe educarlos y tiene talento para la organización y animación con juegos interesantes y educativos. Así ha sido durante toda la estancia en Cù Lao Giêng.
 
Si los niños discapacitados de esta Clase de amor pudieran expresar su pensamiento, sus sentimientos, seguramente hablarían de su profundo agradecimiento hacia las hermanas, las maestras y hacia todos aquellos y aquellas que han ayudado para que este viaje haya sido maravilloso. Un viaje inolvidable: Cù Lao Giéng.
Đông Hòa, septiembre del 2013  
H. T. (mamá de Quynh)
26/06/2014
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