UN NUEVO PENTECOSTÉS, Miriam Therese Winter

“...Haznos sentir…toda la fuerza de Tu poder…impúlsanos a decir…lo que hemos visto...experimentado…”¡Qué lazos tan auténticos nuestros Lazos! (Lazos con Colombia y Nueva York) viajando a Cali este año durante la vigilia de Pentecostés! Cuatro de nosotras Lazitas tuvieron el maravilloso privilegio de vivir 10 días en los proyectos de nuestras hermanas: Centro Solidaridad La Esperanza (CESOLES) y Puntadas de Mujer Antonieta Fage (PUMAF) (¡y Taller de Solidaridad de Medellín camino hacia Alicia Jaramillo!). Contemplamos y experimentamos tantas cosas con las Hermanitas y la “familia” del equipo animador y l@s participantes, a quienes vinimos a conocer y amar, que solo es posible balbucear los tesoros que guardamos en nuestros corazones. Pero un acontecimiento puede servir para demostrar “el fuego…encendiendo la chispa” que pasa entre nosotr@s.
 
EL Lunes, 21 de Mayo de 2012, por primera vez, PUMAF y CESOLES se juntaron para compartir el tiempo de retiro y renovación en un Centro encantador, “Inti-Raimi”(Sol y Luna) en los alrededores de Cali. ¡Un sueño se había realizado! El día fue soleado y hermoso, la piscina centelleaba, el lugar del jardín donde nos reunimos estaba cómodamente decorado. ¡El lugar se prestaba para experimentar “un inclusivo…e inabarcable amor” y así fue! Las Hermanas y mujeres de PUMAF y Lazos, estaban esperando cuando llegó el bus con la gente de CESOLES. Los abrazos, la gratitud y la solidaridad que reinaba entre la multitud, fue palpable. La música comenzó inmediatamente y danzamos nuestra bienvenida y la alegría todas juntas. Con las mujeres de CESOLES en el círculo central y las mujeres de PUMAF en el círculo exterior, nos saludamos unas a otras, aprendiendo más y más unas de otras a cada interrupción musical. 
Después tuvo lugar la introducción de nuestro tema, “Mujeres Artesanas de la vida” (un poema musical de Ana Mercedes Pereira). Primero, el grupo fue invitado a buscar recortes de carta escondidos en rincones de la habitación y en el jardín. Una vez hallados, se pusieron en la pared según los números escritos detrás de los papeles. La frase decía: “Mujeres Artesanas de la vida”. Mientras cantábamos, “Somos amigas compañeras, Todas en solidaridad, artesanas de la vida, Tejiendo nuestros sueños y algo más….” Las voces se mezclaron en una cascada de mujeres jóvenes y mayores, experimentando juntas una fuerte red de creatividad y energía femenina. ¡Eran magníficas! 
 
Nuestro grupo Lazos hizo una breve presentación de dos pequeños murales tejidos a mano, uno para cada proyecto, para conmemorar el día. Después dimos a cada mujer un pequeño paraguas y una lámina de pegatinas. El paraguas, según su objetivo original de proteger de la lluvia, simbolizaba cómo Dios era su mayor protección y cómo comparten esta protección con cada una. La lámina de pegatinas fue para subrayar cuán importante es “marcarse juntas” al viajar como comunidad, plenamente conscientes de sus dones de fe, amistad y creatividad. Su gratitud por estas cosas tan pequeñitas nos maravilló.
 
¡Después iniciamos una oración corporal en la piscina! Nos quitamos lo necesario, como es normal y lo dejamos enrollado allí, y nos invitaron a entrar en el agua –juntas- formando un círculo. Amparo nos condujo hacia una profunda experiencia de bendición del agua y la compasión de las mujeres. Permanecimos en el agua, agua limpiadora, con los ojos cerrados, sintiendo el calor y la nutrición del sol, “cantando” nuestra gratitud por todos los elementos sagrados que nos sostienen y juntando las manos con alegría y agradecimiento.
 
¡Luego llegó Jesús!
¡Allí estaba, sentado tranquilamente junto al pozo de Samaria!
La mujer Samaritana caminaba, llevando una jarra de agua en sus hombros... 
Lo que siguió fue una hermosa inmersión en esta intensa historia Evangélica. Después de reconstruir la historia, todas nos transformamos en mujeres Samaritanas y nos preguntamos muchas cosas:
—¿qué “palabra” me dice Jesús sobre mí misma?
—¿cuáles son las barreras que nos impiden ser “artistas de vida”?
—¿a qué se parece nuestra alegría de vivir?
—¿qué clase de agua puedo ofrecer a Jesús?
—¿cómo vivimos en “espíritu y en verdad”, no en los templos sino en nuestra vida ordinaria?
Este proceso meditativo nos condujo a mirar dentro del pozo. Allí, contemplamos nuestra reflexión como en un espejo… experimentando el amor, la compañía y la libertad de Jesús... Concluimos recibiendo la luz de Jesús (encendiendo nuestras velas en la Suya) para ver nuestra belleza y llamada como mujeres. Con las velas en la mano, danzamos nuestra acogida de la luz de Dios y nuestro futuro mientras orábamos las palabras de María en el Magníficat.
 
Por la tarde compartimos la comida, las risas, los juegos y tratamos de conocernos mutuamente con más profundidad. Esta hermosa experiencia, que unió las energías creadoras de estos dos grupos de Hermanitas, nos halló “a todas abrazadas con un amor inabarcable y con la suerte de comenzar de nuevo.”
 
¡Alabemos a Dios y démosle gracias!