Un buen remedio : la educación de las mujeres

En el barrio pobre de East Harlem en Nueva York, donde viven numerosas familias inmigradas, la agencia de las Hermanitas de la Asunción, brinda cuidados de enfermería desde los años sesenta. Últimamente concentra sus esfuerzos en la educación de las madres, como un medio eficaz de levantar a esas familias y sacarlas del aislamiento.

La Hermana Patricia Hayes, visitaba en Julio pasado una familia recién llegada de Méjico. María, la madre, de 22 años de edad le cuenta que siguió a su compañero con la esperanza de “una vida mejor”. En Méjico, en el campo donde creció María, la falta de trabajo no le ofrecía ningún porvenir.
 
Aquí en Nueva York, a pesar de condiciones de vida muy malas- la familia vive en una pieza de 16 m₂ y vive con los 800 dólares (600 euros) que gana su padre-, espera encontrar trabajo como empleada doméstica. Su hijo nacido en territorio americano podrá beneficiar de una educación.
 
La agencia de las Hermanitas de la Asunción, donde trabajan hoy un centenar de personas, ayuda a las madres como María a tener un futuro diferente.”Damos a las familias los medios de progresar” explica S. Susanne Lachapelle, una de las fuerzas vivas de la agencia desde los años setenta, porque “consideramos que todo el mundo tiene potencial, pero no necesariamente los medios para revelarlo.”
 
Entregar un saber elemental
 
Esta misión que en inglés se traduce con el concepto de “empowerment” (empoderamiento) consiste en ofrecer a las madres, a menudo desocupadas cuando el marido trabaja, una educación básica. La agencia, gracias al apoyo de sus benefactores, ha lanzado sus primeras clases en 2003, siguiendo la propuesta de una madre del barrio. “Me di cuenta que ciertas madres se negaban a participar de la educación de sus hijos porque tenían vergüenza de su propio nivel escolar”. Cuenta Lupita de 51 años, mujercita muy enérgica.
 
¿Cómo puede una madre participar de la educación de su hijo cuando ella misma se quedó en la escuela primaria? Algunas familias que no saben leer ni escribir, son incapaces de descifrar las señales de tráfico. A menudo no hablan castellano, sino un dialecto mejicano. Un artículo en un diario de Nueva York, revelaba recientemente que los alumnos de origen hispánico eran los que estaban menos preparados para entrar a la universidad y con mayor tendencia a abandonar sus estudios.
 
La agencia propone clases en español y en inglés, desde el nivel primario hasta el nivel de liceo . El año lectivo pasado, alrededor de 40 madres de 19 a 56 años se inscribieron. Yolanda de 34 años y madre de dos hijos, acaba de completar el GED, un examen que autoriza la entrada a las universidades americanas. “Mis hijos están asombrados de mis progresos” afirma. “Me dicen: ¡Si tu puedes, también nosotros podemos!”
 
Desde 2004, un acuerdo con el gobierno mejicano provee a la agencia de fotocopias de los manuales escolares y otros suministros. Sobre todo, le da a las participantes del programa que aprueban los exámenes, un certificado oficial que atestigua los conocimientos adquiridos. “Nuestras madres se sienten orgullosas de recibir ese diploma. Es para ellas mucho más que un trozo de papel” agrega Lupita con alegría.
 
Recrear una comunidad
 
Ir a la agencia, un edificio moderno y acogedor con su jardín de infantes, saca a esas madres de su aislamiento. Se encuentran y comparten sus experiencias. Yolanda cuyo marido trabaja todo el día, recuerda bien en sus comienzos en Nueva York, no tener nada más que hacer que ir al parque con us hijos. “Me arrastraba allí hasta la noche para no tener que volver a casa” confiesa.
En Méjico, esas familias, viven en casas abiertas, donde se reúnen. Para Dorothy Calvani, una de las directoras de la Agencia, tienen sin duda un sentido comunitario que los “gringos” como llaman a los blancos, no tienen. “Construimos con ellos un ambiente comunitario, dice la directora y nos enseñan cómo hacerlo.”
 
Yolanda que ayudó en la agencia como voluntaria durante 12 años, fue contratada en enero pasado. Un alivo, reconoce con lágrimas en los ojos. Ella y su marido, pagan 6000 dólares ( 4500 euros) por año para que sus hijos puedan ir a la escuela en un establecimiento católico. S. Patricia Hayes espera que María, recién llegada, llegue a hacer parte de esa comunidad y descubra las posibilidades de evolución que ofrece la agencia. Le propuso ser traductora de mixteco, un dialecto mejicano, que muchos hablan en el barrio. Un trabajo remunerado 10 dólares por hora, cuando el salario mínimo obligatorio del Estado de Nueva York es de 7,25 dólares (5,46 euros). Las Hermanitas contribuyen así a detener los problemas que existen en ese barrio desfavorecido, como la falta de escolarización y su corolario, la violencia. Su acción mostró ser un éxito. “Podríamos llenar una escuela entera si tuviéramos los medios, tantas ganas de aprender tienen estas madres ¡” subraya S. Susanne, con entusiasmo.
 
Ofrecerse como voluntario/a!
La agencia acoge durante todo el año voluntarios/as del mundo entero.
Postularse on line : http://www.littlesistersfamily.org&...;
 
Indicadores :
La diferencia en el barrio:
Plataforma única en su estilo, la agencia anima 6 programas: cuidados de enfermería, consejo jurídico e higiene y una ayuda a la pequeña infancia.
70 personas y un “ejército” de 30 a 40 voluntarios/as realizan más de 5000 visitas por año a las familias.
En 2004, con el desarrollo del programa de “Educación”, la agencia se agrandó y se mudó en un nuevo espacio especialmente adaptado a su misión, en el corazón de East Harlem
 
Anne-Laure Languille
13/05/2011
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