Túnez: Hammam-Lif, Servidores de la Esperanza: Túnez 2015

Así está titulada la nueva pastoral de la conferencia de obispos del norte de África (CERNA) agrupando a cinco países: Mauritania, Marruecos, Argelia, Túnez y Libia. Todo un programa, que, después de su carta de 1979, “El sentido de nuestros encuentros” viene a ajustar el lugar de la comunidad cristiana en esos pueblos donde la fisonomía ha cambiado profundamente en varios años; no solamente por razón de la gran diversidad de sus miembros, sino sobre todo en razón de la evolución de los países en los que somos huéspedes y particularmente en el corazón de estos últimos años.

Hay un antes y un después del 2011, año que vio caer los regímenes de Túnez y de Libia. Para Túnez, donde nosotras residimos, fue el inicio de un camino laborioso hacia una “democracia desordenada” como lo escribía un periodista del diario nacional “La Presse” en este 3 de agosto del 2015. Es esencialmente la sociedad civil la que ha cambiado y cambia y de lo que somos testigos sin ser directamente actores de los acontecimientos.
He aquí lo que una joven mujer tunecina (Amina) escribía a este propósito:
“Yo participé en la última reunión de intelectuales tunecinos contra el terrorismo. Preparamos el congreso que tendrá lugar el 12 de agosto. Es una excelente iniciativa, y yo me siento optimista ya que muchas asociaciones se han constituido para movilizarse contra la ignorancia y para luchar contra el desierto cultural de las regiones olvidadas. Se ganará, estoy segura, tomará tiempo, pero muchas cosas positivas se actualizarán, y en lo más hondo del oscurantismo, hay fuerzas de luz que se refuerzan, existen esos hombres y esas mujeres de paz y de progreso que actúan con fe y que creen en su fuerza de vida más fuerte que esta cultura de muerte. La crisis que atravesamos, se la puede ver también como una oportunidad de reconstruir una sociedad más justa, más consciente, más solidaria, y que nos está pidiendo más implicación individual”.
 
“Servidores de la Esperanza”, intentamos serlo, cristianos de todo tipo, en cualquiera de nuestras inserciones, nuestras edades, nuestras cualificaciones y más allá aún, porque somos testigos de la resonancia producida por esta larga camaradería con los hombres y mujeres de estos pueblos. Escuchemos el homenaje rendido por una joven tunecina, Besma, el 8 de junio último, en el funeral de una europea (Y.L.B.) que fue, durante más de 40 años, responsable de una biblioteca, con total discreción y disponibilidad.
 
“Y.L.B. es la respuesta a la cuestión siguiente: ‘¿Cómo amar a Dios sirviendo a sus criaturas?’. ¿Cómo amar a Dios en el silencio del trabajo obstinado, asiduo, profundo y realizado humildemente y en total humildad?
Su entrega al servicio de los lectores y de los buscadores del saber era incondicional ya que cuando se ama uno se da por entero.
Y.L.B. entregó toda su vida y jamás pidió algo para ella; pero para nosotros buscadores del saber, ella hizo mendicidad. ¡Si! No hay más que leer las mejores cartas que envió a editores de los cuatro rincones del mundo para pedir donación de libros. No se puede calcular el número de puertas de editores a las que llamó durante sus vacaciones postulando libros para nosotros, los tunecinos.
 
Y.L.B. es el ejemplo de la tolerancia y de la amistad. Ella vivió al servicio de los demás que no son ni de su religión, ni de su familia, ni de su patria. Me he preguntado a menudo cómo poder pasar 43 años de su vida dándose en el trabajo al C.E.C. con la misma fuerza y la misma perseverancia; a pesar del cuerpo que desfallece, las diversas ingratitudes, los fondos que se agotan y las dificultades que se soportan. Su amor incondicional hacia todos nosotros, nosotros los diferentes de ella, los a veces ingratos, los anteriores incordiantes… no era más que la reflexión de otro amor discreto pero fundamental y eterno.
 
 
Y ahí está la lección vital que yo he aprendido de Y.L.B. No hay necesidad de pronunciar el nombre de Dios, ni defenderle, ni hablar de El para servirle. Amar a los seres humanos, poco importa quienes sean, poco importa si ellos se acuerdan de lo que se ha hecho para ellos, o bien que lo olviden y hacerlo todo para procurarles el saber y, yo, creo en el camino que ella ha escogido en su amor a Dios”.
Con estos dos testimonios, quisiéramos haceros percibir toda la esperanza que nos habita, a nosotras que tenemos la felicidad de compartir las primicias de esta “tierra nueva” que se perfila en este país en el corazón de aquellos y aquellas, en Iglesia, que deseamos convertirnos en verdad en “Servidoras de Esperanza”; esto a despecho de todas las sombras y turbulencias que sacuden el país desde hace varios meses.
 
Como concluye Amina,
 
“Pues en efecto, uniendo nuestros esfuerzos en la fe y en la certeza de un futuro mejor construiremos juntos el Túnez, que tanto amamos, el país de la tolerancia, de la alegría de vivir y de la esperanza.
Más que nunca os necesitamos entre nosotros, hermanos y hermanas cristianas, para que se viva la apertura al otro, vivirlo y pedirlo rezando juntos.”
 
La comunidad de Hammam-Lif
 
12/11/2015
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