Tú me sedujiste, Yahvé, y yo me dejé seducir (Jr 20,7)

¡Cómo es bueno haber sido seducida por el Señor! Aunque, a ejemplo del profeta, me haya costado tanto aceptar su llamado. Hoy, pasado 50 años, solo puedo agradecer, soy muy feliz por hacer CAMINO con el Señor en esta Congregación que tanto amo.

Soy Ernestina Costa, la tercera de nueve hermanos, de una familia pobre. Nuestras tierras fueran robadas y tuvimos que venir para la periferia de una pequeña ciudad del estado de São Paulo. Mi madre de raza blanca y mi padre negro: realidad difícil para los familiares de mi madre; mis padres, sin embargo, eran muy felices. La ciudad era de blancos y el racismo muy fuerte, en la escuela ni siempre fue fácil, aunque éramos los mejores alumnos.

Cuando sentí el llamado, sin saber para dónde ir, Dios en su infinita misericordia vino en mi socorro, llamando otra joven que entró en la congregación de las Hermanitas de la Asunción y a través de ella, las hermanitas me fueron buscar. Nunca me canso de agradecer este hecho, pues era la Congregación de mis sueños, mismo sin jamás haber conocido una monja.
Entré en la congregación en febrero de 1960 y tenía ganas de que se terminara luego la formación para irme a la misión. Sí, allí he visto “miserias que ni de nombre conocía”. Era muy grande la pobreza, era muy triste ver los barracos de las favelas muy desarreglados, hechos con lata, cartón, placas publicitarias o cualquier otra cosa que les abrigase un poco en áreas muy húmedas y sin tratamiento del desagüe. 
“Señor, que tu Reino de Justicia venga pronto!” Aprendí a luchar en favor de los empobrecidos y con ellos hacer caminos de liberación. Durante todos estos años, aunque asumiendo varios servicios en la formación y gobierno de la congregación, nunca me alejé de los lugares difíciles, sobre todo después cuando fuimos todas para las pequeñas comunidades. Nos pusimos todavía más cerca de las familias, pudiendo conocerlas mejor y con ellas formar comunidades. Encontrar para rezar, estudiar la Biblia, y también para luchar por mejorías en el barrio.
 
 
Debido a lo que recibí en la formación, siempre tuve una gran sensibilidad a los enfermos. En todas las comunidades donde he vivido he estado cuidando de enfermos en situaciones muy delicadas. Pero también vi comunidades nacieren y crecieren en el compartir de la Palabra. Ahora, retornando a los diversos lugares a donde viví para celebrar los cincuenta años de Vida Religiosa, ha sido muy gratificante reencontrar comunidades vivas y agradecidas al Pe. Pernet y a María de Jesús por haber “creado” una Congregación que se pone tan cerca de ellos, que camina junto en la construcción del Reino. Yo solo puedo, como María, glorificar este Dios tan maravilloso que en Jesús nos muestra un rostro de bondad, misericordia, y con su proyecto, nos lanza más allá de nosotras mismas.
 
Ernestina
Caruaru- Brasil, septiembre del 2013
 

 

18/09/2013
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