TESTIMONIO Padre Gonzalo Amaya, S.J. Bogotá : mi encuentro con las Hermanitas

veo en las Hermanitas una vocación de acogida de tal manera que uno siempre se siente bienvenido y aceptado, su trato siempre lo he visto amable, bondadoso e interesado por la suerte de los que llegamos a sus casas. Se nota que el espíritu que anima su apostolado ilumina todas sus actividades y relaciones

Tuve la fortuna de conocer a las Hermanitas de la Asunción por los años 70 cuando, en la Parroquia de San Javier, vivíamos una época de gran entusiasmo pastoral, cuando impulsados por el Concilio Vaticano nos fuimos asomando al mundo nuestro, el de los pobres, el de la marginación y el dolor de ser explotados. Vivíamos iluminados por las Conferencias Episcopales de Medellín y Puebla y nos alentaba el impulso hacia un cambio social que nos imaginábamos estaba cercano.

Las Hermanitas participaban en las reuniones de la Parroquia y siempre percibí en ellas su carisma de amor a los pobres, de compromiso generoso y un gran deseo de compartir con ellos su suerte y sus dificultades. Las visité muchas veces en sus casas del Barrio Atenas, del Barrio Florencia, en el noroccidente de Bogotá, y me di cuenta de que realmente su cercanía a las familias necesitadas era sincera y comprometida.
 
Por otra parte me he dado cuenta de que su espiritualidad, la del Padre Pernet, es profundamente centrada en JESÚS, el pobre y humilde, el de Nazaret, el que tomó muy en serio la encarnación. Las veo orantes, atentas a la escucha de la Palabra, preocupadas por la formación espiritual y humana. Esta espiritualidad tiene un aire de familia que no acabo de definir, pero que se deja sentir en sus eucaristías, retiros espirituales, cantos, documentos.
 
Las encontré participando en los simposios que organizó el CIRE, conferencias y encuentros con grupos afines a esta mirada sobre al país y el mundo. Ese sentido de solidaridad con los pobres las lleva a participar en jornadas, encuentros, manifestaciones que hablan de un compromiso muy serio y generoso con las clases populares en sus reivindicaciones y reclamos y, en vida de inserción, veo que alrededor de sus casas, va apareciendo una red de grupos juveniles, de familias y de grupos parroquiales que van sembrando semillas del Reino en los sitios más periféricos de la ciudad...
 
Una de las actividades que más me ha llamado la atención, en la labor de las Hermanitas, es la preocupación por el desarrollo integral de las familias, en la conformación de comunidades de trabajo que respondan no solamente a las necesidad de sostenerse económicamente sino de ir creando en los miembros de esos grupos un sentido comunitario de cooperación que viene siendo una alternativa a esta sociedad capitalista y explotadora, ante al problema de desempleo y la pobreza de nuestras gentes. Es una verdadera transformación cultural.
 
Por último, veo en las Hermanitas una vocación de acogida de tal manera que uno siempre se siente bienvenido y aceptado, su trato siempre lo he visto amable, bondadoso e interesado por la suerte de los que llegamos a sus casas. Se nota que el espíritu que anima su apostolado ilumina todas sus actividades y relaciones.
 
Padre Gonzalo Amaya, S.J.
Bogotá, Febrero 2015
17/04/2015
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