TESTIMONIO - P. Alberto Camargo Cortés, Sacerdote Diocesano de Engativá, Colombia

Con las Hermanitas, nuestra aventura misionera

1. Algo de historia: Conocí a las Hermanitas de la Asunción hace 26 años, en 1989, cuando llegué como párroco a la parroquia Santo Toribio de Mogrovejo, en el Diana Turbay, Bogotá. Ellas llevaban allí, en una de las barriadas de la zona, unos seis meses antes que yo. Hicimos una buena amistad. Ellas integraron de inmediato el trabajo que estaban comenzando, con la propuesta de pastoral parroquial que, en conjunto con seis comunidades religiosas femeninas y masculinas, con un nutrido número de laicos, diseñamos para la extensa y muy necesitada parroquia de entonces. 

Puedo asegurar que desde ese momento iniciamos una aventura misionera, que hasta el día de hoy sigue marcando nuestra memoria y nuestro corazón. Un compromiso de vida con los pobres, abierto al diálogo con las demás comunidades religiosas y profundamente influyente en el contexto humano, socio-cultural y religioso de aquellos barrios de la periferia sur-oriental de la ciudad de Bogotá.
 
2. La inserción de las hermanitas: A lo largo de todos estos años en que he seguido de cerca su vida religiosa inserta entre los pobres, he observado su enorme vocación por inculturarse viviendo el Evangelio. Son minuciosas en el conocimiento y estudio de la realidad, están atentas a emplear los medios y a crear las condiciones que les permitan una contextualización misionera objetiva, realista y muy responsable con las condiciones de vida de la gente. Sus encuentros locales y regionales y de carácter más amplio, están tocados por esta línea de responsabilidad social y de aportación, desde su carisma, a la mejoría de la calidad de vida de los pobres.
 
3. Horizonte teológico y pastoral: Las hermanitas alimentan todos estos hechos de su misión, desde el horizonte de la iglesia de los pobres. Su formación teológica es sólida en este sentido. Se identifican con el Evangelio Liberador, el que ha hecho curso en nuestro subcontinente latinoamericano. Por ello vibran con la espiritualidad y la teología que ha inspirado opciones de vida muy claras, llenas de testimonios, en nuestra América mestiza.
 
Esta condición teológica les ha permitido involucrarse, acompañar y apoyar los movimientos de mujeres, de comunidades marginales, de colectivos sociales, de jóvenes y de familias, que luchan por el derecho a la vida, a la ciudad, a un mejor vivir urbano, por la reivindicación de las causas humanas y sociales. Su trabajo promete, para esta nueva coyuntura ético-política de Colombia hacia la paz, la constancia, la pertinencia y la paciencia de su misión, demostradas siempre, en su entrega generosa por la Causa del Reino.
 
Con afecto de hermano,
P. Alberto Camargo Cortés
17/04/2015
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