TESTIMONIO - Nathalie Gadéa, madre de familia, enfermera

Soy testiga, he recibido numerosas gracias junto a las hermanitas, porque es una maravilla ser testiga privilegiada del trabajo de Dios en el corazón de los que Le buscan en verdad en el vaivén de su historia, en sus fragilidades, luchas y grandezas.

A las 3 mayúsculas de P.S.A, Petites Sœurs de l’Assomption, se superponen inmediatamente otras 3: E.L.I . Imagino enseguida la perplejidad de sus miradas extrañadas. ¿Es un acertijo? ¿un juego televisado? No, se lo aseguro, amigos lectores; Eli es el nombre del anciano sacerdote de la antigua alianza, que por 3 veces, vio de noche al joven Samuel correr hacia él, creyendo responder a su llamada. A las 3 « heme aquí « de Samuel, el anciano sabio, dijo al joven impetuoso « responderás así: habla Señor, tu siervo escucha ». 
Evocar a las HA me remite inmediatamente a esta triple llamada que salía de las hermanitas ancianas de la comunidad de Ollioules, preguntando a la mujer teóloga que iba a su encuentro, una vez al mes, para animar su retiro anual. 
 
Se precisaron 3llamadas, 3 años sucesivos, 3 llamadas, antes de consentir acompañar su comunidad de señoras ancianas, que mostraban, a mi parecer, la locura de llamar a una laica para acompañar espiritualmente su propia búsqueda de Dios. 
 
Siempre recordaré la sonrisa maliciosa de la responsable de comunidad que supo perseverar en su demanda. « En fin » me dijo – las hermanas comenzaban a desesperar!!!
 
Me atrevo a afirmar que Uds. hermanitas, me han permitido dar a luz una vocación que dormitaba en mi. Durante los diferentes retiros que después pude acompañar en diferentes comunidades de sus hermanas ancianas, encontré a trabajadoras familiares, enfermeras, asistentas sociales, pero nunca a parteras, cuando una y otra, cada una en su lugar, es el papel que Uds. – mujeres sabias- han tenido en mi vida. 
 
Puedo dar testimonio; he vivido a su lado numerosas gracias, porque es una maravilla ser testiga privilegiada del trabajo de Dios en el corazón de los que Le buscan en verdad en los vaivenes de su historia, en sus fragilidades, combates y grandezas. 
 
Gracias a Uds. por la confianza que han sabido testimoniarme, gracias por este camino que me han permitido tomar, y guardo presente en el corazón, en las horas sombrías, las miradas luminosas de algunas de Uds. quienes, si ya se han unido a su esposo tan amado, me prometieron orar siempre por mí, por mi esposo y mis hijos. 
 
Tengo la certeza de que este vínculo de comunión que se ha tejido con muchas de Uds. perdura más allá del espacio y del tiempo. Cuento siempre y todavía en Uds. 
¡Gracias a Uds. mujeres bellas, grandes y sabias!
 
Nathalie Gadéa, Toulon, abril de 2015
17/04/2015
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