TESTIMONIO Martin Kennedy - Las Hermanitas y su testimonio de proximidad

Conocemos a Martin desde el final de los años 1980, en que comenzó a colaborar con nuestras hermanas que trabajaban con grupos de hombres y mujeres para ayudarles en su crecimiento personal. Martin es laico y animador profesional.

Punto de vista acerca de las Hermanitas, por Martin Kennedy

Es cierto que el contenido de una teología está modelado por el contexto en el que se crea. Y no hablo solo del contexto general en términos de cultura o de país, sino también y sobre todo del contexto inmediato: el lugar donde vivimos, las personas que encontramos en lo cotidiano, hacia quienes vamos, con quienes comemos y a las que escuchamos. Para mí, la importancia del contexto en la tradición de las Hermanitas, está en la proximidad a las personas, sobre todo la proximidad a su propio espacio de vida y no en el propio de las Hermanas. Estas no crearon ni instituto ni estructuras para recibir a la gente. Al contrario, salieron de su casa para ir a domicilio de las familias más pobres, y se sumergieron en las preocupaciones y trabajos cotidianos de estas familias. Recordando la metáfora del Papa Francisco, como los pastores, han absorbido, en sus cuerpos y almas, el olor de la realidad de los rebaños que apacientan. Y esto, no solo es metáfora. Recuerdo a una hna. que me decía que debía sacudir las pulgas de sus vestidos al regresar de ciertas visitas a domicilio. Este nivel de proximidad y vulnerabilidad ante las luchas y sufrimientos de los demás, define y expresa lo que es esta teología y esta espiritualidad. Y en medio de todo esto, lo que comparten con sus actos, es la buena nueva de la proximidad de Dios.
 
Francisco dice claramente que la proximidad está hecha esencialmente para compartir la alegría del Evangelio en la época en que vivimos. Esta visión es también la de la gente ordinaria que está en la base. He participado recientemente a un taller sobre la escucha (en el sector de Cavan y Leitrim), para personas un poco alejadas de la vida parroquial. Les preguntaron dos cosas: « ¿A qué se parece hoy su vida ? » y « ¿Qué esperan de la iglesia ? » Hablaron de los apremios y tensiones engendradas por su vida familiar, y de sus diversas consecuencias sobre los jóvenes, los ancianos y los padres. Y acerca de lo que esperaban de la Iglesia, dijeron sobre todo, que debería hacer más cercana a la vida de la gente. Criticaban una iglesia cuyas preocupaciones no son esenciales para sus vidas y que ignora las realidades más importantes.
 
El párroco de Moyross dice también sobre este punto. Evoca la profundidad teológica y espiritual de la proximidad como un desafío para la renovación de la diócesis de Limerick. « Si no dejamos correr por las venas y la conciencia de la Iglesia, los problemas y realidades de los pobres, sus intentos de renovación serán únicamente simples cambios de organización, y no una redinamización por el Espíritu, que surge por haber encontrado al crucificado, hoy Resucitado y viviente en los más pobres de nuestros hermanos ». 
 
Hablo de él en particular, porque mi experiencia con las Hermanitas comenzó en su parroquia al final de los años 1980. En aquella época, en Irlanda, con el desarrollo de los servicios sociales, las Hermanitas se alejaron de su misión tradicional, que consistía en trabajar a domicilio de los enfermos, misión que remontaba a la época en que llegaron a Irlanda, hace 124 años. En Moyross, las Hnas. vivían otra forma de proximidad. Al vivir en pisos sociales, la comunidad de Hermanas estaba profunda y cotidianamente inmersa en la vida y las luchas de una de las poblaciones más desfavorecidas del país. Esta inmersión se traducía en una atención particular a las preocupaciones de los vecinos, creyendo en su dignidad y en su capacidad de asumir sus propios problemas. Por esto era muy importante reunir a la gente y desarrollar su propia capacidad de asumir responsabilidades. 
 
Formé parte de un equipo de formación en el marco de un taller de crecimiento personal que duraba un año. Los participantes eran residentes de Moyross, hombres y mujeres. Recuerdo particularmente a los hombres. Algunos eran duros, activistas radicales que no eran « beatos » en absoluto . Al comienzo me confiaron que les molestaba participar en un taller vinculado a la Iglesia. Pero también me habían dicho que la razón por la que continuaban, era que las hermanas se desplazaban hasta ellos para escuchar sus problemas y para comprometerse con ellos para ayudarles. Estaban seguros de que las HA estaban de su parte. Esta formación era como la parte visible del iceberg : debajo, se ocultaba enormidad de tiempo y energía para estar sencillamente cerca de la gente para acrecentar su confianza.
 
Ha pasado el tiempo y a causa del envejecimiento de las hnas. y del número insuficiente de vocaciones, las HA. en Irlanda, tienen hoy menos posibilidades de trabajar en lugares como Moyross. Sé que estas mujeres que han dado su vida para ocuparse de los más vulnerables, necesitan a su vez ser cuidadas. Sé también que, aunque las hermanas expresaran entre ellas, toda la riqueza de su teología y espiritualidad para el común de los mortales, lo traducirían más con actos que con palabras. La intuición de los fundadores E. Pernet y A. Fage, se expresaba brevemente a las primeras Hermanitas, al comienzo de su obra, hace 150 años : « Que sus actos hablen Jesucristo ». Las Hermanitas en Irlanda cumplieron silenciosamente este trabajo durante decenios. Ahora que ya no pueden « hacer » tanto, se podría pensar que su tiempo ha terminado y que ya no son útiles. 
 
Pero al contrario, me parece que el espíritu del que se han impregnado a lo largo de estos decenios de compromiso, es actualmente profético. Este espíritu está resumido en la regla de vida de las Hermanitas: « por medio de una presencia atenta, a través de gestos sencillos de servicio, dar testimonio del amor del Padre, entre los pobres, los obreros y sus familias ». Creo que esto expresa un deseo mucho más grande de lo que toda la Iglesia pudiera ser, un deseo que se extiende de Roma a Moyross, (de Cavan a Leitrim) y más lejos aún. Espero que con la convicción de lo profético que encierra su herencia, las Hermanitas puedan beber en ella un dinamismo para continuar lo que pueden realizar aún. Quizás es también el momento de « cosechar » hoy su rica experiencia para la Iglesia en Irlanda y de escribirla: a veces, como decía otro Francisco, ¡es un buen medio para comunicar el Evangelio! 
Martin Kennedy
03/04/2015
17/04/2015
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