SEMANA SANTA EN MADAGASCAR-Sahalava

En Madagascar, las celebraciones de la Semana Santa son momentos particularmente fuertes en la vida de los cristianos. Como el conjunto de las liturgias del año, cada celebración se tiñe de colores locales, altamente simbólicos. Una muchedumbre inmensa toma parte en estos días de fiesta…

Los hermosos oficios de los días santos, mezclando tradiciones y costumbres malgaches se ensayan repetidamente, con más de un mes de antelación. Todas las danzas, cantos, gestos se enseñan para dar a la liturgia eucarística del día, toda la grandeza simbólica del misterio de fe que celebramos. Esta preparación minuciosa es signo de fe, de esperanza y de la alegría de todo el pueblo malgache, tan bien expresada en este tiempo de pascua, cumbre de nuestra fe.
 
Según las regiones, la Semana Santa está marcada por las costumbres y tradiciones culturales del lugar. Os proponemos descubrir, la manera cómo se vive, se celebra, esta fiesta en Fianarantsoa, ciudad de las Altiplanicies malgaches, anclada con gran fuerza en la fe cristiana… ¡Y más particularmente en la parroquia St. Eugène de Mazenod del barrio de Shalava! Nuestra parroquia.
 
Esta Semana Santa empieza el martes, como para todos los cristianos del mundo, por la celebración de la Misa Crismál. El conjunto de sacerdotes son invitados a la Catedral donde, durante la Misa, tiene lugar la bendición del aceite y del santo crisma que servirán a todo lo largo del año para la administración de los sacramentos celebrados en cada parroquia de la diócesis. Todos los cristianos están invitados.
 
El miércoles, es un día de retiro para los que se preparan a los sacramentos del bautismo, confirmación, matrimonio; así mismo para quienes quieren volver a la fe católica. La animación está asegurada por los sacerdotes y los responsables catequistas de la parroquia.
 
El jueves, es la gran fiesta de la celebración de la Última Cena de Cristo. La misa empieza por una larga procesión de celebrantes precedida por doce hombres, simbolizando los doce discípulos que se dejaron lavar los pies por Jesús, y de algunas mujeres, responsables de la animación de la fe en la parroquia, aportando en ofrenda los ornamentos para el altar.
Cuando toda la procesión está ya en el coro, un niño de la asamblea pide solemnemente al sacerdote el sentido de la preparación de esta Eucaristía, la Última Cena. Durante este diálogo, las mujeres preparan el altar con el mantel, las flores, las velas. La celebración puede empezar.
Después de la homilía, doce hombres de la parroquia, escogidos entre los responsables de la animación de la iglesia, se dejan lavar los pies por el sacerdote, este reactualiza el gesto de Jesús la víspera de su Pasión, en signo de su Amor incondicional al mundo. 
 
La celebración Eucarística se termina llevando y colocando en exposición el Santo Sacramento. Toda la noche y hasta la celebración del viernes santo los grupos se suceden animando un tiempo de adoración.
 
Viernes, después del Vía-Crucis, empieza la celebración de la veneración de la Cruz.
Esta celebración se reviste de tradiciones y costumbres locales relativas al entierro y a la colocación en la tumba.
Para comprender lo que va a “acontecer” durante esta celebración, es necesario darse una vuelta por el ritual Betsiléo (Etnia de la región de Fianarantsoa) con ocasión de colocar a la persona difunta en la tumba.
 
En efecto, en las Altiplanicies malgaches, cuando una persona “honorable” muere, se significa con un ritual bien codificado como signo de “buena partida” hacia el más allá del difunto. Según la costumbre, en el momento de salir de la casa el cuerpo del difunto, todos los descendientes se sientan en una estera y cuatro hombres portando el cuerpo, pasan por encima de ellos; signo de bendición de los descendientes a sus ancestros. Una vez han salido de la casa, el cuerpo portado por los cuatro hombres, da siete vueltas alrededor de la casa, en el mismo sentido. El número siete es signo de bendición y de buena separación. Así, el difunto se separa “bien” de los vivos y entra en otra vida. Los descendientes están seguros entonces, que el difunto no volverá para atraer su maldición.
 
Con el conjunto de estos rituales los cristianos quieren poner en escena que esta noche, Cristo, Nuestro Señor, nuestro ancestro en la Fe, entrega su vida por el mundo.
 
Y así llegamos al final de la celebración. Después de la comunión, toda la iglesia entra en este ritual del paso de la vida a la muerte, de la muerte a la Vida. Hasta este momento todas las puertas, menos una, habían estado cerradas. Cuatro hombres (los jefes de los barrios) descuelgan a Cristo de la Cruz y le colocan sobre el altar, que anteriormente se había revestido con una tela blanca, “lambalandy”. (Tejido de seda en el que tradicionalmente, se envolvía el cuerpo de reyes y reinas difuntas y de personas ‘honorables’).
El cuerpo de Cristo, es envuelto de esta lamba anudada con cordones, como una momia.
 
 Los cuatro hombres, con el cuerpo de Cristo a hombres, muy lentamente dan tres vueltas alrededor del altar. Tres es el número de bendiciones para desear una “larga vida” al difunto: “velona, andriana-tompo, Andriananahary”. Ser Viviente, Ser Señor, Ser Precursor. 
Tradicionalmente, hay diez bendiciones dirigidas al difunto. Luego empieza una gran procesión. Los cuatro hombres, siempre llevando el cuerpo a hombros, se dirigen hacia la única puerta abierta de la iglesia, seguidos por los sacerdotes, jóvenes y adultos en representación de los Movimientos, estos últimos portando flores, velas, coronas, como para un auténtico entierro. Así tiene lugar una larga fila de honor en el interior de la iglesia. Llegados a la puerta, dos de los portantes del cuerpo de Cristo se sitúan de pie a cada lado de ella, formando como una bóveda bajo la cual más tarde pasarán los fieles para recibir la bendición de los antepasados y de Cristo mismo.
 
El sacerdote lee el Evangelio de Marcos, en el que José de Arimatéa pide a Pilatos poder enterrar el cuerpo de Jesús, luego da la bendición final a toda la asamblea. En este momento, en un riguroso orden, toda la asamblea se pone en movimiento a lo largo de la fila de honor para salir de la iglesia por la única puerta abierta pasando bajo el arco formado por el cuerpo de Cristo a fin de recibir su bendición.
 
Sábado, durante todo el día, tiene lugar la preparación de la fiesta Pascual. A las 18.00 horas empieza la Vigilia Pascual. Se reúne todo el pueblo cristiano. Los jóvenes scouts preparan un gran fuego.
Después de la lectura de la Palabra de Dios y la bendición del fuego con el que se enciende el cirio pascual, el cielo empieza a iluminarse de miles de velas encendidas por cada participante… ¡como una lluvia de estrellas en la oscuridad del cielo malgache! Después de la procesión de entrada, el canto del exulte llena toda la iglesia de una misma luz de gozo y de esperanza… durante más de una media hora, las palabras de alegría son gesticuladas por toda la asamblea ¡como un abrazo de los corazones por la Luz de la Vida!
 
En general, con ocasión de la Vigilia Pascual, unos cincuenta jóvenes y adultos son bautizados, algunos de ellos/as reciben los otros dos sacramentos de iniciación: la Eucaristía y la Confirmación. Para otros este será el momento de vivir una etapa importante en su deseo de volver a la fe católica.
 
La procesión del agua bautismal está inspirada por toda la cultura y tradición malgache. Con los cantos fervientes de toda la asamblea, una decena de mujeres, las más respetables en edad, del movimiento de las Hijas de María, avanzan danzando desde el fondo de la iglesia hasta el altar, llevando en la cabeza los cántaros llenos de agua que servirá para los bautizos de todo el año.
 
El domingo es la Fiesta de Pascua… es la reunión en familia o entre amigos para una comida festiva acompañados de música y danzas… ¡Todos los ingredientes para una fiesta lograda!
 
¡Atended… porque esto no ha terminado! El lunes de Pascua, continúa la fiesta. Es un día feriado, pero tradicionalmente, es el día del año para salir de casa… cualquiera que sea su condición social… ricos y pobres, todo el mundo se pone en camino de buena mañana, para un día de fiesta, de descanso, de risas, de alegría, de juegos, de cantos.
 
Comunidad de Sahalava
29/05/2017
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