República Democrática del Congo : ¡Un aprendizaje para la vida!

El centro Madre María de Jesús en Kinshasa es un lugar de formación integral para unas cincuenta mujeres congolesas. Los cursos están divididos en tres salas de clase: 1º, 2º y 3er. Año de “corte y confección”, sin olvidar el pequeño almacén de material de costura y la sala de informática. En todo ello trabajamos cuatro hermanitas: Anne, Natalia, Mathilde, y Patricia, y dos postulantes: Rachel y Agnès.
 
En este fin de curso escolar, os proponemos por este artículo-interviú salir al encuentro de personas que viven en este centro a lo largo de todo el año.
 
-Para vosotras, mujeres, que venís durante todo el curso a aprender aquí, ¿qué es lo que os interesa?
 
Lo primero que ellas dicen: “Nos gusta la costura, el francés, el cálculo, el lingala, e incluso este año hemos aprendido informática.” Pero una joven de 2º año explica: “Al principio cuando llegué yo no sabía leer el lingala, pero ahora llego a leerlo y hablo un poco francés”. Su amiga tomando la palabra, nos dice: “Yo estoy contenta porque he aprendido muchas cosas, sobre todo a coser. Si aprendo bien, podré trabajar y vender los vestidos”. Otra de la clase añade: “Si me quedo en casa no aprendo nada. Durante todo el día hay mucho trabajo que hacer, no queda tiempo para nosotras. Aquí se está bien, se aprende, estamos con otras, nos reímos”.
 
En el aula de al lado en pleno ensayo para la fiesta de fin de curso, las jóvenes finalistas, que están en el centro desde hace tres años, cuentan su alegría de haber aprendido muchas cosas y sobre todo descubierto todo aquello de lo que no se habla en casa sobre el ‘saber vivir’. Aquí una aprende cosas incluso para nuestra vida cotidiana”, “Me gusta aprender, me gusta leer los libros de la biblioteca que hablan de amistad, de cómo limpiar y arreglar la casa…”
En la última clase dialogan con un francés más difícil: están en pleno ejercicio, intentan escribir cada una en la pizarra su nombre y su apellido para hacerlo sin faltas de ortografía. Lo que aparece espontáneamente es su agradecimiento para con los profesores, para los laicos exteriores de los cursos de costura y de lingala, también para con las postulantes que les enseñan a escribir, el francés, el cálculo: “Aquí hay amor y amabilidad. Los profesores tienen voluntad para darnos clase y quieren que aprendamos bien para el futuro. Me gusta saber más cosas.”
 
Después de este recorrido por las clases, escuchamos a las que trabajan a diario con estas mujeres. En las constataciones de todos los días, a menudo se sienten felices de los pequeños avances de cada una. Una mirada, una palabra permiten entregarse a fondo durante el curso. Pero, al mismo tiempo, ellas comprenden las condiciones en las que las jóvenes viven y perciben como el centro es un lugar que va más allá del aprendizaje de costura. Pero dejemos que hablen ellas…
 
-Mathilde, ¿Podrías presentarnos el centro y decirnos qué es lo que vives en él?
 
“Después de mis primeros votos en Burkina fui enviada a Kinshasa donde participé en el centro en el primer año de costura. Mientras trabajaba, las ayudaba en lo que necesitaban. También estaba con ellas al abrir las puertas de entrada al centro y al cerrarlas. Era muy importante para mí acoger a las jóvenes tomando el tiempo de escucharlas y compartir sus situaciones familiares. La mayoría son adolescentes con realidades familiares difíciles. Su propia familia reside lejos de la capital y ellas están albergadas aquí en casa de un tío, una tía, un hermano o una hermana, que a menudo las explotan. Unas no han tenido la suerte de ir a la escuela y otras no han terminado el ciclo de estudios (falta de medios económicos en la casa, cambios de domicilio, realidad de trabajo familiar…). Otras son ya diplomadas y vienen para aprender costura. A menudo su vida cotidiana no es fácil. Desarrollando por la mañana un duro trabajo para las familias de acogida, vienen según su posibilidad por la tarde.
 
Yo estoy contenta y me gusta la relación con cada una de ellas en el compartir, el diálogo, la escucha mutua. Se sienten libres para decirme lo que viven. Algunas veces, visitamos a sus familias y descubrimos la realidad que están viviendo: son jóvenes que necesitan ayuda a muchos niveles. Nosotras las acompañamos y les damos a conocer que son hijas de Dios a pesar de las dificultades de este mundo. Es importante que tomen conciencia de que son útiles, capaces, y que pueden hacer algo por la sociedad. Para terminar, quisiera decir que haciendo esta experiencia en el centro con las mujeres, soy feliz al ver el progreso de cada una.”
 
-Y tú Rachel, ¿qué vives en el centro como postulante de segundo año?
 
“Estoy contenta de compartir esta experiencia con vosotras. Doy el curso de cálculo y de alfabetización-francés a las mujeres, dos veces por semana de 14 a 17 horas. La mayoría de mujeres tienen muchas dificultades, a menudo ellas hablan el lingala o bien otra lengua del país. No saben leer. Al principio, es muy difícil para ellas. Yo he puesto todo mi interés para que aprendan, y poco a poco van mejorando: ahora, algunas pueden empezar a leer, otras pueden escribir solas su nombre. Entonces es una alegría tanto para ellas como para mí.
Alguna vez, con motivo de un duelo, visitamos a sus familias. Durante los cursos, ellas aprovechan, a menudo, de un tiempo antes o después para pedir hablar conmigo. En esos tiempos me comparten sus gozos y sus penas. Escuchándolas atentamente, a veces, puedo sugerir algún consejo.
Para terminar, esta experiencia hecha con las mujeres del centro Madre María de Jesús, me ayuda a profundizar el carisma H.A.”
 
-Agnès, eres postulante de primer año ¿Qué es lo que te proporciona alegría de todo lo que vives en las cuatro tardes que ayudas en el centro?
 
“Lo que uno hace por amor siempre resulta positivo”…
“Bendito sea Dios Padre de Nuestro Señor Jesucristo” Ef. 1, 3
 
Empiezo con estas palabras para expresar mi gozo. Yo estoy contenta de nuestra misión y nuestro carisma en el centro y doy las gracias por el día en que se me confió.
Como formación doy el curso de francés y cálculo en una clase mezcla de 2º y 3er año; de costura dos tardes por semana y las otras dos tardes soy vendedora del material de costura.
Los primeros días de esta enseñanza, me hacía muchas preguntas. No conocía nada sobre la costura y debía ofrecerles buenas condiciones para aprender el francés. Además, en mi curso, había mujeres adultas mayores que yo y otras más jóvenes.
 
En todos estos descubrimientos yo sabía que el Señor nos acompaña.
 
Con el amor y la buena voluntad que yo tenía, así como con la ayuda de las mujeres, después de un tiempo llegué a comprender y vender el material de costura. Como se dice: “los inicios son siempre difíciles, pero lo que facilita todo es tener una buena relación con el entorno.”
En el curso con las mujeres, había percibido que no sabían leer, ni escribir, y estaban molestas. A partir de mi experiencia, intuí mejor que estos son nuestros pobres, los más disminuidos a los que debemos ayudar, pero, ¿Cómo ayudarles’? Cada vez que iba al centro, decía al Señor: “¡Que mi presencia sea tu presencia! ¡Que todo lo que salga de mi boca proceda de Ti, Señor!”. Y esto me ayudaba, sobre todo, cuando las mujeres me hacían preguntas fuera de lo que yo había previsto, no me faltaban respuestas satisfactorias a sus peticiones. Dios estaba conmigo”.
 
“La boca no habla más que a los oídos pero el corazón habla al corazón”, sí, efectivamente somos escogidas, bendecidas, y desgarradas para ser entregadas. Roguemos las unas por las otras.
 
-Y para vosotras, profesoras laicas, ¿Qué diríais de vuestros cursos y de lo que vivís con las jóvenes?
 
“Para mí, profesora de lingala desde hace mucho tiempo, lo que me da alegría es ver como crecen a lo largo de estos años. A menudo, las acojo el primer año para que aprendan a leer y escribir en lingala. Enseguida toman gusto por aprender, las veo coser y me alegra ya que la costura hace evolucionar a nuestros hijos para la RDC. Ellas maduran mucho en estos tres años.”
“Como profesora de costura lo que es más importante para mí, es enseñarles a ser mujeres con voluntad y pasión. Hoy día la costura no es fácil, no es algo de poco más o menos, deben aprender muchas cosas que no saben, el cálculo, la lógica, el mismo francés, ya que todo el vocabulario de costura es francés. Hay que ayudarlas a adquirir el gusto de hacer las cosas bien. Es eso lo que las hará progresar y diferenciarse de otras.”
 
Y su colega completa diciendo: “Lo que es difícil es que las jóvenes no disfrutan de una situación fácil en sus casas. A menudo, llegan a los cursos cansadas por las preocupaciones en la casa, las cuitas de relación con su “familia”. “A quien no tiene tranquilidad en su cabeza ¿Cómo vamos a darle una materia para aprender?” En los cursos no es raro que ellas se confíen y hablen de sus situaciones.”
 
Nosotras también, con Hna. Anne al servicio de la reparación de 15 máquinas de coser, Hna. Natalia para todo lo que es informática y gestión de papeles, y yo Hna. Patricia en diferentes pequeños servicios, nos sorprendemos de todos estos momentos preciosos de reflexión conjunta, ocasión para estas jóvenes de hablar de su familia y su realidad de vida difícil y cotidiana… A menudo esto permite desvelar un deseo o una necesidad más específica para una u otra, como esta joven a la que acompaña Hna. Anne para el aprendizaje del cálculo a partir de juegos.
 
Si, queremos que este centro pueda transmitir el carisma del que somos herederas, ofreciendo el gusto de aprender a ser mujeres, por otra parte a menudo rechazadas. Cada una, mujeres como profesoras, compartiendo nuestros conocimientos hacemos avanzar esta hermosa misión en el corazón de este barrio tan popular de Kinshasa.
La próxima semana celebraremos el fin de curso y la despedida de las que han terminado el ciclo. Año rico de conocimientos y de aprendizajes tan diversos. Damos gracias a Dios por todo lo vivido.
 
Las mujeres del centro, 
Mama, Blandine, Francine y Malu (las profesoras)
Rachel, Agnès (Postulantes) 
y Anne, Mathilde, Patricia, Hermanitas
28/07/2015
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