Refugiados en África del Sur

Cada día somos testigos de las dificultades que viven en el mundo los refugiados. Narramos una síntesis de lo que una de esas familias ha vivido.

Cuando yo participaba en un proyecto de África del Sur, en el que ayudaba a los refugiados procedentes principalmente del Congo, de Ruanda, de Burundi y de Angola, conocí a Ester y a Jaime (los nombres han sido cambiados).

Huidos del genocidio de Ruanda en 1994, llegaron a África del Sur en el momento en que el sistema “oficial” del apartheid tocaba a su fin. Los problemas que encontrábamos en África del Sur eran los propios a este país, y la xenofobia era (y es) palpable a pesar de los cambios.
 
Esta es la historia
 
“En 1994, nos vimos forzados a dejar nuestro país, a causa de la guerra. Mucha gente perdió la vida en ese momento, también nuestros padres y miembros de nuestra familia; damos gracias a Dios de todavía estar vivos. Dejamos nuestro país para dirigirnos a la República Democrática del Congo, donde vivimos en un campo de refugiados. La vida allí era insoportable: cada segundo que pasaba moría alguien falto de cuidados, de higiene correcta o de alimentación. Nosotros nos casamos en el campo.
 
En 1996, estalló la guerra de nuevo, y nos vimos obligados a huir; los campos fueron destruidos y hubo muchos muertos. Nos fuimos a Malawi donde vivimos en otro campo de refugiados que se llamaba Dzaleka. No teníamos derecho a ninguna actividad; allí no había futuro para nosotros. En 1997 decidimos dejar el campo de Malawi y, con la ayuda del Jesuit Refugee Services (Organismo de los Jesuitas para los refugiados) logramos procurarnos billetes para África del Sur.
 
Cuando llegamos al Cap, la vida resultó más difícil de lo que habíamos imaginado. No había sitio para dormir, ningún alimento, y se nos aconsejó dirigirnos al Centro de Acogida ARK de Westlake, donde nos autorizaron a permanecer allí seis meses, después de eso Jaime logró un empleo de guardián de coche; para nosotros esto fue una suerte inesperada ya que nos permitió marchar del Centro y vivir por nuestros propios medios. Pudimos pagar un alquiler y comprar alimentos. Fue una solución temporal, pues nos preguntábamos durante cuánto tiempo Jaime podría conservar el trabajo. En Junio del 2000, cuando nos anunciaron que mi hermana de doce años de edad, padecía un cáncer, estábamos resueltos a luchar lo necesario, pero el médico nos explicó que eran muy pocas las probabilidades de que sobreviviera. Siguió un tratamiento durante un año, que no sirvió para nada, y murió en mayo del 2001. Yo estaba muy abatida y encolerizada con Dios, porque justo en el momento en que creímos estar en seguridad, se nos fue otra vida. Con el tiempo hemos aprendido a vivir con la voluntad de Dios y no con la nuestra.
 
En mayo del 2001, pude ofrecer mi ayuda en el centro de acogida, donde conocí a Hermana Ethna (que Dios la bendiga). Fue para nosotros una bendición de Dios ya que en febrero del 2002, fuimos contratados los dos en la misma casa: Jaime como guardián y yo como responsable del grupo. Jaime decidió reemprender sus estudios porque no veía otro futuro para él.
 
Después de tres meses en este trabajo, cuando yo esperaba un bebé, se nos anunció que no nos renovarían el contrato, y que debíamos encontrar otro alojamiento. Para nosotros fue un duro golpe, teníamos la impresión que se nos hundía el mundo. En esta época hermana Ethna ya no estaba en África del Sur; la habíamos puesto al corriente de nuestra situación y nos beneficiamos del apoyo de la Congregación a través del Fondo Internacional de Solidaridad. Dejamos nuestra casa a finales del mes de agosto, no teníamos trabajo ninguno de los dos y nos preguntábamos a menudo con qué nos procuraríamos la próxima comida; habíamos puesto en venta todo lo que se podía vender, estábamos muy inquietos. En diciembre del 2004, con gran alegría, resultó que yo pude colocarme como gobernanta. Pero en mayo del 2005 me puse enferma y tuve que ser hospitalizada. Después de la operación tuve que hacer reposo durante al menos dos semanas y a causa de esto me despidieron.
 
En septiembre del 2005, encontré otro empleo como gobernanta; no estaba nada bien pagado, pero al menos teníamos algo para sobrevivir. En diciembre volví a caer enferma; tuve una oclusión intestinal y fui de nuevo operada. Pasé mucho miedo porque pensé que me despedirían de nuevo. Por suerte era en diciembre en el periodo en que la gente coge vacaciones. Y al mismo tiempo yo iba mucho mejor. Volví al trabajo en enero. En noviembre del 2007, Jaime encontró trabajo. Dios nunca cesó de ayudarnos, si bien no siempre su acción fue visible.
 
En febrero del 2008, dejé el trabajo para poder seguir mis estudios. Jaime podía pagar los gastos de los estudios y subvenir a los gastos de la familia. En abril último obtuve el Diploma y dí gracias a Dios. Ya estoy trabajando. No me pagan muy bien pero doy gracias a Dios pues hay mucha gente que no tiene esta suerte. Habíamos perdido a nuestros padres, pero Dios puso en nuestro camino personas que se preocuparon de nosotros; somos felices ya que podemos hacer algo por nosotros mismos y para el futuro de nuestros hijos.”
 
Ahora de año en año el alquiler de su casa no cesa de aumentar y la pareja ha pedido un crédito al Banco para comprar en propiedad, lo que les garantizaría seguridad para el futuro. Nos han pedido ayudarles para encontrar fondos y hacer los trámites necesarios a fin de obtener un aval bancario. Les ayudamos y una providencial visita de Bernadette Mangan a Birmingham hizo el resto. Mary Ireland nos cuenta:
 
“Un círculo de mujeres de la Parroquia de Old Scott Hill, en Birmingham, buscaba qué podían hacer en recuerdo de hermana Winifred. Esta última les había hecho partícipes de su preocupación por el pueblo de África del Sur, entre el que había vivido y participado en sus luchas. Tenía una sensibilidad especial hacia aquellos que poseen la voluntad de marchar de nuevo y ayudarse a sí mismos, pero que tienen necesidad de ayuda para ponerse en camino. Estas mujeres organizaron un concurso y los ingresos que recaudaron los entregaron a la familia de Esther y Jaime. Su sueño de tener una casa propia está a punto de realizarse. Ellos dicen que nunca olvidarán esta acción:
 
“Por nuestra parte, pedimos a Dios que os bendiga, que os dé una larga vida, porque este mundo tiene necesidad de personas como vosotras para hacerlo mejor y llenarlo de esperanza. Que nuestro Padre-Dios esté con todas vosotras.”
 
Ethna, comté de Rowlagh
 

 

14/11/2011
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