Portugal – Vila Nova de Gaia

Estimular nuestra misión recibida de Dios, con un corazón y una mirada renovados, creando entre nosotros y con otros un espíritu de Solidaridad y de Comunión con el objetivo de construir un mundo más habitable”.

“Somos el Pueblo de Dios en comunión”.
 
 
Con este slogan se ha dado cuerpo a una Nueva Iglesia, esperada desde hace tantos años, en el corazón de una población de cerca de 20.000 habitantes de la que formamos parte..
Esta Iglesia construida por manos humanas y el esfuerzo del hombre es hoy una Iglesia viva habitada y animada por la acción del Espíritu Santo.
Con este pueblo de Dios y la presencia del Espíritu estimulándonos compartimos la misión que hemos recibido de Dios; caminamos con El, creando vínculos de amistad y un espíritu de Solidaridad y de Comunión.
Hoy vamos a escuchar el testimonio de algunos laicos que trabajan con nosotras compartiendo la misma misión:
 
Yo formo parte del equipo de Pastoral de la Salud y soy catequista. La presencia de las Hermanas aquí ha sido para mí un regalo de Dios. Por su ejemplo y su modo de vida descubrí que esta Pastoral alcanza la dimensión humana y espiritual de la persona.
Trabajo en la Iglesia de la Sagrada Familia. Soy responsable de todo lo que concierne a los trabajos de limpieza y decoración, pero la misión más importante que llevo a cabo aquí es la de la acogida. Saber escuchar a las personas que viven en soledad, marcadas por una vida de sufrimiento, carentes de afecto, es un terreno propicio para iluminar y profundizar la fe, lo que despierta en ellas el deseo de una formación humana doctrinal más actualizada. Colaboro en esta tarea con las Hermanas.
 
A partir de estos contactos ellas han preparado ya varios adultos al Bau-tismo, a la primera Comun-ión y a la Confirmación. En este momento existe un grupo de profundización de la Biblia con numerosos participantes. Ahora al mirar hacia atrás tengo el sentí-miento que la presencia de las Hermanas ha hecho a las personas más humanas porque estas se han hecho más solidarias.
Fernanda Xavier
 
Conocí a las Hermanitas de la Asunción hace 10 años; entonces hacía cerca de un año que yo era viuda e iba con mis hijos a Misa. El más pequeño tenía 8 años, el y yo íbamos a comulgar pero el mayor no podía ir porque era discapacitado y no sabía leer. Había pedido a muchos sacerdotes que el niño hiciera la 1ª Comunión pero siempre se me denegó por los motivos que acabo de exponer.
Un día después de la Misa, una de las Hermanas, se dirigió hacia mí y me preguntó cuál era el motivo para que mi hijo no se acercara a comulgar, le explique estas razones y ella me dijo que me iba a ayudar. Habló con el Sacerdote encargado actualmente de la Parroquia, que no solamente estuvo de acuerdo sino que nos animó para la preparación. A partir de aquel momento empecé a frecuentar a las Hermanas que prepararon a mi hijo para la 1º comunión, la profesión de fe y más tarde a la Confirmación. Fue una gran alegría. Esto es sólo un ejemplo de todo lo que ellas han podido hacer por mí.
 
Hasta que un día me invitaron a participar en la Formación para formar parte del Grupo de Pastoral de la Salud, cuya finalidad es llegar a ser voluntaria en el Hospital y en la Parroquia. Ver el trabajo que hacían las hermanas con todos los enfermos, el afecto que ellas les tenían y todo lo que hacían por ellos, puso en mí un fuerte deseo de hacer lo mismo. Por esto acepté su invitación. A partir de entonces mi vida ha cambiado. He vivido experiencias indecibles con ocasión de las visitas que hacía a los enfermos, he sentido que mi sola presencia y mi afecto podían realmente marcar la diferencia para los enfermos que yo visito, pues de esto es de lo que tienen mayor necesidad. Este trabajo se hace conjuntamente con un equipo maravilloso de laicos del que forman parte las Hermanas.
 
Hace 8 años que participo en la Pastoral de la Salud y ha sido para mí maravilloso estar con las Hermanas y aportar mi contribución, pequeña en relación a todo lo que ellas hacen.
Doy gracias a Dios por haberlas conocido porque, todavía hoy, continúan ayudándome. Ellas han sido siempre para mí verdaderos ángeles de la guarda.
Marfida
 
Nací en una familia muy sencilla y cristiana. Crecí teniendo el buen ejemplo de mis padres.
En mi infancia, formé parte de diversas actividades de la Parroquia, en particular de la catequesis, el movimiento de la JACF, que fue para mí un despertar a la fe y a mi futuro. Tenía inquietud en cuanto a mi vocación y al descubrimiento del camino a seguir, lo que me perturbaba mucho y me hacía dudar.
Un día, un equipo de Religiosos, Religiosas y laicos misioneros vino a mi Parroquia para hablar a todos los grupos sobre la vocación. En este equipo estaba Maria do Carmo, de la Congregación de las Hermanitas de la Asunción con la que hice una amistad que se prolongó durante los encuentros mensuales de Pastoral de Vocaciones que teníamos con todo el equipo en Maia en el Seminario de los Padres Combonianos.
Estos encuentros fueron para mí una escuela humana y religiosa y me despertaron a un gran sentido del otro, hasta el punto de conducirme a entregar totalmente mi vida en la Vida religiosa.
Seguí un curso de enfermería y también la formación religiosa de la Compañía Misionera. Trabajé en el Hospital como profesional y también por vocación, haciendo de este establecimiento mi lugar de misión.
Al cabo de 15 años dejé la vida consagrada.
Después de un cierto tiempo encontré a mi marido que era viudo con tres personas mayores a su cargo y dos hijos, uno de ellos todavía menor.
Después de larga reflexión decidí casarme con él y asumir esta misión en el sentido de darme, de entregarme totalmente a esta familia que tan necesitada estaba de amor y de afecto. Y al casarme vine a vivir a Vilar de Andorinho: pasados unos años me ofrecí para colaborar en la Pastoral de la Parroquia.
La estrecha amistad que habíamos vivido con Maria do Carmo en mi juventud, hace ya tantos años en Porto, se reavivó cuando supe que las Hermanitas de la Asunción habían venido a residir muy cerca de mi casa, en la Parroquia Vilar de Andorinho lo que me llenó de alegría. Me puse en contacto con ellas para colaborar en su misión.
 
Actualmente formo parte del grupo Parroquial y Hospitalario de voluntariado de la Pastoral de la Salud. Con ellas comparto la vida y siento que formo parte de una familia comprometida en una misión común.
Encuentro placer en repetirme: “¡Qué pequeño es el mundo!”. Después de tantos años de amistad con una hermana que había dejado de ver, me encuentro con una comunidad de la misma Congregación, con personas amigas de las cuales la parroquia tiene tanta necesidad, ¡Qué felicidad! Las hermanas no tienen necesidad de buscar otro terreno misionero: aquí no llegan a dar respuesta a todas las necesidades que existen, unidas por un mismo ideal – Somos testimonios y el signo del Amor que Dios tiene a los más pequeños.
Más de una vez me digo: Dios sabe bien lo que hace y El nos acompaña en el camino.
M. de Fátima
 
Estos testimonios presentados con palabras sencillas no son más que una pequeña prueba de las numerosas semillas que el Señor ha derramado en esta tierra, a lo largo de los años en que nosotras hemos permanecido aquí, colaborando con otros.
Trabajar con otros nos da la posibilidad de compartir más nuestra fe y nuestra esperanza, cultivar la amistad, la ayuda mutua y dejarnos interpelar por aquellos con los que vivimos y trabajamos. Esto nos abre más y más al mundo que nos rodea y nos permite dar a conocer el espíritu que nos anima, es decir el Carisma de nuestra Congregación.
Comunidad de Vila Nova de Gaia
23/09/2014
Enregistrer au format PDF Imprimer l'article Enviar la referencia de este documento por email enviar por email
> Tous les articles remonter Remonter