Portugal - La alegría del encuentro / Nuestra misión en las diferentes etapas de la vida

El Señor dijo a Abraham: “Sal de tu País, deja tus parientes y la casa de tu Padre, y ves al país que Yo te mostraré. Yo haré de ti un gran pueblo y te bendeciré”. (Gn 12,1)
Como muchas de vosotras sabéis, hace 12 años que marché de mi país y que fui enviada en misión: 5 años a España y 7 al Congo.
El Papa Francisco dice: “La actividad misionera es el deber más importante de la Iglesia”.
Esta misión no la he realizado sola; se pudo hacer realidad gracias al apoyo de la comunidad y del pueblo a donde fui enviada… Fueron periodos de gozo, de descubrir otras culturas, de compartir, de nuevas experiencias y nuevos aprendizajes. En el contacto del día a día con otros descubrir que a pesar de todo otro mundo es posible. Después llegó el momento de volver a casa, bien que con un poco de nostalgia… experimenté el contento y la felicidad de haber realizado la misión que me había sido confiada.
 
Este año, de vuelta a mi país he empezado una nueva página en blanco. Me ha sido propuesto hacer un año “sabático”, un regalo de Dios ofrecido por la Congregación en este año de la Vida Consagrada. Momento favorable para aprovechar toda la riqueza que la CIRP (Conferencia de los Institutos Religiosos Portugueses) nos ha aportado a todo lo largo del año, que me ayuda a rehacerme espiritualmente y a reavivar mi “SI” con corazón abierto y disponible a la acción del Espíritu Santo. He tenido también la posibilidad de seguir diversos cursos de Formación teológica, de Sagrada Escritura y otros, que se siguen durante todo el año, organizados por los Redentoristas. Los trabajos que he tenido que realizar para los cursos de Sagrada Escritura me han ayudado a hacer diversas búsquedas y descubrimientos en los libros bíblicos al hacer un estudio sobre el libro de Rut, y ahora estar realizando otro sobre el profeta Nahum, profeta poco conocido pero que contiene un buenísimo mensaje… Estos últimos meses me han permitido saborear y profundizar los textos bíblicos.
 
La vuelta a mis orígenes ha sido muy positiva y gratificante. Para empezar tuve el “gozo de reencontrar” algunas amigas, ahora ya religiosas, que había conocido en el momento del postulantado y del juniorado que habíamos hecho juntas. Tuve “la alegría” de formar parte de la Comunidad de Vila Nova de Gaia, tan inserta en medio de este pueblo, gozando de un gran dinamismo misionero. En ella me siento un miembro activo, participando en una misma misión, dando respuesta a los diferentes pequeños servicios que se me piden y que me ayudan a conocer mejor a “mi pueblo”, tan simpático y acogedor, hacia el cual he sido enviada.
 
A petición de la animadora del Centro Social de nuestro Barrio, voy algunas horas por semana a hacer costura, para utilizar las telas que les han dado, confeccionando algunas prendas que podrán venderse en el almacén social, y hago también otras actividades de animación con personas mayores.
 
Sabiendo la llegada de una Hermana de la Asunción de las misiones de África, catequistas de nuestra parroquia, sensibles a las realidades del mundo, me invitaron a compartir mi experiencia misionera al grupo de jóvenes adolescentes. Fue bueno y gratificante ver que siempre hay personas y jóvenes que muestran interés por conocer la realidad del mundo y que desean hacer algo por los demás.
 
Una de las responsables del “CIRP” de la Diócesis de Porto, con ocasión de un encuentro, también me invitó a ir a su parroquia, bastante lejana, fuera de Porto, para participar en un grupo de Pastoral Juvenil Vocacional, para dar mi testimonio y hablar de mi experiencia a nivel de vocaciones y de misión. Asistieron cerca de 90 jóvenes. Mi intervención fue seguida de un diálogo muy interesante.
 
Este fue el momento para mí de compartir con ellos lo que nos atrae de la Vida religiosa y de clarificar que el seguimiento de Jesús no está reservado a unas pocas personas, sino que es para cualquiera que esté realmente apasionado por Dios y su Reino.
 
Por todo ello doy gracias a Dios y a la Congregación y ruego para que el Señor continúe ayudándome a construir el Reino entre estas personas… abriendo mi corazón a su proyecto de Amor y de Bondad. 
María de Lurdes 
Comunidad de Vila Nova de Gaia
 

 
Reflexionando sobre nuestra misión desde mi entrada en la Congregación hasta el día de hoy, experimento una gran alegría viendo como nuestro campo misionero toma nuevos tintes y hace frente a los nuevos desafíos a medida que pasa el tiempo.
Como ya lo habíamos dicho otras veces en otros “Pain de Chez Nous” el terreno de misión que se nos abrió a nuestra llegada a Vila Nova de Gaia, nos permitió penetrar paulatinamente en las familias y conocer de cerca la realidad de este barrio con sus carencias, sus valores y una sed profunda de Dios. “Campo abierto para una nueva Evangelización”.
 
En colaboración con los servicios sociales de la Zona, hemos acompañado de muy cerca ciertos casos difíciles de personas con problemas múltiples por lo que no se veía la forma favorable en que se pudiera salir de ellos; con mucho trabajo y perseverancia, llegamos a encontrarles lugar en un hogar, y ayudas a domicilio.
 
A través de este servicio he descubierto mucha solidaridad entre los vecinos y las personas de las casas donde trabajamos; recuerdo una señora mayor y muy pobre que dio el único litro de leche que le quedaba a una vecina que pasaba hambre; una señora, con dos hijas estudiantes, ella trabajando toda la jornada, proporcionaba el agua a un vecino que no tenía, llevándole además de la misma comida que cocinaba para su familia o invitándole a su mesa. Estas son hermosas historias de amor que sólo Dios conoce.
Hoy hay numerosas familias que visito para tomarles la T/A, si lo necesitan, lo que me da la posibilidad de entrar en muchos hogares y de hacer con ellos un camino. Hablamos, escucho sus confidencias, oramos, a muchos de ellos les llevo la comunión cada semana, acompaño enfermos en fase terminal en esta última etapa, en una perspectiva de esperanza, la de ir al encuentro de un Dios de amor y de misericordia, ir allí donde San Juan nos dice que ha ido Jesús a prepararnos un lugar.
 
Con la edad, con nuestras fragilidades, y todo lo que la vida nos va aportando, nos volvemos más sensibles a los problemas de los demás, nuestra mirada va más lejos, puede que hacia lo esencial. Hoy intento compartir más mi fe y mi esperanza, dar tiempo para cultivar la amistad, dar “el beso de Dios” a numerosas personas a quienes les falta cariño, decir con palabras y con gestos que nuestro Dios es ternura, misericordia y proximidad: El que es Padre y Madre, nos mira con afecto, El nos escucha y El libera, a través de gestos concretos, a los que El nos envía en este camino hacia la casa del Padre.
 
Como voluntaria en el Hospital, vivo momentos de oración y descubro la fe profunda de muchos enfermos que viven una gran intimidad con el Señor de la Vida. Algunos piden la comunión cada día, además de todos los que comulgan cada domingo.
Para algunas familias y empleados nosotras somos también mensajeras de la presencia de Dios que les ayuda en sus trabajos para cuidar con esmero a los enfermos.
 
Pienso que nuestra misión puede siempre cambiar pero que siempre continúa, si permanecemos atentas a ser un signo de la presencia de Dios en el mundo a través de todos los tiempos.
María Adelaida 
Comunidad Vila Nova de Gaia
01/06/2015
Enregistrer au format PDF Imprimer l'article Enviar la referencia de este documento por email enviar por email
> Tous les articles remonter Remonter