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Grupo de apoyo a madres de niños con habilidades diferentes

“Somos enviadas a los pobres, nuestra opción por ellos es gracia de fundación”. (Theresa Dick)
Hace ya tres años, iniciamos este grupo de apoyo mutuo entre madres de niños y niñas con habilidades diferentes. Mi misión como hermanita, se ve confirmada en el proceso que vivo con estas mujeres llenas de valor y de inquebrantable esperanza. Junto con ellas experimento el amor de Dios que salva en la debilidad y en la pobreza, como lo constataron Esteban Pernet y Antonieta Fage en su propia vida. 

El grupo está integrado por 7 mujeres, convocadas por una misma realidad: todas tienen uno o dos hijos con alguna discapacidad física o neurológica y viven en el mismo barrio donde se encuentra nuestra comunidad. Después de visitar a una y otra, buscando con ellas alternativas de atención como respuesta a la realidad de sus hijos, constatamos que la primera ayuda era darse cuenta que no estaban solas y que vivir situaciones similares, les hacía más fuertes ante la adversidad. Así que empezamos a reunirnos, hasta lograr un encuentro mensual en el que se comparte en torno a lo que viven sus hijos, se informa acerca de otras familias que tienen una situación parecida y a la que sería bueno visitar y se reserva un espacio para escuchar juntas alguna escena del Evangelio e iluminar de esa manera su vida.
 
Este espacio mensual, ha posibilitado el encuentro en otros momentos del año, para celebrar, ofrecer un tiempo de alegría, de juego, de paseo, de intercambio fraterno. La vida del grupo se ha visto también enriquecida con la participación en algunos eventos organizados por la Fraternidad de personas enfermas y con discapacidad (FRATER), que nos confirma en esta posibilidad de comunión con quienes viven en el mundo de las “habilidades diferentes”.
Lo que buscamos en el grupo es contribuir a una mejor calidad de vida para estos niños y para sus familias. Queremos aportar lo necesario para su integración a la sociedad, desarrollando espacios de valoración, de ayuda mutua, de atención a sus necesidades tantas veces postergadas a causa de la pobreza, la falta de afecto y las deficiencias del sistema de salud del país.
 
Escuchemos el testimonio de tres mamás integrantes del grupo: 
“Mi hijo es un tesoro que Dios envió a mi hogar. Yo también me siento una “madre especial”, llamada por Dios a vivir la humildad, la paciencia, y el servicio generoso a quienes viven situaciones como las que vivimos en mi familia”. 
 
“Gracias a la participación en el grupo, después de mucho tiempo de sobreproteger a mi hija, fui entendiendo que de esa manera no le ayudaba a crecer. Empecé a escuchar más a mis otros hijos y a realizar las labores de la casa en conjunto. Con las otras madres compañeras del grupo, vamos superando la soledad y ayudando a nuestros hijos a ser más independientes”.
 
“Mi hijo es para todos nosotros como el motor que nos ayuda a avanzar. Es gracias a él que encontramos fortaleza para seguir adelante como familia”.
 
Escuchemos también a uno de los adolescentes a quien visito como parte de la misión del grupo. Igual que sus dos hermanos mayores, quienes ya murieron, padece distrofia muscular y es consciente del avance de su discapacidad:
 
“Primero que todo mi enfermedad no es un castigo. Todo lo contrario. Para mi es una bendición. En los primeros años de mi enfermedad me sentía distinto a todos, pero al percibir el amor de Dios, y compartir con la hermanita Isabel, vi las cosas de otra manera. Entendí que el amor de Dios se encontraba más cerca de lo que creía: en el amor de mis padres y en la maravillosa familia que tengo, porque me quieren mucho y me ven como un chico alegre. Con ellos me siento como una persona normal. Creo que Dios me mandó a este mundo por una razón, para que, quienes sufren alguna enfermedad, cuando me vean encuentren esperanza y se den cuenta que aún así se puede vivir con alegría”.
 
Como hermanita de la Asunción, compartir con estas mujeres y con sus hijos, ha hecho crecer mi fe. En ellas no hay amargura, más bien hay siempre una sonrisa, expresión de su alegría al compartir las travesuras de sus hijos, más allá de sus limitaciones. Son niños con dificultades de lenguaje; muchos de ellos no caminan, no pueden comer solos…ellas les atienden de manera completa y lo hacen con gran dedicación y cariño.
Doy gracias a Dios y a la Congregación, por darme esta oportunidad de vivir y trabajar entre los más pobres y olvidados de nuestra sociedad. 
 
Isabel Taira, Hermanita de la Asuncion
Comunidad “San Martín”, Lima-Perú
24/07/2015
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