Paysandú-Uruguay Compartiendo experiencias de mis 50 años de vida entregada.

Deseo compartir con ustedes lo que me ha movido a celebrar y agradecer: ¡El gran Amor de Dios experimentado en mi vida y en estos 50 años de vida consagrada!

Soy nacida en Lota, Chile, una ciudad minera. Mis padres: Juan de Dios Torres y Berta Estela Zapata, personas muy comprometidas, eclesial, social y políticamente.
Somos 6 hermanos, 5 varones y yo la única mujer. Estudié en un colegio particular laico, en un colegio de religiosas y en el liceo del pueblo vecino. Durante este período, me llamaban la atención unas monjitas que iban y venían en bicicleta o caminando presurosamente por las calles de mí pueblo. Ellas habían llegado a Lota cuando yo tenía 15 años. Como a los 19 años fui buscando pretextos para conocerlas más de cerca, por esa época las hermanas tenían un dispensario y me vino bien que justo tenía que colocarme unas inyecciones, para entrar en contacto con ellas. Estas monjitas ¡Eran las Hermanitas de la Asunción!!
Me sentí muy bien acogida desde el primer momento. Comencé a salir con ellas a "la misión", como ellas llamaban a su trabajo, de ir cada día a las casas de las familias mineras y pobres, a lugares que, siendo Lotina, yo no me imaginaba existieran. Fui testigo del gran amor y respeto con que llegaban a los pobres y el gran cariño que las familias tenían a "la madrecita" o las “monjitas enfermeras” como las llamaban en ese momento.
 
En ese ambiente de humildad y sencillez, se respiraba algo lindo, especial, que ensanchaba el corazón: ¡el Amor de Dios, nuestro Padre! ¡Y qué hermoso experimentar el Amor de Dios en nuestras vidas! 
El sentirme hija “predilecta”, a veces viviendo experiencias más notables que otras. Sentir que El te lleva de la mano, guiándote, como cuando a los 14 años se me cayó encima un tacho de combustible encendido y me quemaba, ¡experimente que “alguien” me guiaba para poder apagarme y salvar la vida!
 
Cuando manifesté a los 19 años el deseo de ser Hermanita, mi mamá ¡feliz! Papá aceptó en un primer momento y después dio marcha atrás. En este tiempo fallece en un accidente mi sobrinito de 8 años, su primer nieto y regalón. La reacción de papá en medio de su dolor, fue: "En verdad, cuando Dios quiere algo, no nos pide permiso, lo toma nomás”
En ese mismo mes, mis padres, me acompañan a Santiago donde comenzaría la formación previa a la partida al postulantado en Argentina.
En aquellos años yo pensaba que dejaba a mi familia para siempre, ¡pero Dios no se queda corto en generosidad, permitió que fuesen atendidos los últimos años de sus vidas por su hija religiosa!
 
Al vivir la vida de Hermanita de la Asunción, experimento que mi familia ha aumentado enormemente con todas aquellas familias y personas con quienes he compartido la vida de Hermanita en seguimiento de Jesucristo Servidor y Salvador.
 
Experimento que Dios me ha dado la misión, como a cada Hermanita a través del mundo, de ser ese instrumento, por cual Dios mismo, en forma visible, llega a cada persona, para manifestarle su amor, en el momento adecuado, de una manera discreta, a través de un sencillo servicio, de una atenta escucha, de un necesario acompañamiento, contribuyendo así a que este Reino de Dios, de Verdad, Amor y Justicia vaya siendo una realidad en medio nuestro.
Apoyando todas estas vivencias, recuerdo las palabras de Cristina, una abuelita no vidente y muy pobre, a quienes me tocó atender un tiempo. Cada día me recibía con un: ¡“felices los ojos que la ven hermanita”! Y al 5º día, le dice a Manuel, su marido: “¡Viste viejo, como Dios no nos había abandonado!”
¡Es la sabiduría de los humildes ¡Esto realmente me marcó desde joven hta! ¡Somos ese instrumento del Amor de Dios en cada encuentro!!!
A través de todos estos años, Dios fue amasando y formando mi vida en el compartir cotidiano, en los distintos lugares a los que fui enviada. 
¡Todo esto me llena de gozo y agradecimiento!!! ¡María Madre es mi compañera de camino ¡
 
El sábado 29 de Octubre 2016 la Capilla Nuestra Sra. del Pilar se vistió de gala. La comunidad cristiana, fue recibiendo a las personas venidas desde los distintos lugares de la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús y sus capillas como también amigos venidos desde Concordia-Argentina, donde compartí tres hermosos años: vecinos, feligreses de la Capilla San Pantaleón, familias de los talleres de pintura, Religiosas amigas Frnas. Misioneras de Asís. Amigos de 2 grupos folclóricos “Los Aromos” y “Rio Uruguay.” Esos días Mirandolina y yo contamos con la compañía y apoyo de Gladys Gutiérrez y Glaides Austria venidas desde Buenos Aires.
La Eucaristía presidida por el Párroco Padre Jesús Weisensee fue muy participativa. Allí hicimos presente a mis compañeras: Liliana Salas, Micaela de Wilde e Isabel Taira. 
 
Maria Estela Torres Zapata, HA
 
 
 
 
29/03/2017
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