Pascua 2013

No temáis; id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán. …Id a proclamar la Buena Noticia (Cf. Mt 28,5-8; Mc 16,15)

Ir, marchar, caminar… verbos que nos hablan de ruta, de camino, verbos que nos dejan vislumbrar algunas actitudes de la vida de Jesús, de la historia de su pueblo, de la historia de la Iglesia.
 
Estar en camino, es lo propio de la humanidad. También lo estamos en este tiempo de Cuaresma que nos conduce hacia Pascua. Caminamos en este tiempo marcado por ricos acontecimientos: la dimisión del Papa Benedicto XVI y la acogida de nuestro nuevo Papa Francisco, la invitación a celebrar en todos los continentes « el Año de la Fe » y la preparación del Capítulo extraordinario.
Auténtico camino de fe en búsqueda de Jesús resuscitado, en comunión con la Iglesia universal.
 
No es un camino rutinario, sin relieve, vacío. Al contrario, es un camino de discípulo que nos llama a abrir el corazón, para oír la llamada constante: la « del amor de Cristo que llena nuestros corazones e impulsa a evangelizar. Hoy como entonces, nos envía por los caminos del mundo, para proclamar el Evangelio a todos los pueblos de la tierra. Con su amor, Jesucristo atrae a El a los hombres y mujeres de todas las generaciones: en todo tiempo, convoca a la Iglesia, confiándole el anuncio del Evangelio con un mandato siempre nuevo. Por esto también hoy, es necesario un compromiso eclesial más convencido de una nueva evangelización, para redes-cubrir la alegría de creer y reencontrar el entusiasmo de comunicar la fe. […] En efecto, la fe crece cuando se vive como experiencia de amor recibido y cuando se comunica como experiencia de gracia y de gozo. [...] Los creyentes, afirma San Agustín, ‘se fortalecen creyendo’ [...] La fe crece y se fortalece solamente creyendo; La posesión de una certeza en nuestra propia vida, solo es posible mediante el abandono, en un crescendo contínuo, entre las manos de un amor que siempre se experimenta mayor, porque tiene su origen en Dios. » La Puerta de la Fe, N° 7 Benedicto XVI
 
¿No es acaso la experiencia que María-Magdalena, María y Salomé estaban viviendo, cuando caminaban hacia el sepulcro para encontrar un muerto y manifestarle gestos de ternura y de respeto? Y su inquietud, su incertidumbre en el camino: ¿Quién nos apartará la piedra?
¿Podemos también nosotras dar nombre a las piedras que tenemos que apartar para dejar lugar a la vida?
  • ¿Qué piedra removeré para ser mujer de diálogo, de perdón, de encuentro en mi comunidad?
  • ¿Qué piedra desplazaré para hacer de mi fe, una fe en actos de justicia y de caridad, una fe que venza la timidez para expresarse?
  • ¿Qué piedra apartaré para ensanchar el espacio de mi tienda y dejarme sorprender?
¡Pero he aquí que al llegar al sepulcro, las mujeres ven que la piedra ha sido apartada! Signo fuerte que nos introduce en el simbolismo de la puerta abierta, para dejar espacio a la novedad, a la Vida. Fuerza del Espíritu que sostiene nuestra propia fe.
  • Es la fe que nos ayuda a cambiar de mentalidad y a mantener la esperanza en un mundo que sufre y es violento.
  • Es la fe que tenemos en las capacidades de las personas con quienes nos relacionamos, que nos hace descubrir la fuente que mana siempre.
  • Es la fe que nos hace creer en la Iglesia, con sus riquezas, sus heridas, sus debilidades. Esta Iglesia « Iglesia que se transforma como todo ser vivo y cuyo corazón es Cristo. » (P. Guardini), que continúa su misión.
  • Es por la fe que hombres y mujeres han respondido a la llamada de Cristo y han dado testimonio de su ser cristiano, en su familia, en su profesión, en su vida pública, en su barrio…
Con Cristo, también nosotras estamos invitadas a abandonar nuestros viejos caminos y a convertirnos en una « criatura nueva » (Sn. Pablo). Estamos invitadas a emprender este camino de discípulas que nos hace escoger la vida resueltamente.
 
No nos cansemos de vivir en compañía con Cristo, para ser como las mujeres en la manaña de Pascua, como los discípulos descubriendo en las heridas de sus manos, toda su humanidad y toda su gloria, discípulos que confían y están plenamente seguros en medio de sus debilidades, de la fuerza del Dios vivo. Entonces habitará en nosotras la Alegría de Pascua, porque «el amor real de Dios dilata el corazón y le hace anhelar grandes cosas. » E. Pernet
 
¡En verdad, Cristo ha Resucitado, vamos a anunciarlo!
¡Buena Fiesta de Pascua!
 
Las Consejeras generales
29/03/2013
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