Nueva Zelanda - Viaje al corazón del misterio de Dios y del Reino de Dios

Con su claro cielo luminoso, sus noches estrelladas, sus pastos verdes lujuriantes, el agua del Pacífico Sur que la envuelve, Nueva Zelanda da la impresión de ser un lugar de ensueño.
 
Estos 20 últimos años, el país ha conocido profundos cambios, y la población ha aumentado hasta llegar a los 4,5 millones de habitantes, con una multiplicidad de identidades “nación-ales”: una persona sobre 8 es de origen asiático (los dos-tercios de los habitantes de Auckland); el país está diversificado en muchos aspectos en razón del crecimiento de las migraciones y del número de refugiados.
 
Esto hace de Nueva Zelanda un país relativamente pequeño, joven, con múltiples identidades y valores culturales. No es raro ver dos familias o más durmiendo bajo el mismo techo y muchos niños viviendo en hogares con ingresos limitados, con problemas de salud y hospitalizaciones debidas a alojamientos de calidad mediocre, húmedos y fríos; un niño sobre 4 pasa hambre, encuentras a menudo graves problemas de violencia doméstica; después de seísmos sufridos en la parte sur del país, entre otros problemas, se asiste a un importante aumento del número de depresiones y suicidios; en fin, durante el periodo de elecciones, la esfera política aparece bajo una luz poco gloriosa.
 
Recientemente, tres Hermanas de Nueva Zelanda asistieron a una concentración en la Catedral sobre el tema de la “Solidaridad con los Cristianos Iraquís en Mossoul”. Asistieron más de 1.000 personas. Se nos habló de la historia de la cristiandad en Iraq, y de las persecuciones incalificables a los iraquís. Una joven de 14 años contó que ella había visto ejecutar a su hermano y a muchos hombres de su pueblo en fila y de un tiro en la cabeza, y cómo su pueblo debía huir dejando todo tras ellos (salvo los recuerdos).
Se subrayó un grave problema: “¿Qué hacen las Naciones Unidas para proteger a la humanidad?”
 
Se firmaron peticiones al gobierno de Nueva Zelanda para que deje entrar en el territorio una “cuota especial” de nuestros hermanos y hermanas de Iraq. El encuentro terminó con una manifestación en la calle principal de Auckland.
 
Presencia: Al inicio del año, me uní al equipo de la Sociedad de San Vicente de Paul de Otahuhu. Algún tiempo antes, habíamos hablado del número de gente sin techo y de personas que padecían hambre en el sector; decidimos montar una “sopa solidaria” que hoy se sirve a intervalos regulares. Un hombre de unos 25/30 años vino a compartirnos su situación y notábamos su sufrimiento, su miedo, su soledad a medida que se explicaba. Su padre, con el que había vivido, había muerto recientemente y se quedó sin domicilio. Padece bipolaridad y duerme bajo un puente: no le gustan los centros de acogida porque teme que hayan demasiados robos y problemas. Espero que vuelva a venir para poder ayudarle de una u otra forma.
Gabriel
 
Escucha y esperanza: Yo trabajo en Pregnancy Help, organismo que ofrece apoyo confidencial a mujeres y a sus familias cuando la mujer está embarazada y necesita ayuda. Un día una adolescente encinta entró en el local porque quería abortar. Temía hablar con sus padres y con su amigo, porque el bebé no era para nada deseado. Estaba fuera de sí y necesitaba ayuda urgente. Después de lograr que se calmase y retomara ánimos para contar su historia y de compartir el impacto de su embarazo, pude proponerle varias opciones para que ella las reflexionase. Esperaba que diera a luz y se quedara con el niño, pero no se lo dije. Le prometí que podía contar con la Organización Pregnancy Help y con mi ayuda, y le expliqué que nosotros respetábamos la vida y el derecho del bebé a nacer. Marchó con el corazón un poco más ligero y agradecida por haber podido compartir su situación con nosotros.
Algunas semanas más tarde, volvió para decirme que había decidido dar a luz, quedarse con el niño y sus padres habían aceptado la situación: le habían prometido darle a ella y al bebé, toda la atención y el afecto posibles. El padre del niño también quiere hacerse responsable de su hijo cuando nazca. Fue la buena noticia para ese día de misión.
Leiola
 
Refugiados: Desde hace varios años formo parte del equipo del Programa para Refugiados en Manukau; una de las familias de refugiados que acompañé para su alojamiento, escuela, etc. y para su integración en su nuevo entorno, están actualmente bien instalados y felices con su vida en Nueva Zelanda. Las dos hijas, Feudah y Rosaidah, van contentas a la escuela, hacen muchas amistades y se sienten muy a gusto con el inglés que ahora es su segunda lengua. Ambos padres aprenden inglés, al ritmo de cinco clases por semana. La comunicación resulta cada vez más fácil para ellos, y con la ayuda del Skype, pueden también comunicarse con el resto de su familia que ha permanecido en Malasia y en Birmania.
En octubre del año pasado, tuvieron el tercer hijo (en Nueva Zelanda, se dice “tener un Kiwi”): una niña que se llama Jodeah, y esperan el cuarto para el próximo diciembre.
Nosotras estamos invitadas a celebrar con ellos el fin del Ramadán: tiempo de compartir, de intercambio de regalos y alimentos. Nos complace ver a una familia instalada y en verdad feliz de estar en su nuevo país.
Eleni
 
Soplo de vida: trabajar con pacientes que sufren Apnea Obstructiva del Sueño (OSA) es, a veces, difícil. Estas personas fácilmente pueden tener micro-dormición cuando conducen, ya que su sueño nocturno no es de buena calidad. Para evitar que los conductores de camiones, de autobuses o de taxis que utilizan un CPAP tengan un accidente al conducir, la ley estipula que hagan un informe anual con los datos recogidos de la máquina y se envíe a la Asociación de Transportes para poder renovar el permiso de circulación. Están obligados a utilizar el CPAP cada vez que duermen de 6 a 8 horas por noche. Después comprobamos los datos transmitidos por la máquina y los enviamos a su médico, que envía un informe a la Asociación de Transportes: si el informe no responde a las condiciones requeridas, la policía va al domicilio y confisca el permiso, lo que impide que puedan reemprender el trabajo hasta que no se registra una utilización adecuada de la máquina.
Durante los dos meses siguientes, vienen a la clínica cada tres semanas con la máquina para verificar su conformidad hasta que su médico, a la vista de los informes enviados, juzga que ya pueden, sin riesgo, volver a trabajar; él lo notifica entonces a la Asociación de Transportes a fin que esta última les devuelva el permiso.
Conocemos a un padre de familia que utiliza la máquina desde el 2006, y al que le han confiscado el permiso 3 veces en el curso de los 7 últimos años. Se separó de su mujer y de sus 5 hijos, y está viviendo en su coche. Nos confió que iba a menudo a la Biblioteca Municipal para encontrar un rincón tranquilo con toma eléctrica donde poder enchufar su máquina y poder dormir 3 ó 4 horas, pero no puede hacer esto siempre. Pasa una pensión a su mujer para los hijos y no le queda dinero para alquilar habitación para él. Trabaja conduciendo un camión 5 días semanales, durante los cuales recorre largas distancias y conduce durante largas horas. Tiene familia en el sector pero no quiere molestarles. La última vez que se quedó sin permiso, entró en la clínica gritando: “¿Quién va a entregar el dinero para mis hijos mientras estoy sin permiso y sin trabajo?”
(Hay muchas cosas que se consideran normales, y nos damos cuenta que una buena noche de sueño no es posible a todo el mundo).
Manusiu
 
Lo que no se ve. En el conjunto de la población de Otara, hay gente que no vemos, que están escondidos. Yo he tenido la suerte de visitar a tres de ellos.
John quedó paralítico después de un accidente de circulación que ocurrió hace 38 años. Vive solo y depende completamente del personal auxiliar que va a su casa dos veces al día para nutrirle y ocuparse del aseo. Durante el invierno, pasa todo el tiempo en la cama, pero durante los meses de verano, sale y se pasea en su silla de ruedas eléctrica. Es un hombre increíble, en paz consigo mismo y con el mundo. Durante mis visitas semanales, tenemos conversaciones extraordinarias.
Margaret, con 85 años, ha sido operada recientemente para obtener un nivel correcto de audición. Mi misión es hacerle una reeducación con la finalidad de que oiga y comprenda una conversación normal. La última semana, después de años fue a la biblioteca por primera vez y estaba muy contenta de poder oír al personal y de responder.
Tran no habla inglés y teme salir si no la acompañan sus hijas. Estas detestan hacer este papel y sienten a veces vergüenza de su madre, que lo sufre profundamente. Justo acaba de empezar con nosotras el aprendizaje de la lengua local y si logra aprender pondremos fin a este aislamiento social.
Auckland tiene una población de 1 millón de habitantes, de los cuales el 40% no han nacido en Nueva Zelanda; para un gran número de ellos, adaptarse a un nuevo país y a una nueva lengua resulta difícil.
Michelle
 
Que vuestro amor / vuestro trabajo hablen Jesucristo: 
La mayor parte de mi misión actual consiste en dar apoyo a personas mayores o enfermas, también cuidados paliativos o moribundos del sector. Como por ejemplo Libby (hemos cambiado el nombre): la conocí porque hice mi formación de enfermera en Hutt Hospital como HA. Yo era alumna de enfermería y Libby era en esa época una mamá con niños pequeños. Ella trabajaba a tiempo parcial de noche, como enfermera diplomada. Era una enfermera muy atenta, con un sentido del humor extraordinario. Hablaba a menudo de su educación católica y de recuerdos que conservaba de Hna X. Después de obtener mi diploma, dejé el Hospital para volver a la misión comunitaria HA y me aleje durante algunos años de aquel sector. Cuando volví, nuestros caminos se cruzaron a veces con Libby pues ella continuaba trabajando en el Hospital. Después nos perdimos de vista. Libby realizó su sueño de poder pasar más tiempo con sus nietos.
 
Un poco más tarde, recibí una llamada del Centro Católico que me decía que Libby quería tener mi número de teléfono, etc. Poco después Libby me llamó. Las noticias no eran buenas ya que acababan de diagnosticarle un tumor cerebral y a ella le costaba cada vez más hacer los trabajos cotidianos, por eso buscaba alguien para ayudarla a hacer las compras (no podía conducir y su marido tampoco estaba bien). Acepté ir a visitarla para ver qué se podía hacer para ayudarla, pero cuando llegué a su casa, ya no necesitaba ayuda para hacer las compras, pero quería que la llamara y la visitara regularmente. Mis años de experiencia como Hermanita me habían enseñado que a menudo el problema que se expresa no es el verdadero problema. En el caso de Libby, ella era católica pero no practicante, y yo tenía la impresión que, ante la muerte, buscaba algo más profundo, ante lo que hacía falta que yo diera muestras de delicadeza. 
 
A menudo, durante mis visitas, mientras le masajeaba los pies, ella suscitaba algunos temas “religiosos”. Finalmente un día, le pregunté si quería que le pidiera al párroco que la visitara. Ella me respondió con un “no” rotundo, decía que le gustaba simplemente hablar y bromear conmigo. Abordamos muchos temas durante estas visitas y yo me sentía satisfecha de poder vivir concretamente las palabras del Padre Pernet “Que vuestro amor y vuestro trabajo hablen Jesucristo”. Libby empeoraba, tuvo que ingresar varias veces en el hospital, luego se la admitió en el centro de día donde se encontró con el Padre T., capellán del hospital que le conocía bien del tiempo en que ella trabajó allí y con quien se sentía a gusto. El empezó a visitarla regularmente lo cual la reconfortaba mucho. 
 
Su estado empezó a degradarse rápidamente. Yo notaba que ahora podía rezar con ella en cada una de mis visitas; Libby ya no podía responder, pero aún así, para su marido -que la velaba- (y era católico no practicante) esto parecía tener mucha importancia para él. Cuando se percibió que la muerte era inminente, una de sus hijas empezó a hablar de funeral diciendo que Libby no quería funerales religiosos, pero deseaba que el Padre T. presidiera la ceremonia y pedía que yo hiciera una de las lecturas. Me emocionó esta petición, pero desgraciadamente no pude asistir al funeral y no pude responder al deseo de Libby. Fue incinerada algunas semanas más tarde, su hija me llamó para invitarme a la inhumación de las cenizas de Libby. Me gustó poder asistir, y la ceremonia, que fue muy sencilla y emotiva, me ayudó a hacer el duelo. No se sabe nunca como el Señor a través de nosotros actúa en la vida de otros. Descansa en paz Libby. 
Barbara
 
Familia nuclear: Todo empezó el domingo 29 de junio del 2014 durante la misa. Joshua, que estaba sentado en un banco con su familia, se levantó para venir a sentarse a mi lado. Después de la misa, este niño de 9 años me dice: “Mamá tiene un bebé en la tripa”. Me inquieté al oírlo porque su madre había tenido embarazos complicados. Además de sus dos hijas (Kate, 5 años y Lily, 3 años) Susan había sufrido un aborto de un mes, seguido de un embarazo extrauterino que tuvo por consecuencia la rotura de una de las trompas de Falopio, y estuvo cerca de lo peor. Después de esta experiencia traumatizante Susan atravesó una fase de depresión grave y de ataques de pánico por lo que toma antidepresivos.
Después de la misa, fui a hablar con Susan. Me confirmó que estaba encinta y que ya tenía nauseas típicas del principio de embarazo. Empecé a preocuparme por el bienestar de esta mujer. Seguramente esto tiene mucho que ver con nuestro carisma y con nuestro amor por la Familia, esta “iglesia doméstica” que sin cesar se la pone en cuestión en nuestro mundo moderno. Debe ser un fenómeno internacional, como el Papa Francisco remarcó recientemente: la gente prefiere tener animales domésticos (gatos y perros) mejor que bebés.
 
Además de la parte fisiológica de este embarazo, hay que tener en cuenta el coste financiero. Desde hace algunos meses, Susan trabajaba a tiempo parcial para ayudar a pagar la deuda inmobiliaria, etc. ¿estará en condiciones de seguir trabajando ahora? No lo sabemos. Pero haremos todo lo que podamos para ayudar a esta familia. Aprovecho para pedir a nuestras Hermanas que recen por el bien de esta familia, Ted, Susan y sus 3 hijos Joshua, Kate y Lily. Muchas gracias. 
Veronica Hackett
 
En Papatoetoe, el 14 de agosto, nos reunimos con algunos amigos para celebrar la Misa de vigilia y repetir la Oración del Convenio, seguido de una buena cena, después tuvimos un rato distendido donde hablamos y reímos.
 
Trudy, Michelle, Rachel, Leiola, Senia, Manusiu, Eleni
 
Estamos unidas a todas nuestras Hermanas, laicos y amigos: nos reunimos regularmente con nuestros amigos para compartir reflexiones sobre el Carisma y nuestros Fundadores, y proyectamos celebrar el 150 ani-versario en el 2015, que coincidirá con los 60 años de nuestra llegada a Nueva Zelanda.
17/11/2014
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