Nueva Zelanda - Reflexiones y recuerdos…

Dentro del marco de la preparación de nuestra celebración de los 150 años de la Fundación de las Hermanitas de la Asunción en 1865, pedimos a algunas familias con quienes hemos trabajado a lo largo de los años, si querían compartir algunas reflexiones o recuerdos de sus experiencias respecto a las HA en sus vidas. ¡Algunas de estas reflexiones son una verdadera lección de humildad!

Las Hermanas llegaron a Petone en 1957 y se establecieron en Britannia Street, nº 48. La casa había sido anteriormente una casa privada (creo que había servido como pensión familiar) y debieron pensar que podía ser adaptada para acoger a una comunidad. Las 5 hermanas debieron sentir terriblemente la estrechez.
 
Recuerdo aquel domingo de la apertura oficial, con la bendición del Señor Arzobispo Monseñor McKeefry. Llovía a cantaros y la celebración tuvo que celebrarse dentro de la iglesia. El Arzobispo dijo que esto de la lluvia no era grave ya que nada podía ensombrecer la alegría de tener a las hermanas en la Parroquia. El párroco, el padre O’Donnell, opinaba lo mismo, yo pienso que su alegría procedía también del hecho que la parroquia de Petone tenía así, por la presencia de las Hermanas, una ventaja que las otras parroquias de la región del Hutt no tenían.
Al día siguiente, el Arzobispo vino al convento para celebrar la primera Eucaristía y bendecir la casa. Junto a otro monaguillo, fuimos escogidos para ayudar a misa. Tuvimos que ponernos las albas en la iglesia y atravesar Britannia Street para llegar al convento. Felizmente para nosotros, no había mucha gente en las calles a las 6.30 de la mañana. El Arzobispo hizo un pequeño discurso para decir que era una suerte poder contar con las Hermanas entre nosotros, pero creo que una gran parte de su discurso resbaló por encima de nuestras cabezas. Sobre todo estábamos preocupados por volver a casa para desayunar antes de ir a la escuela. Si lo recuerdo bien, la capilla era minúscula y estábamos muy apretados, con las cinco hermanas, el Arzobispo y nosotros dos, los dos monaguillos.
La misión de las Hermanas consistía en proporcionar ayuda a las familias (católicas y no católicas) cuando la madre estaba enferma y el padre debía continuar trabajando. 
Había todo un equipo de señores de la parroquia, que eran voluntarios para llevar por la mañana a las hermanas a casa de los enfermos, volverlas al convento al mediodía para la comida y hacer lo mismo por la tarde. Mi padre las llevaba el fin de semana cuando podía. Un día, cuando las devolvía a su casa, un automovilista que se había saltado un stop en ‘Cuba St.’ golpeó su coche. Por suerte, no tuvo grandes consecuencias y las Hermanas hicieron como si no entendieran los adjetivos que él decía. Al menos pudo volverlas al convento.
Más tarde, las Hermanas recibieron scooters y motocicletas, y mi padre las enseñó a conducir. Fue una gran alegría cuando obtuvieron los permisos, y toda la ciudad se acostumbró a ver pasar a las ‘Hermanas Scooters’.
 
No recuerdo el nombre de todas las Hermanas, salvo el de la superiora, Madre Verónica, que era francesa (me parece que las otras eran irlandesas). Mi familia se benefició de su ayuda, y Madre Verónica dejó en nosotros una profunda huella ocupándose de mi madre. Mis padres no lo olvidaron nunca. Era una mujer de gran sabiduría. Una de las primeras Hermanas de su comunidad cayó enferma después de haber estado algún tiempo en la parroquia, y cuando murió, toda la parroquia estuvo de duelo. Nunca he visto una iglesia tan llena para unos funerales. Las Hermanas eran muy admiradas por su trabajo y muy respetadas en todo Petone, y no únicamente en la parroquia. Creo que de muchas maneras fueron precursoras de Juan XXIII y del Vaticano II.
Gerard
 
Recuerdo la gratitud de mis padres hacia las Hermanas por la ayuda que recibieron de ellas, y esto nos influyó al hacernos mayores. Recuerdo muy bien haber ayudado a poner imperdibles en las chapas para las Street Day Appeals (jornadas de colecta de fondos en la calle) y ¡como no! de haber esperado en la estación desde las 6h30 de la mañana hasta la hora del tren para ir a la escuela y más tarde al trabajo.
Helen (Naenae)
 
Hermana Johanna o Hermana Patrick como se la llamaba entonces, conducía una mini verde, y a veces una Scooter, sin casco: Se la veía llegar por Kensington Avenue con su hábito flotando al viento. Recuerdo de la manera en que una de las hermanas pasaba el aspirador en la casa de Britannia Street: empezaba por repartir confeti por toda la casa para luego asegurarse de no dejar de aspirar ningún rincón.
Recuerdo cuando mamá estaba en el hospital para dar a luz, una de las Hermanas vino a nuestra casa para ayudar y se dispuso a planchar. Nuestra plancha estaba tan estropeada que incluso tenía un agujero en la parte de arriba: la hermana creyó que era plancha de vapor, y cuando echó agua en el agujero… ¡para qué deciros cómo explotó!
A veces las Hermanas dejaban en nuestra casa paquetes de alimentos, y era estupendo porque no eran pequeñas cantidades, eran cajas enteras de cada cosa: un día, por Pascua, recibimos cantidad de chocolate, no nos parecía tan extraordinario cuando se trataba de leche en polvo…
Patrick (Petone)
 
Uno de mis más antiguos recuerdos se remonta a cuando las Hermanas venían a fregar el suelo de la casa cuando mi madre estaba en el hospital. Recuerdo especialmente a Hermana Johanna, servidora doméstica de la iglesia y de las familias más pobres, como la nuestra, en la parroquia. Ayudó mucho a mi madre con su trabajo en la guardería gratuita ofrecida por la parroquia. Su presencia fue una gran suerte para la parroquia. Las Hermanas jugaron un papel importante en mi vida, y les estoy extremadamente agradecida.
 
Estas buenas Hermanas están llamadas a ayudar a la población y a expander la Palabra de Dios por sus obras de misericordia. En su casa de Britannia Street, sé que pasan buena parte de su tiempo en oración, silencio y reflexión. Recuerdo que yo me unía a ellas en sus devociones. Después marchaban a casa de los enfermos para hacer todo lo que podían: ayudar a los pobres, curar o dar un consejo espiritual. Lo que me impresionaba al ver esto desde el exterior, era que la oración fundamentaba la base de su obra. Ahora creo que para llegar al bien que hacían empezaban con una formal e importante oración para acabar con una oración agradecida.
 
Aprovecho esta ocasión para felicitarles por este 150 aniversario, y para expresar mi gratitud personal a todas las Hermanitas de la Asunción que me ayudaron en mi formación, como también a mi familia, por la oración y los actos. Tengo un buen recuerdo de este periodo del pasado, veo la belleza de su sacrificio y de lo que ofrecían: ¡Que por ello reciban bendiciones y gracias! Su ejemplo es tan necesario hoy en día que espero que sobrevivan y proliferen a pesar del movimiento actual de seculari-zación de los religiosos.
 
Acabaré con este mensaje para rendirles homenaje:
Cuando servís al Señor con todo vuestro corazón y Su vida brilla a través de vosotras para esclarecer el camino para otros, alegraos sabiendo cuanto contribuís a Su reino. Por las obras, el amor y la buena voluntad que extendéis en toda la sociedad, que Dios os bendiga.
Brendan
 
Recuerdo muy bien a Hna Mary Rice. Mamá tenía un enorme respeto hacia ella. Vino a trabajar a New Plymouth. Años más tarde, cuando me trasladé a Taranaki, vino a verme a Okato varias veces. Algunos años después fui a su funeral.
Las Hermanas nos proveían de la mayor parte de nuestros regalos de Navidad ¿De dónde podían proceder?  
Theresa
 
Recuerdo con mucho afecto el trabajo, silencioso pero eficaz, de las Hermanitas de la Asunción en numerosas familias de Petone. Jamás nos hicieron sentir vergüenza como lo hacen sentir otras obras de caridad, sino más bien la dignidad de una familia que tenía necesidad de que se le echase una mano de vez en cuando. Su constante alegría, su amabilidad permitieron mucho apostolado en nuestro sector. ¡Veíamos como el brazo de la iglesia llega a los márgenes de la sociedad sin hacer ruido!
 
Su trabajo en las familias insulares de Petone era legendario, ya fueran familias originarias de Tokelau, Tonga o Samoa, y ellas cambiaron el des-tino de un gran número de perso-nas ayudándolas a comprar su casa, a educar a los hijos, a encontrar un trabajo decente, dando respuesta ante cualquier necesidad.
Hermana Johanna era especialmente cercana a mi familia, y fue un apoyo y una amiga para mi madre que tenía 10 hijos y medios económicos muy limitados. Juntas, y con otras madres del sector, crearon una guardería en Tokelau, que funcionó en la sala de la parroquia del Sagrado Corazón durante muchos años desde el inicio de los años 70. Muchas madres de Tokelau siguieron la carrera como educadoras de niños; ellas se inspiraron en el ejemplo y la dedicación de las Hermanitas de la Asunción y por el amor que tenían a los niños de los que se ocupaban.
 
Ahora Petone es una parroquia muy diferente en razón de la influencia de estas Hermanas entre nosotros. Desde lo que yo conozco, en nin-guna parte de la región hemos visto tales resultados positivos para las minorías en tér-minos de éxito en la educación, de valores solidamente anclados, de ciudadanía, de participación en la iglesia… la lista continúa. En la base de todo esto, estaba el apoyo material, el ánimo y la ayuda práctica que las Hermanitas ofrecían para ayudar a la comunidad Tokelau para integrarse en la sociedad neo-zelandesa.
 
Mónica (Petone)
 
El Padre Clancy me presentó a las Hermanas de la Asunción en 1969 cuando yo trabajaba en la Casa de Compasión en Wanganui.
En 1971, me marché de Tonga para casarme. No tenía familia aquí. Volví de visita al convento de Petone y dije a Hna Johanna Heffernan que iba a casarme. Ella me dio un vestido de boda, velo y guantes, todo había sido usado por una de las hermanas en su profesión. Nunca olvidé esto; estaba allí sola, no tenía familia. Después de aquello las Hermanitas de la Asunción se convirtieron en mis padres, mi familia en Nueva- Zelanda. 
Las Hermanas me salvaron la vida cuando me iniciaron al Planning familiar natural en un momento en que me sentía agobiada por embarazos sucesivos.
Las Hermanas de Tongo me ayudaron compartiendo nuestra cultura en un momento en que yo me sentía sola en el país. Les abrí mi casa y siempre fueron bienvenidas si necesitaban algo de mí.
 
Hna Johanna y las Hermanitas de la Asunción iniciaron un plan de ayuda a los inquilinos por el que podíamos alquilar la casa con derecho a compra. Y ahora, la mayor parte de las familias Tokelau de Petone se han convertido en propietarios gracias a ese plan.
Al nacimiento de mis hijos, las Hermanas vinieron a ocuparse de mí, hacer las compras, lavar la ropa y velar sobre mi familia hasta que yo misma pude ocuparme de todo.
Mi primer hijo varón, Stephen, tenía un problema de corazón, y las hermanas me ayudaron a cuidarlo y permitieron que yo descansara en esa época en que estaba nerviosa y agotada. Y cuando Stephen sufrió una operación importante de corazón, Hermana Johanna se sentó a mi lado en el hospital para acompañarme cuando la intervención no dio resultado y Stephen murió. La Hermana nos acompañó hasta casa y permaneció con nosotros, pues estábamos derrotados por el dolor ante la pérdida de nuestro hijo.
Sin las Hermanitas, no creo haber podido sobrevivir, ni que hoy estuviera tan bien como estoy.
Añoramos a las Hermanas de Petone, sobre todo por nuestros jóvenes cuando estos pasan dificultades; antes las hermanas estaban siempre presentes para ayudarles con sus oraciones, sus consejos y su ayuda económica.
Gracias, hermanas mías, por haberme salvado la vida durante todos estos años. Mi familia y yo no os olvidaremos jamás.
Akata (Petone)
 
Damos gracias infinitas a la comunidad Nuestra Señora de la Asunción de ‘St John Evangelist’ de Otara, Auckland, NZ, por su apoyo y su ayuda a nuestra familia con alimentos, las salidas escolares, la ropa que necesitábamos. Nosotros damos a conocer a otras personas este servicio, así como sus continuas visitas y oraciones por los enfermos. Que Dios las bendiga a ellas y a su gran obra en la comunidad parroquial de St John the Evangelist, Otara.
Augustino y Kolopa (Otara)
 
“Que vuestro amor, 
que vuestros actos hablen Jesucristo” Padre Etienne Pernet
 
Desde nuestra primera fundación en Dunedin en 1955, han cambiado muchas cosas: el número de hermanas, el contexto, el tipo de misión, pero oramos para que estas palabras del Padre Pernet continúen guiándonos e inspirándonos. 
 
Barbara, Hermanita de la Asunción, (Petone)
 
Abril de 1959 - Las "Hnas. Scooters", Petone
 
 
1980 - Marian Mothers group, Mihi Pickering, HA, con los mas jóvenes
 
 
 
Diciembre de 1977 - Ha Theophane. Pinic con los niños de la guardería
 
 
1957 - Casa inicial de Britannia Street
 
 
Centro Polinesio Porirua. Mary Lomano, Val Raphael y Ha Veronica
 
 
1976 - Centro Polinesio, Porirua, la guardería
 
 
 
1960 - Ha Brigid Bernadette (Bernadette Reilly) con los hijos McCombie
13/10/2015
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