Nuestra vida en Bobo-Diulasso

El Espíritu sopla donde quiere para continuar la obra de Dios en el mundo. Hoy el Señor nos dice como a Abraham: “Deja tu país, tus parientes y la casa de tu padre y ves al país que Yo te mostraré”. (Gen 12, 1-13) Con esta palabra el Señor nos invita a ensanchar el espacio de nuestra tienda. Después de un tiempo de búsqueda, de reflexión, de diálogo y de discernimiento para la nueva fundación, la Congregación decidió implantarse en Burkina Faso.

Burkina Faso es un país de África del Oeste que antiguamente se llamaba Alto-Volta. Este nombre proviene del río y de sus tres afluentes (Volta rojo, Volta negro y Volta blanco). Es un país muy pobre sin acceso al mar, limitando con Mali al norte, Nigeria al este, Benin al sur-este, con Togo y Gana al sur y la Costa de Marfil al sur-oeste. Su capital es Ouagadougou, situada en el centro del país. Burkina Faso es un país musulmán en su 69%, animista el 15,4%, católico el 12,8% y protestante en un 1,9%. La población del país es aproximadamente de 13,9 millones de habitantes y está compuesta por 65 etnias diferenciadas por su lengua, sus tradiciones y sus costumbres. Los principales grupos son: Massi (49%), Peol (8%), Bobo (7%), Gourounsi (6%), Dioula, Sénoufo y Seamou (2%), el resto de grupos representan cerca del 8%. Es también uno de los países más pobres del mundo.
 
La población vive de la agricultura, de la cría de animales y de pequeños comercios ambulantes: venta de frutos y de legumbres en la calle, ante las puertas de las casas y en los mercados, La mayor parte de su género tales como cuadernos, telas, productos de higiene… provienen de países vecinos. La gente es en general muy creativa en la búsqueda de medios para sobrevivir. Es un pueblo muy trabajador.
 
Sus habitantes no tienen suficiente agua para la vida cotidiana y les falta también transportes públicos. Cada familia se desplaza con ayuda de una moto o bicicleta, a veces a pie, incluso para recorrer largas distancias. A pesar de estas condiciones tan precarias existe siempre en este pueblo de Burkina una gran fuerza de vida. No deja de practicar los valores africanos como la amabilidad, la aco-gida, el compartir y sobre todo la hospitalidad..
 
Comunidad / « El universo entero os está abierto» (P. Pernet)
 
Animadas por el envío misionero y la llamada del Señor para nosotras, Hermanitas de la Asunción, en este instante de la historia de la Congregación, llegamos a este país con el deseo de compartir y enraizar aquí nuestro Carisma. “Procurar la Gloria de Dios por la salvación de los pobres y los pequeños” (E.Pernet). En Burkina Faso nuestra comunidad se sitúa más concretamente en Bobo Diulasso, que se halla a 350 kilómetros de la capital Ouagadougou, a unas 5 horas de autobús. Bobo Diulasso es la segunda ciudad del país, con una población de 1.643.103 habitantes.
Desde el 13 de septiembre nuestra comunidad está constituida por cuatro hermanas de distintas nacionalidades. 
 
 
Tres de votos perpetuos y una juniora. María Teresa y María José son españolas, Ágda brasileña y Vandaline, la juniora, es de la República Democrática del Congo. Mª Teresa y Mª José fueron las primeras hermanas en llegar a Burkina, en diciembre del 2010; en aquel momento fueron acogidas por las Religiosas de la Asunción. El tiempo vivido con las Religiosas de la Asunción ayudó a nuestras hermanas a sumergirse en esta cultura diferente de la suya y llena de riquezas que descubrimos poco a poco.
Fue un tiempo para crear relaciones de proximidad con la gente, con la Iglesia local, con las Congregaciones Religiosas, y también para descubrir los diferentes servicios públicos, como por ejemplo el mercado, el ayuntamiento, la policía, etc. Un momento para aprender el dioula y adquirir lo necesario para la comunidad.
 
El Barrio donde estamos se llama “Sector 24”. Es una nueva zona todavía en construcción con casas a medio construir y sin pintar. La mayoría de habitantes del Barrio han emigrado de diferentes pueblos de alrededor de Burkina. Otros son de Burkina pero que han vuelto después de haber estado trabajando en la Costa de Marfil.
 
Nuestra Parroquia se llama Santo Domingo Sabio, dirigida por los Padres Salesianos, y la comunidad cristiana donde estamos, San Juan. Es una Comunidad con mucha vitalidad. La misa es animada y todos los domingos la capilla está llena a rebosar dentro y fuera.
 
 
Misión
Desde que llegamos, la comunidad cristiana se alegró de nuestra presencia en el Barrio. Dada su gran acogida y cercanía hacia nosotras hemos comenzado a dar pasos para trabajar conjuntamente. A nivel de la Parroquia, Mª Teresa ha empezado la Pastoral de enfermos. Cada domingo, acompañada de un catequista, visita a los enfermos y les lleva la Comunión. Ágda se ha integrado en la Pastoral de jóvenes. Vandaline hace catequesis en francés a un grupo de niños, todos los jueves por la tarde, y Mª José va a empezar la Pastoral familiar.
Además de esta misión en la Parroquia, tenemos un grupo de niños que viene a nuestra casa los jueves para talleres de manuales; también otro pequeño grupo que viene tres veces por semana para repaso escolar con Mª José. Conscientes de lo que nos dice Esteban Pernet: “Vosotras, abordáis a la sociedad en su raíz. La familia, y por eso rehacéis un pueblo para Jesucristo”, nuestra manera de entrar en relación con las familias vecinas, a través de gestos sencillos tales como curar heridas benignas, visitar a sus familiares… y hablar con frases cortas en dioula facilita las relaciones.
 
 
Las puertas de nuestra casa están siempre abiertas para acoger. Estamos muy contentas en medio de este pueblo porque nos sentimos acogidas por ellos y no nos dejan jamás solas.
 
Todos los domingos por la tarde, tenemos una oración con el Santísimo expuesto en nuestra capilla. Nuestros vecinos vienen para orar con nosotras, ya sean católicos, protestantes o musulmanes. Durante la oración, a menudo dicen: “Vosotras sois un regalo de Dios para nosotros, pues nos faltaba una comunidad religiosa en el Barrio. Tener a Jesús con nosotros es una gracia”.
Delante de la puerta de nuestra comunidad, hay un pequeño jardín con flores y árboles. Cada día algunos niños vienen a decirnos: “Es la hora. Hemos venido para ayudar a regar”.
 
Todos estos gestos de amor y de fraternidad nos hablan de la presencia de Dios en medio de este pueblo y nos dan esperanza de futuro para la Congregación.
 
“Somos enviadas a los empobrecidos, nuestra opción por ellos es una gracia de fundación. Esta certeza nos conduce a un compromiso exigente. Nos recuerda que nuestra misión no es obra nuestra: es la misión de Dios que vivimos en cuerpo internacional”. (Capítulo 2011, Pág. 3)
 
Las Hermanas de la Comunidad de Burkina Faso
16/01/2012
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