Navidad 2015 con las Hermanitas de la Asunción : ¡La Vida era la luz, y la Luz brilla en las tinieblas!

He aquí lo que se nos ofrece para ver y contemplar. Esta palabra es sobrecogedora en estos tiempos en que las tinieblas parecen robar el lugar a la luz.

Las tinieblas: las percibimos a cada instante. A menudo nos afectan directamente, cuando los Medios de comunicación nos muestran los flujos de personas desplazadas huyendo de las guerras, del hambre, de la inseguridad y de las persecuciones de toda clase. Cuando estos inmigrantes llegan a las puertas de Europa, o se ahogan en el mar, o mueren de agotamiento y de frío en el Este de Europa. Estas tinieblas también nos afectan cuando extremistas políticos o religiosos acaparan la primera página de las informaciones, cuando les vemos « captar » a menudo a los más frágiles de nuestras sociedades, para enrollarlos en la violencia y la xenofobia. Las tinieblas son también las catástrofes ecológicas en Brasil, a lo largo de las costas africanas, en Asia, Oceanía, en la polución extrema de las ciudades de China…Y aún, tantas otras tinieblas que sumergen al Planeta, a los hombres, a las mujeres, y a la humanidad entera en el sufrimiento.

Y también se nos dice: la Luz brilla en las tinieblas… y las tinieblas no la han reconocido.
 
Detengámonos también algunos instantes en nuestras propias tinieblas. Es tan fácil « cerrar nuestra puerta », dejar brotar palabras amargas o juzgadoras, permanecer pasivas, dejar que la envidia o la indiferencia se instale en nosotras. 
¿Cómo esperar que los dirigentes de este mundo abandonen sus privilegios y no funcionen egoístamente si nosotras, en lo cotidiano, no vivimos el mismo combate personal y en nuestras comunidades? 
 
Y no obstante, también podemos decir que a partir de las tinieblas se descubre la luz. Porque era de noche, los pastores de Belén vieron brillar la luz. Los Magos, en su camino incierto pudieron seguir la luz de la estrella. Y cada uno, cada una de nosotros ¿No vino a la luz el día de su nacimiento? 
En las tinieblas, la luz traza su camino. Son estos hombres y estas mujeres que en medio de los atentados, tienen la fuerza de socorrer a los que caen a su lado pagando con su propia vida, son aquellos y aquellas que dejan su casa y van a socorrer a las personas heridas, contaminadas. Son todos y todas los que acogen, comparten su casa, su pan, sus ropas, todos aquellos y aquellas que luchan para salvaguardar el planeta y compartir la tierra…
 
Nos dice además: « A los que la acogieron (la Luz), les dio el poder de ser hijos de Dios ».
Estos hijos e hijas de Dios son los que cumplen la palabra de Isaías: “Levanten la cabeza, velen, oren, manténganse en pie…”.
 
Sí, nuestro Dios nos quiere en pie, creadores, creadoras, participando en la obra de belleza y de bondad que crea cada día por nosotras, con nosotras.
Podemos cambiar nuestra mirada: « lo miró y lo amó » para ver cómo cada persona, en esta actitud de solidaridad o de humanidad, está poniendo por obra lo más profundo de sí misma, la parcela de imagen de Dios que brota en este gesto de amor. No nos cansemos de reconocer todos estos pequeños destellos de luz que se manifiestan en lo cotidiano de nuestras vidas, en comunidad, en la reciprocidad de nuestras relaciones, en la atención de unas para con las otras, lo que introduce un clima de benevolencia y de confianza. No nos cansemos de reconocer estos destellos de luz cuando se concede el perdón, cuando en nuestros barrios la soledad se desvanece, cuando millones de personas “marchan” para salvar el planeta. Entonces la esperanza y la Alegría nacen de nuevo.
 
En este Año del Jubileo de la Misericordia, el Papa nos invita a ser actores y actrices de la ternura de Dios, a ser personas de Misericordia, es decir, responsables de traducir en actos esta promesa de Dios:
« La Palabra se ha hecho carne ». Ha venido a habitar nuestra humanidad, a tomar plenamente lo que es limitado y acabado, en nosotras, para abrirnos al infinito. Ha venido a sacarnos de nuestras reclusiones, como a Zacarías, que pasó de la duda a la fe y reencontró su voz para proclamar su himno de Alegría:
« Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo»… ha mostrado su bondad y su salvación para el perdón de los pecados… Se apareció a los que se encuentran en tinieblas, para guiarlos por los caminos de la paz. »
Dios nos invita a la esperanza, a la paciencia. Dios vino a la luz en un niño. La luz vino por manos de María. Seamos como María, mujeres de esperanza, de ternura, de confianza.
 
Repitamos juntas, en este Año 2016 : 
« Dios ha visitado a su Pueblo ».
« Gloria a Dios en lo más alto del Cielo y
Paz en la tierra a los hombres y a las mujeres que tanto ama. Luc 2/14
 
¡Feliz Navidad!
Con todo nuestro afecto fraterno.
 
Marie-Françoise, Piedad, Eugenia, Mary, Geneviève
Consejo general
31/12/2015
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