Navidad 2013 con las Hermanitas

« Vino a los suyos... » Jn. 1/

Dios ha escogido un lugar para encarnarse en la realidad humana. 
 
« Dios tiene una debilidad para con el hombre (la humanidad). No puede, por así decir, vivir sin visitarla, sin manifestársele, sin estar con ella. » Fr. Carrasquilla. Es lo que nos revela el misterio de la Navidad.
 
No nos cansemos de contemplar una y otra vez a Jesús en su encarnación. Dios se ha hecho humano para buscar los hombres. Desde su abandono total entre las manos de María hasta su entrega absoluta en los brazos del Padre, en la cruz, Jesús actúa a partir de los pobres, para los pobres, con medios pobres. Optando por este camino, nos indica el camino a seguir, no con tristeza, sino con la confianza serena y la certeza de la construcción de un camino de vida. 
Para Jesús, el Reino no se construye con el poder y las riquezas, sino con medios pobres, y el rechazo a dominar.
 
Para El, el amor, la bondad, el don de sí, la acogida, son los medios pobres para acceder al corazón de l@s demás. Ante todo quiere entregar su persona. No quiere imponerse por la fuerza, sino por amor. Sus actitudes son las mismas de las bienaventuranzas. Entonces: ¡Dichos@s aquell@s que tienen necesidad de Dios, porque Dios puede nacer en sus vidas!
 
¿No es acaso la propuesta que nos dirige el Papa Francisco en este tiempo de la Iglesia y de nuestras sociedades? Cuando la violencia estalla en numerosos países, cuando las personas, víctimas de la exclusión aumentan en el Norte y en el Sur, cuando los tifones en Filipinas, en los Estados Unidos, las inundaciones se desencadenan en otros numerosos países, como en Vietnam y en Madagascar, percibimos que los pueblos y nuestro planeta necesitan ser « cuidados », amados, respetados.
 
¿Cómo cada una de nosotras puede hacerse cargo de esta realidad? ¿Cómo escoger los medios pobres con la fuerza de la fe, para hacer posible un despojo que deje espacio a Dios y a l@s demás? ¿Cómo emprender este camino de encarnación que rehúsa la violencia, el poder, la concurrencia, la envidia, para utilizar solo los medios pobres y no violentos del amor, de la acogida, del perdón, de la alegría? 
 
Nuestras comunidades necesitan esta conversión que deja espacio al Reino. Etienne Pernet decía: « ¿Cómo queréis hacer el bien a los pobres, sin que vosotras lo seáis? »
 
Hacer voto de pobreza no consiste en exaltar la miseria, sino disponerse al encuentro de l@s demás, a la solidaridad, a la fraternidad. No podemos vivir esto estando engreídas de nuestros saberes, de nuestros poderes, de nuestros deseos de dominio.
 
Ha llegado el tiempo en la Congregación y en la Iglesia, de abrir las manos, de acoger nuestra debilidad y nuestras fragilidades, para hacer de estos límites actuales un trampolín para abrir nuevos caminos.
El Capítulo nos dice: « Ir más allá de la tolerancia y del respeto…. El encuentro de las culturas es Buena Noticia si nos disponemos a dejarnos transformar…. Esta trans-formación exige de nosotras la acogida de lo diferente, la apertura, la flexibilidad, el conocimiento de la cultura y de la historia del otr@. » Para que este escrito se encarne en nosotras es preciso actuar para crear nuevas relaciones entre nosotras, en comunidad, con el desafío de la inter-generación, de lo intercultural. ¿Voy a dar espacio a la diferencia, con el riesgo a veces de ser herida, incomprendida? ¿Qué fronteras interiores voy a atravesar para hacer posible el encuentro?
 
En este período en que en Congregación escogemos reforzar la dimensión internacional, por el proyecto concreto de vivir la inter-culturalidad, debemos pasar por esta formidable apuesta, poniendo nuestras fragilidades y carencias juntas, no para sumarlas, sino para decir: « te necesito». Es de esta reciprocidad que puede nacer la comunidad, la fraternidad. Abandonemos nuestras yuxtaposiciones de personas o nuestros deseos de asimilación. Creemos la interculturalidad dialogando, dejándonos afectar por la palabra de la otra. Saber existir por si mism@ y dejarse afectar. Viviendo esto localmente aportamos nuestra parte en la construcción mundial. Cada comunidad puede convertirse en « un laboratorio de humanidad » si consentimos a este diálogo de vida. Es este camino de Alianza que se transforma en promesa de porvenir, promesa de vida.
Jesús, al encarnarse, ha sabido guardar su identidad de Hijo de Dios. Supo existir, aceptando devenir vulnerable para encontrarse con nosotr@s. El apostó por el amor del Padre y por la alianza con los hombres y mujeres de su tiempo. Creyó en su deseo profundo de amor que no es otra cosa que el soplo del Espíritu, que alienta en cada una. Este es el camino que hemos de seguir para entablar un auténtico, diálogo, un@s con otr@s. 
 
Este fue el proyecto de d’Antoinette Fage. Vivió siempre consciente de sus fragilidades, ofreciendo y poniendo al servicio de los demás lo que ella era. Etienne Pernet decía de ella:
« Uno de los bellos aspectos de la vida de vuestra Madre Marie de Jesús, era su desinterés. No se aferraba a nada, contaba con Dios y tenía la generosidad de un gran corazón. »
¿Acaso no es el secreto del Evangelio que dilata el corazón, el Evangelio de la alegría?
¿No es hoy nuestra misión?: Contagiar esta fuerza de Vida que nace porque dejamos nuestras « armas » y aprendemos a recibirnos unas de otras, unos de otros. Esto se llama reconciliación, nueva cultura.
« Justicia y paz se abrazan», ¡El encuentro se transforma en Alianza y Promesa de Vida!
 
Que este año 2014 sea portador de estos frutos, entre todas nosotras y con tod@s aquell@s con quienes compartimos el destino.        
Buena Fiesta de Navidad, con todo nuestro afecto.
 
Las Hermanitas
23/12/2013
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