Navidad 2012 con las Hermanitas - Meditación

El Ángel les dijo: “… Os anuncio una buena noticia que llenará a todo el pueblo de una gran alegría: Hoy os ha nacido un Salvador, que es Cristo, el Señor…” (Lc. 2, 10).

Pero ¿Quién es este Cristo y Señor? ¿Qué nos manifiesta de El mismo?
“Jesús al decir ‘Heme aquí’ prescindiendo del ‘YO’ no formula su identidad, sino que la somete al otro… Jesús se define como un ‘Heme aquí’. Al nombrarse así se compromete. El se presenta como alguien que responde a la interpelación de su Dios, y a la ayuda que los hombres le piden. Jesús pone en juego su identidad a partir de este infinito respeto por los pobres, los hambrientos, los que no cuentan para nadie. Este ‘Heme aquí’ es caridad plena. Es la única manera digna, para alguien que llega de fuera, de presentarse sin violencia. Este ‘Heme aquí’ es una especie de silencio que da a los otros, a quien El la confía, la palabra que le identifica.” 
 
Este “Heme aquí” se va encontrando en toda la Escritura como el hilo conductor.
 
Recordemos: Abraham, cuando Dios le llama responde: “Heme aquí.”
Dios llama: Moisés, Moisés: “Heme aquí”
Samuel, Samuel: “Heme aquí…”
A partir de ahí, cada uno empezará su misión de enviado.
La Epístola a los Hebreos, retomando un salmo, resume solemnemente el sentido mismo de la venida de Jesús: Al entrar en este mundo, Jesús dijo: “Heme aquí, Padre, para hacer tu voluntad.”
 
Ninguna otra identificación más que esta manera de comprometerse, hasta en María es reconocida en el “He aquí la esclava del Señor”. Lc.1, 38
 
María en su acogida sin límites hará posible que brote de Ella la fuente. Así la fe y la esperanza podrán alcanzar toda su plenitud y le darán la audacia de pensar en el futuro de Jesús.
“María, tu acoges en tierra profunda,
Tu dejas que tome cuerpo en ti la esperanza nueva.”
(canto en francés)
Todos estos testigos que han escrito la Historia nos revelan el secreto de su fuerza: Han creído en el poder transformador de Dios, no por la fuerza sino por el don, el abandono, la fe otorgada a Aquel que es el Maestro de la Historia.
 
Dios viene a humanizar nuestra Humanidad hasta entregar a su Hijo y fortalecernos por obra de su Espíritu. Estamos en su escuela. También nosotras estamos invitadas a “comprometernos”, a estar abiertas al hoy de Dios. Este es un tiempo para vivir la compasión. Es el tiempo de Dios. Un tiempo para humanizar las estructuras políticas, económicas que hoy más que nunca dejan a las personas en la cuneta. Porque la Buena Nueva, como dice la Epístola a los Efesios, es Buena Nueva “para los judíos y para los paganos”. Dios salva, Dios llama a la libertad. Nosotras somos testigos de ello todos los días, al descubrir cómo cada persona que obra el bien se acerca a Dios.
 
En este año en que la Iglesia nos invita a vivir el ‘Año de la Fe’ ¿Podremos renovar nuestra esperanza, aprendiendo a descubrir el bien en el otro, en todos los otros? ¿En nuestras comunidades, nuestro barrio, nuestro mundo? Este bien existe y da sentido a nuestras comunidades, a la Congregación y a nuestro mundo. ¿No es esto un camino de Evangelización?
 
En este último trimestre acaba de tener lugar el Sínodo sobre la Nueva Evangelización. El nos recuerda que la evangelización empieza en nosotras mismas. No puedo evangelizar más que dejándome evangelizar, camino de conversión, de metanoia, verdadero cambio.
También camino de diálogo, como lo expresa Benedicto XVI en el mismo Sínodo: “Como Jesús en el pozo de Sicar, tomar el tiempo de sentarse al borde de los pozos cerca de nuestros conciudadanos, cercanas a todos los hombres y mujeres que, a menudo, van como “ovejas sin pastor”. Favorecer experiencias concretas de comunión que con la fuerza ardiente del amor atraen la mirada desencantada de la humanidad contemporánea.”
 
Favorecer comunidades acogedoras en las que las personas maltratadas por la vida, “desfiguradas”, a menudo invisibles en nuestra sociedad porque nadie las ve, se sientan en su casa. Sentarse al lado de cada uno, de cada una con compasión y esperanza es hoy una llamada urgente. Invitación a permanecer en esta actitud también entre nosotras.
Actitud de Dios mismo en el pozo de la Samaritana. Sin duda esta mujer comprendió que Jesús mientras hablaba, le decía “Heme aquí”.
 
Para vivir estas actitudes es necesario dedicar tiempo a contemplar a Jesucristo como dijo Esteban Pernet: llegar a ser otro “Jesucristo”.
 
La Misión asumida juntas es a este precio. Contemplemos a nuestro Dios decirnos: “Heme aquí” que es exactamente un: “Yo estoy aquí”. “El verdadero Señorío de Dios y de Jesús no es solamente ser, sino ser y estar aquí.” 
El Reino de Dios está aquí muy cerca de nosotros… ¿No lo veis…?
 
Cada una, cada uno pueda decir:
Sí, yo lo veo en toda persona que hace el bien, y que así se acerca a Dios. Todos estamos invitados, a ser de este pueblo, de este Reino.
 
Por ello, SI, ¡Heme aquí!
 
Que Nuestro Dios, en esta noche de Navidad, nos renueve en la Esperanza por la fuerza de su Espíritu.
 
Las Hermanitas Consejeras generales
20/12/2012
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