Misión Solidaridad Têt en Vietnam

Algunas días antes de la Fiesta del Têt los días 20, 21 y 22 de enero del 2017 nos fuimos en misión de solidaridad a la Región del Centro de Vietnam; religiosos, religiosas de diferentes congregaciones (Agustinos de la Asunción, Oblatas de la Asunción, Hermanitas de la Asunción; Amantes de la Cruz e Hijas de la Caridad de Vinh); algunos amigos laicos con jóvenes chicos y chicas de los hogares de estudiantes de Saigón y el Padre Paul Hung, iniciador del proyecto.

 

 

La Provincia del Centro fue escogida porque en el 2016 esta región sufrió un grave siniestro por la polución del mar y después por las inundaciones de la estación de las lluvias. Las familias pobres, sobre todo, son las que fueron alcanzadas por estas catástrofes; fue por ellas por las que nos movilizamos. Las Hermanitas del territorio Bélgica-Francia-Italia-Vietnam respondieron generosamente a la llamada lanzada por nuestra comunidad para acudir en ayuda de estas familias.

 
La polución del mar está relacionada con los desechos tóxicos que la Acería “Formosa” (empresa taiwanesa) vertió en el mar. Murieron millones de peces, los pescadores perdieron su trabajo, el mar está contaminado igual que los peces que siguen vivos; gran número de personas han perdido su principal alimento y ¿Qué futuro espera a los habitantes de esta provincia?
Para mayor desastre las inundaciones han venido a unirse a la catástrofe del mar: casas anegadas, cosechas perdidas… personas extenuadas.
 
 
Somos conscientes que el apoyo puntual dado en esa ocasión del Têt no será
suficiente para algunas familias, es por lo que queremos continuar el programa de ayuda para la reparación o construcción de casas; para que algunos pequeños comerciantes tengan un poco de capital y también poder dar becas a algunos alumnos trabajadores que desean continuar sus estudios y cuyas familias no pueden asumir esta carga.
 
 
Con lo que recogimos pudimos ayudar a 300 familias en Quand Binh, Ha Tinh y Nghe An. Entre estas familias muchas no eran católicas: para los jóvenes católicos presentes, el testimonio de que toda persona sea considerada amada por Dios y reconocida por los discípulos de Jesús como totalmente hermano y hermana, fue transmitirles anchura de miras para su vida. 
 
 
Las visitas a las familias se hicieron por grupos. Antes que nada les deseábamos “Buena fiesta” entregándoles productos de alimentación básicos (arroz, aceite, especies…) después pudimos hablar un poco sobre la vida de la familia; escuchamos mucho sus preocupaciones y esperanzas. Admiramos su resiliencia, y en los que creen en Dios su agradecimiento al Señor que no les abandona. Si una u otra familia manifestaba un deseo o un proyecto concreto se anotaba para poderlo transmitir a los organizadores y discernir qué se podía hacer.
Entre las familias visitadas pudimos conectar con algunos miembros de las etnias minoritarias*; que se hallaban en extrema indigencia.
 
También regalamos a personas mayores o enfermas, que no podían desplazarse a la Iglesia, una “radio de la Palabra de Dios”. Regalo precioso para estas personas aisladas a fin que puedan tener contacto con la vida y puedan continuar nutriendo su fe.
 
En algunos lugares tomamos contacto con la parroquia. Esta tenía una lista de personas que pudimos visitar y miembros de la comunidad parroquial nos acompañaron en esta visita a las familias.
 
Una de las finalidades de esta forma de “misión” es permitir a los jóvenes vivir una experiencia en proximidad con los pobres. Así los jóvenes pueden descubrir los valores de estas personas y sacar una enseñanza para su propia vida. Aprendiendo a recibir de los pobres, a valorarlos, podrán dar sin condescendencia ni piedad, sino que aprenderán a ofrecer fraternalmente el don de la vida con que la vida misma les ha gratificado sin que ellos tengan nada que ver.
 
 
Esta experiencia de Iglesia en inter-congregación e inter-generaciones fue para todos un tiempo fuerte del Têt. Los distintos encuentros fueron una llamada: a recibirlo todo como un don; saber ser agradecidos a nuestro Padre que nos ha dado en abundancia “nuestro pan cotidiano”.
Para nosotras, Hermanitas, fue también recordar que Cristo nos envía a los empobrecidos. Por nuestra Regla de Vida Cristo nos invita a ser coherentes con las exigencias evangélicas y con el respeto a este pueblo con el que vivimos y al que aprendemos a amar como hermanos y hermanas.
 
Hna. Minh y Hna. Colette.
Comunidad de Dong Hoa
 
*El Vietnam cuenta con 54 etnias. Una etnia (Kinh) se ha desarrollado mucho y poco a poco ha invadido el país desplazando a las otras hacia los bosques o a las montañas. Estas últimas tienen más dificultades para su desarrollo.
 
22/05/2017
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