Misión en Burkina Faso / VIDEO

 

 
Hoy hace dos meses que llegamos a nuestra casa del sector 24. Decíamos estos días que parece un siglo, ¡tantas cosas hemos vivido!
Este último tiempo las comunicaciones han sido difíciles. La guerra de la Costa de Marfil dejó a Burkina sin muchos recursos eléctricos y por tanto de agua y hemos sufrido cortes casi a diario. Después la propia situación del país que ha sido muy tensa a nivel político y que aun hoy no está clara a pesar de la destitución de todo el Gobierno al completo y el control del ejército por parte del propio Presidente del Estado. En Bobo no ha habido muchos disturbios pero en Ouaga nadie sabe cuántos muertos además de la quema de edificios públicos, el saqueo de comercios... Hay un malestar de fondo que no cesa. Estos días la compañía de teléfonos que se pone en huelga y corta todas las comunicaciones sin avisar. África se revuelve... Blaise Campaore ha bajado el precio del saco de arroz, el aceite y el azúcar... pero sin contentar a nadie. Lo peor es que está al inicio de su mandato y ni siquiera los militares le son fieles en este momento y le reclaman sueldos más justos.
 
Mientras tanto, la gente come su “tó” cada día y nada más, y después de pocos meses de curso llenos de agitaciones, los niños y jóvenes hacen sus exámenes sin demasiada esperanza de aprobar y preparan sus cosas para marchar a los campos a sembrar. Ha comenzado lentamente la estación de lluvias y el calor –ahora húmedo- aumenta, acompañado de tormentas de arena.
 
Este tiempo dedicado al aprendizaje de las lenguas está también sembrado de encuentros, visitas... este es un pueblo en relación. El timbre suena y entra una multitud que acompaña a alguien que viene a pedir o a traer algo. Martha viene de los funerales de su tía y nos trae una bolsa de cebollas, Saminata viene con su tiña a que le pongamos un poco de betadine que le calme el picor, Raizza nos trae hoy el “faru” que nos ha preparado su madre, Fatu viene a que le expliquemos cómo se halla la superficie de una circunferencia y Lavie viene a que le veamos el corte de pelo que le ha dado su madre...
 
Durante la primera eucaristía en la casa, Javier el salesiano pidió que este fuera un lugar de “bendición”, es decir donde se viniera a escuchar y decir palabras de bien sobre las personas... Hoy hace justo un mes de la bendición de la casa y de esa primera misa que os queremos contar.
 
Nosotras habíamos pensado hacer algo simple, celebrar la primera eucaristía para traer al Señor a la capilla e invitar a la gente más cercana... Después de hablar con los salesianos, las religiosas de la Asunción y los catequistas de la parroquia, Michel sobre todo, nos hizo comprender que la “llegada” del Señor al barrio no era cualquier cosa para ellos (en la capilla del sector 24 no está el sagrario todavía) y que aquí no se puede empezar a vivir en una casa sin bendecirla... que era un momento de alegría no sólo para nosotras sino para ellos... Así que nos dejamos llevar...Con Michel preparamos las lecturas que leeríamos en las dos lenguas, la primera del mismo sábado era apropiada para eso que queríamos vivir “Os recogeré de entre las naciones, habitarán el país que yo les daré, yo pondré mi santuario en medio de ellos para siempre...” y buscamos el evangelio en el que Jesús nos recuerda que la casa ha de ser construida sobre roca y no sobre arena. Con Martine, la directora de la coral, los cantos (en francés y en dioula). Con los niños hicimos un cartel para ponerlo en la pared que recogiera el sentido de nuestra presencia en este país. Elegimos una frase que los jóvenes nos tradujeron en dioula: “Testigos del amor de Dios entre las familias del mundo”. Con nuestros vecinos, Martha y Joseph y Claudine y otra vecina musulmana, hicimos el menú (no hay fiesta aquí sin arroz y sin “dolo”, la cerveza local).
No podíamos imaginar que con 60 euros comeríamos y beberíamos más de 100 personas, pero así fue (25 kilos de arroz y 4 de carne). La comunidad avisó a los vecinos católicos de la calle y se hizo una previsión de comida para todas las demás casas de musulmanes y otras religiones que no vendrían a la misa pero a los que haríamos participar de la celebración por la comida y la bebida. De todas maneras, el propietario de la casa y algún que otro musulmán participaron en la misa elegantemente vestidos. Amadou estaba feliz viendo bendecir la casa de su familia.
 
A punto de acostarnos, Saratha y Fatimata, nuestras vecinas musulmanas llaman a la puerta, traen un pequeño ramito de flores de su casa... “Es para vuestra fiesta de mañana”. Son las flores que presidieron el altar.
 
A las 4 de la mañana, escuchamos ya las cocinas de nuestras vecinas que comenzaban a preparar las marmitas (cortar la leña, hacer el fuego, moler en los morteros los condimentos...todo lleva su tiempo). Un buen grupo de mujeres se reunió en casa de Martha, su hijo vino a buscar el agua de nuestro grifo y los niños de la comunidad trajeron con los burros los bancos de la capilla para ponerlos en el patio. Imposible que todo el mundo entrara en nuestro oratorio, así que colocamos dentro algunos bancos y dejamos las puertas abiertas. Los catequistas llegaron temprano para rezar y preparar las lecturas
 
A la hora prevista, las 10 de la mañana, ya no cabía más gente bajo un sol de justicia, los vecinos traían sillas, bancos, taburetes... Las 4 congregaciones de la parroquia estaban presentes: Ursulinas, Bernardinas, de la Anunciación de Bobo y Salesianos además de las Religiosas y Oblatas de la Asunción. Cada uno hizo su aporte de botellas de vino, o bebidas típicas del país. La gente que había trabajado en la casa, el carpintero, el soldador... también estaban.
 
Cada grupo ocupó su lugar, aquí todo responde a una organización precisa: las mujeres de la coral, las religiosas y religiosos, los catequistas...
 
María José leyó las palabras de bienvenida y Mª Teresa la acción de gracias. Después del ofertorio se bendijo el sagrario (el joven carpintero estaba muy emocionado) y después de la misa, mientras la gente cantaba y danzaba, se bendijo cada rincón de la casa y a todas las personas que habían participado...
 
Luego, la gente se sentó por grupos según su costumbre y se pasaron cacharros con agua para lavarse las manos antes de comer en el mismo plato.
 
Había un ambiente de alegría y de fiesta... Al terminar, “las mujeres y las niñas”, recogieron todo, lavaron todo... y la gente se fue dispersando poco a poco. Las visitas de otros vecinos se sucedieron
 
Las religiosas de la Asunción no podían ocultar su emoción. Cecilia decía: “el pequeño grano sembrado en esta tierra comienza a dar fruto. Mirad cuánta gente ha hecho suya la casa”.
 
A la tarde, Michel vino con un vecino fontanero. Al entrar en la capilla, ya arreglada, se echó de rodillas al suelo y nos invitó a rezar un misterio del rosario los cuatro juntos. Estaba contento. Por la noche, volvieron Martha y sus hijas. Martha entró en la capilla y comenzó a rezar en voz alta, en su lengua materna, el mooré...casi no podía impedir las lágrimas.
 
...Una casa que la gente ha comenzado a hacer suya y una presencia que es reconocida como Presencia del Buen Dios en medio de su pueblo. Todo lo recibimos como gracia, a nosotras sólo nos toca, “dejarnos llevar, dejarnos introducir en esta tierra”, rompiendo muchas veces nuestros esquemas y nuestras certidumbres pero queriendo sobre todo amar y pidiendo al Señor nos muestre los caminos de su misión en medio de tanta pobreza y de tanta solidaridad al mismo tiempo.
 
Las Hermanitas de Bobo-Dioulasso, 16 de mayo 2011

 

26/05/2011
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