Meditación del 15 de agosto del 2012

Este día de la Asunción nos reúne y nos llama a unirnos de corazón, solidarios unos de otros y conscientes de nuestra pertenencia a una larga historia. Cuantos de nosotros vivieron esta Fiesta en la confianza y bien a menudo también, en oración de súplica.

Hoy, podemos recordar la primera frase que el Evangelio de Lucas pone en labios de María: “¿Cómo se hará esto?”.
 
Vemos a María ya en diálogo, actuando, asociada sencillamente. ¿No es esta la actitud que adivinamos también a todo lo largo del Evangelio? María presente, atenta.
 
Presencia confiada y vigilante. Así podemos imaginarla en este tiempo en el que después de la Resurrección de Cristo se encuentra en la casa del Cenáculo sosteniendo la moral y la fe de los apóstoles.
 
¡En este tiempo de espera es cuando aparece el Espíritu! ¡La Casa-Cenáculo, la Casa-Iglesia ha de abrir puertas y ventanas! ¡El Espíritu viene para todos los pueblos de todos los tiempos!
 
El 50avo Aniversario del Concilio Vaticano II nos lo recuerda: “El Concilio ha renunciado a escribir un tratado de moral (…) La Iglesia entra en diálogo con el mundo con una auténtica compasión.” Alain Thomasset, jesuita. Cf.: La Croix 24-03-12. Las puertas y las ventanas deben abrirse.
 
Pero que difícil es esta opción de vida. Los miedos resurgen continuamente. La tentación de replegarse, de volver a lo conocido, de evadirse más que de continuar el camino. Desde las tensiones sobre el tema de la liturgia, las cuestiones éticas, el lugar de la mujer, hasta las suspicacias sobre la Vida religiosa, en ciertos países, conllevan mucho sufrimiento.
 
En nuestras respectivas sociedades tienen lugar las mismas luchas: Los países ricos quieren cerrar las puertas y protegerse. Y en los países más desheredados las minorías buscan también conservar sus privilegios en detrimento de sus pueblos.
 
Todo esto nos muestra que ser de Iglesia en este mundo, sin ser del mundo es un verdadero combate. María estuvo presente al mundo de su tiempo. Hija de Israel asumió los sufrimientos y las esperanzas de su pueblo. En aquella Iglesia naciente ella fue testigo de las primeras tensiones y de los caminos a inventar para que se encarnase la Buena Nueva de su Hijo: Todos amados del Padre en las múltiples realidades y novedades de su época. Ella estaba allí presente, la que sostenía, confiada y seguramente orando.
 
María nos enseña a llegar a intimar con Cristo y a ser adoradoros del Padre. Si la primera palabra de María es una pregunta: ¿Cómo será eso? la intimidad con su Dios le dicta cómo ha de ser toda su vida. Por ello en Caná puede decir: “Haced lo que El os diga”. Su vida queda inscrita entre este interrogante y en la puesta en obra del proyecto del Padre.
 
Este tiempo es nuestro tiempo, tiempo de una Iglesia “Pueblo de Dios” como dice la Lumen Gentium. Iglesia de colegialidad, Iglesia en la que cada bautizado tiene su lugar. Iglesia, Cuerpo de Cristo y comunión. ¡Que riqueza! La Casa común que deseamos construir con muchos otros, y especialmente con los más cercanos: Ansas, Laicos y Fraternidades, grupos de espiritualidad, participantes en nuestras diversas asociaciones, y también con aquellas y aquellos con los que nos relacionamos en el sufrimiento, creadores de justicia y de paz… Esta Casa tiene efectivamente razón de ser hoy.
 
¿Habrá en ella un corazón que escuche porque como María daremos tiempo a la oración para meditar, contemplar, “construir sobre Roca”? ¿Una Casa que pueda tener puertas y ventanas abiertas, y en la que el vino de Caná se vierta todavía en abundancia para ser compartido?
 
Esteban Pernet, nuestro Fundador, nos dice:
 
“Nunca conocemos bastante bien a la Virgen, Nuestra Señora. Hay un principio, una verdad que quiero formular y que os suplico asumáis a fondo en vuestros espíritus y corazones, y es esta: la Virgen tiene una misión que dura para siempre…” 25-10-1981 (...) “Ella será la madre de la Vida.” 8-9-1895.
 
En este año en que recibiréis el documento de la CIAG permitiéndonos poner en marcha la transformación de las estructuras de la Congregación, confiémonos a María. Su Asunción nos repite cada año que en su “SI” sin retorno Ella llegó a ser plenamente humana y plenamente santa. Es un camino cuya impronta podemos seguir.
 
Buena Fiesta de la Asunción para compartirla fraternalmente en nuestro entorno.
Las Hermanitas de la Asunción
15/08/2012
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