"Me sedujiste Señor y me dejé seducir" / Historia de una vocación

Es en España que Hna. Annie Kibolo, Hermanita de la Asunción, despliega su carisma como religiosa misionera, al servicio de los más pobres y del mundo obrero. Desde su Congo natal hasta estas nuevas tierras de apostolado, pudo gustar en varias oportunidades, la fuerza de esta hermosa aventura en seguimiento de Cristo.

“Me sedujiste Señor y me dejé seducir, me atrapaste y haz prevalecido”(Jer.20,7)

“El principal y primer don recibido del Señor, y por el cual le doy gracias, es y será mi familia. Diría como Santa Teresa: “Mi familia es la primavera de mi vocación”. Nací en una familia cristiana, modesta, obrera, en la región de Bandundu, en la República democrática del Congo. Allí recibí la fe cristiana y me ayudó a mantenerla viva hasta hoy. Mis padres me criaron y formaron para lo que será mi don al Señor. Muy comprometidos en la vida de la parroquia, ellos nos enviaron siempre a estudiar en escuelas católicas, participando también de las diversas actividades organizadas por las diferentes comisiones parroquiales. Nos contaban que en su juventud, recorrían 8 Km a pié todos los domingos para participar de la misa y luego compartir con los que no podían ir. Antes de recibir los sacramentos de la confirmación y del matrimonio permanecieron durante un año en una misión católica, a 62Km de su pueblito natal. Mi mamá hacía la catequesis. ”Todo esto-nos decían-era para nosotros la manera de vivir nuestra fe en cristo.” En cuanto a mi padre, su oración en un murmullo y su señal de la cruz algunos instantes antes de su muerte son un verdadero tesoro que me ha dejado: el testimonio de la fidelidad del creyente que se comporta allí como discípulo de Cristo.
 
Hacerse “toda para todos”
 
El deseo de seguir a Cristo nació en mi a la edad de los 13 años, cuando estaba en primer año de secundaria. En la misión donde estudiaba, había un orfelinato. Una noche, cuando nos paseábamos al lado del río, vi una religiosa con unos quince niños, huérfanos que se bañaban en una laguna. La manera en que se ocupaba de ellos me marcó: disponibilidad para responder a sus necesidades y su atención por cada uno. Veía en esos rostros el rostro de Nuestro Señor. Desde ese momento sentí el llamado a hacerme “toda para todos”. Ese deseo profundo permaneció en mí, sereno, esperando terminar mis estudios y obtener el diploma de Estado. Era fiel a la misa diaria y es ese encuentro personal en la Eucaristía de cada día, esa intimidad con el Señor, que comenzó a hacer camino. Mi familia estaba feliz por mi elección.
 
Caminos inesperados
 
Sin embargo a los 19 años, terminados mis estudios, rechacé esa idea. Como Jonás, tomé otra dirección, y me lancé a una profesión. Pero al llegar a Kinshasa para estudios universitarios, un largo paro escolar no me permitió realizar mi sueño. Durante todo ese tiempo continué mis actividades en la coral de la parroquia y como lectora. Participaba en el grupo vocacional pero sin estar motivada para tomar contacto con congregaciones religiosas. Luego, gracias al Padre Jean Makaya, sacerdote diocesano de Kikwit, conocí a las Hermanitas de la Asunción. Este último había hecho estudios en Tours (Francia) donde las conoció y a su pedido, la congregación estaba discerniendo la posibilidad de fundar en el Congo. En el mes de diciembre 2000, tuve el primer contacto con Hna. Lucie Licheri que venía por primera vez al país con Hna. Catherine Dunphy. Durante nuestro diálogo, me marcó la simplicidad en su compartir conmigo y cuando hablamos de la congregación, me atrajo su modo de vivir una vida de familia en simplicidad, su amor por los obreros(los mas pobres) en la realidad de su existencia, es decir en un contacto directo con la familia…Comprendí entonces que nada es casual en nuestras vidas. El Señor e sirve de las situaciones para llevarnos en su camino. Así, Dios quiso que mi vocación se realice en esta familia. Mi decisión estaba tomada.
 
El comienzo de una aventura de amor
 
Dividida entre las dudas debido a la incertidumbre de la llegada de esas Hermanas al Congo, y la sed tan grande y el deseo de seguir a Jesús, me lancé a esa hermosa aventura de “darme a Cristo”. Como aspirantes fuimos acompañadas durante dos años por las Religiosas de la Asunción y más precisamente por H. Generose Muteba. Recibíamos frecuentemente la visita de H. Lucie Licheri. En cuanto las Hermanitas llegaron a RDC, empecé el postulantado, el 29 de septiembre 2002 y luego, dos años después, el noviciado: tiempo para escuchar a Dios porque antes de poder hablar de Él, hay que haberle escuchado largamente. Y esta conversación, no se hace ni en un día ni en un año. Por lo tanto es el 3 de septiembre 2006 que públicamente pronuncié mi “sí”: es el comienzo de la historia del amor de Dios. Sí, puedo decir que aquél a quien Dios llama, Él lo prepara, lo dirige, ya que en definitiva la ruta es El quien la traza. Su fidelidad se revela siempre más en lo absoluto de su llamada.
 
Desde mi contacto con las Hermanitas experimenté simplicidad, estilo de vida de familia a través del testimonio de la fraternidad, el deseo de poner a Cristo Servidor y Salvador en el centro de nuestras vidas, dándole importancia a la oración. Identificándose con El por el servicio a través de medios simples, “para que llegue Su Reino”. El contacto con el mundo obrero nos ayuda a descubrir los valores de cada persona, valores a menudo ocultos bajo una vida dura e inhumana. Me decía, que se puede servir cualquiera sea el trabajo y los medios, lo importante es poner allí mucho amor. Tenía la convicción que en seguimiento de Dios que vive en lo que está escondido, en la simplicidad, que hizo una opción preferencial por los empobrecidos, que se entrega, mi vocación se desarrollaría entregándome a mí misma en lo cotidiano a través del servicio humilde.”
 
Descubriendo España
 
Nuestra vocación de HA es una vocación misionera. Dios que rompe las fronteras y da la libertad, me dio la audacia de responder a su llamado como Moisés, rompiendo mis fronteras, dejando mi país, mis costumbres y abriéndome a la realidad de una tierra nueva que es España. Es para mí un regalo experimentar el modo de encarnar el carisma aquí, de aprender una lengua nueva, de conocer una cultura y descubrir una realidad de Iglesia diferente de la mía. Actualmente soy juniora. Hace 5 años que empecé a navegar en la hermosa “aventura del Amor” ofrecida por esta familia religiosa. Esta “aventura” continúa en un proceso de discernimiento hacia el compromiso definitivo como en un barco, con todas las realidades que vive la persona humana, pero en la confianza que el viento del Espíritu sopla y guía este viaje. Dios me dio de encontrarme con las HA para que en medio de ellas y con ellas, Lo encuentre en medio de sus preferidos. Es Dios quien sigue ensanchando el espacio de mi tienda para hacerle lugar a los que coloca a mi lado, amándolos. 
 
ACCION DE GRACIAS
 
No quiero terminar sin decir gracias. A lo largo de estas líneas y detrás de cada palabra, cada expresión, cada situación descrita, hay personas, figuras, nombres ocultos: hombres y mujeres encontrados en mi camino. Nos ayudamos mutuamente y tratamos de aprender unos de otros.
“Gracia Señor por haberme llevado a compartir mi vida con personas simples. Haz de mí un instrumento capaz de ser dócil en tus manos para ir hacia aquellos que colocas a mi lado, pero sobre todo para cumplir tu voluntad, lo que esperas de mí, allí donde me envías.”
 
Hna. Annie Kibolo, España
 
29/08/2011
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