Madagascar : Sínodo diocesano en Fianarantsoa

Del 5 al 11 de septiembre tuvo lugar en la Diócesis de Fianarantsoa el Sínodo Diocesano preparado desde el 2013 por todos los cristianos. El tema era: “una familia que vive bien su fe es la base de la educación”. Su finalidad entre otras era “Caminar juntos hacia una comunión de fe”.

Este Sínodo empezó con una Eucaristía mayor celebrada por el Arzobispo de Fianarantsoa, rodeado de numerosos sacerdotes que trabajan en la Diócesis, con participación de religiosas y laicos de todos los distritos. Los participantes, en número de más de 600, representaban a movimientos, servicios, etc. Yo fui invitada a participar como representante de las religiosas de nuestra parroquia.
 
Los temas a tratar eran: la familia, la educación, el desarrollo, la mundialización, la gestión, la pastoral.
 
Trabajamos en un buen ambiente, con una buena participación de cada uno/una, pudiéndonos expresar con total libertad. Los laicos pudieron expresar su deseo de ver renovada la vida de los sacerdotes, más coherente, así como su deseo de trabajar juntos a fin que las decisiones no sean tomadas únicamente por los curas; todo esto vivido en un espíritu de escucha y diálogo, con mucho respeto. Lo que me interesó fue la posibilidad de escuchar a los asistentes y su deseo de un cambio en la Iglesia que ellos desean que sea sobre todo “en el terreno”, y más cercana a la gente. Expresaron su deseo de que los sacerdotes salgan al encuentro de la gente, visiten a las familias. Había una búsqueda para encontrar una nueva manera de anunciar el Evangelio. También estaba el deseo de ir más lejos en el conocimiento de la Biblia y de la vida de la Iglesia.
 
Como HA, sentí que nuestro carisma encaja bien con el proyecto de Iglesia, una Iglesia que quiere dar la prioridad a los pobres, y encontrar medios para ayudarles a salir de la pobreza. Saber que, como HA, yo estoy ya viviendo lo que la Iglesia quiere vivir, es decir “ir sobre el terreno” esto me da fuerza, me estimula para continuar viviendo la misión, me invita a ir más lejos. No me siento nunca sola pues sé que la Iglesia “se despierta” en el sentido de ir hacia la gente, y encontrar medios que ayuden al desarrollo de las familias y de los jóvenes.
Lo que ha resultado nuevo para mí, es ver a la iglesia que se abre a otras religiones, que quiere acercarse y trabajar juntos sin exclusión, con otros, con todos aquellos que trabajan el respeto a la humanidad.
 
En relación a la justicia y la paz, se reafirmó que la Iglesia está llamada y enviada a participar al desarrollo integral de la persona, y en ayudarla a salir de toda suerte de pobreza: humana, intelectual, espiritual; a luchar contra el no-respeto de la vida, la inseguridad, la corrupción. En todos estos dominios, la Iglesia ha de asumir su responsabilidad.
En torno al tema de la gestión se habló del deseo de transparencia en ella, tanto para los sacerdotes y religiosas como para los laicos. Esto se une a nuestra búsqueda de autofinanciación como Hermanitas en Madagascar. No hay que permanecer en un espíritu de recibirlo todo (la providencia), sino buscar a partir de nuestras potencialidades.
 
Percibo que lo más importante para nosotras es continuar con lo que hacemos al mismo tiempo que estando muy atentas en actualizar nuestro carisma. Me siento confirmada en nuestra misión con las familias. Este Sínodo es una llamada a trabajar en todo lo que construye la familia en esta nueva evangelización, una llamada a ser testimonios para anunciar la Buena Nueva, llamada que está destinada a todos los bautizados.
 
Personalmente, estoy contenta de haber podido asistir al Sínodo, he tenido la suerte de haber podido oír los gritos y los deseos de los cristianos a propósito de la vida de la Iglesia, la vida familiar, la vida social, y la vida consagrada.
 
Hna. Charline, Cdad Ampopoka
24/11/2016
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