Madagascar – Comunidad de Sahalava

“Tsy misy manana ny ampy, fa sambatra izay mifanampy.” “Nadie es más feliz que el que es solidario.”

Después de haber pronunciado mis votos el 22 de septiembre del 2012, fui enviada a la comunidad de Sahalava con la misión de ayudar a Louisette en el seguimiento nutricional a fin de poder después hacerme cargo de esta tarea.
Este centro de seguimiento nutricional de Sahalava existe desde 1998; su finalidad es ofrecer a las familias, y con ellas, actividades o servicios que se correspondan con sus necesidades o deseos. En los inicios el Centro recibía de manera regular cerca de unos veinte niños, de 6 meses a cuatro años, de septiembre a julio de cada año. Organizábamos un seguimiento intensivo para estos grupos de veinte niños con carencias: en principio una permanencia diaria para la distribución de leche y de vitaminas a base de plantas “ananambo” ricas en proteínas, y dos comidas completas por semana. Este compartir se hacía in situ. Trabajábamos con dos mujeres del barrio que hacían el seguimiento de la salud de los niños.
 
Ahora es voy a compartir lo que hemos vivido después del año pasado. Mi compartir estará basado en tres puntos: servicio, escucha, compartir.
 
Desde mayo del 2013, la Congregación me confió el seguimiento nutricional. Antes de llevar a cabo esta misión, mi deseo era ayudar a dar “peso a la vida” no necesariamente “dar peso al niño”, pero si hacer crecer al mismo tiempo la vida de la familia. Como decía el Padre Pernet “Que el padre sea padre, la madre sea madre y el niño sea niño.” Que todos sean felices de ser lo que son.
 
Servicio: Para mí lo principal es estar a su servicio. La mayoría de las mamás que vienen al Centro tienen dificultades familiares: El padre ausente, muerto o indigno, y muchas veces también con la mínima escolarización. Para mí, toda persona es imagen de DIOS, ya sea pobre, débil o abandonado, ya esté enfermo o tenga buena salud. Desde que estoy en la comunidad, hubiera querido estar al servicio de estas familias que a menudo tienen una vida muy difícil, más que lo que yo he vivido en mi propia familia. Mi deseo es ‘descender’ con ellas y ‘remontar’ con ellas. Quisiera expresarles mi amor a través de la relación mutua. Para ello intento hacer todo lo que está de mi parte. Un servicio muy sencillo, nada de espectacular, pues para mí el bien se hace en secreto.
 
Escucha: escucho largamente a cada una, ya sea con ocasión de los numerosos encuentros en el Centro, ya sea a través de la visita sistemática a domicilio, o en los momentos de los encuentros de formación, una vez al mes, en los que están presentes todas las mamás. En esta escucha descubro los distintos valores y riquezas de cada una de ellas. Algunas trabajan en la venta de legumbres, buñuelos, u otras cosas; otras saben coser, o crían gallinas u otros pequeños animales.
A partir de esta escucha llegamos a la tercera palabra.
 
Compartir: Veo que las mujeres saben y quieren dar sentido a sus vidas. Empiezan a reflexionar sobre el futuro de sus hijos. Algunas quieren ayudar a su marido a encontrar el sustento diario, pero otras asumen solas todas las cargas. Para dar respuesta a esta situación he creado un espacio de intercambio de saberes. Ellas vienen al Centro para aprender o para compartir sus conocimientos; a veces soy yo quien dispone de una receta, o quien propone distintas maneras de hacer un presupuesto. Después, ellas se van con una pequeña cantidad de dinero para poner en marcha la actividad escogida. Yo hago el seguimiento de cada una con el mismo sistema: visita a domicilio, compartir en el Centro o en el mercado para ver si la venta, la costura o el gallinero van bien. Los fines de semana vienen con la mitad de sus beneficios para reembolsar, poco a poco, las monedas que se les han prestado; la otra mitad es para la alimentación familiar.
 
Una de las cosas que también he puesto en marcha, es el almacenaje de arroz. Ya sabéis que nuestro país forma parte de los países menos avanzados, y la política no ha sido bien gestionada desde el año 2002, lo que ha tenido muchas consecuencias a nivel social y económico. Además tuvimos una invasión de langostas que destruyeron las cosechas en varias regiones del país. Con la ayuda financiera de los alumnos del Liceo de Dijón, el ánimo de la comunidad, y la ayuda de mi familia para la recolección del arroz, llegamos a lograr un stok. Desde el mes de noviembre, empezamos a compartir un kilo de arroz semanal con las familias del Seguimiento, y en contrapartida la familia da una pequeña cantidad de dinero.
 
Para terminar mi compartir, quiero dar las gracias a todos los bienhechores que nos sostienen, de una u otra forma, con su colaboración y su amistad.
Gracias a todos nuestros lectores y lectoras.
Hna Odile, joven profesa.
 
16/05/2014
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