Leer y hacer leer

En la Escuela Primaria ‘Jean Moulin’, en Nimes, una Abuelita-Lectora, una yaya entre otras encuentra su corazón de niña y comparte la alegría del despertar de los pequeños. Marie Paule Guilbaud se deja entrevistar por una hermana de su comunidad.

Marie-Paule, ¿Puedes decirme dónde está situada la comunidad en la Ciudad de Nimes?
Está situada en el barrio llamado Chemin Bas d’Avignon, barrio de área de prioridad. Vivimos en dos viviendas sociales en duplex, en el centro de un conjunto de 24 pequeñas casas del mismo tipo. Nuestras dos puertas están en la misma entrada y dan a un espacio donde cada apartamento tiene un pequeño jardín y como nosotras, un patio. A los niños les gusta venir a jugar delante de nuestra casa. Este conjunto está protegido de la calle por dos puertas cerradas con llave.
 
Somos seis hermanas, de 73 a 85 años; estamos aquí desde 1992, después del cierre de la calle Briçonnet. Actualmente en el Barrio hay familias marroquíes, argelinas, franco-vietnamitas y francesas, que tienen niños; con ellos puedo también leer historias.
 
¿Cómo escogiste este compromiso?
Llegué a Nimes en septiembre del 2002, enseguida me comprometí en la Parroquia: Liturgia, permanencia, acompañamiento en los funerales. Yo deseaba salir de la Parroquia y encontrar algo fuera de ese marco. Con ocasión de las vacaciones en casa de mi ahijada que vive en Bastia y que tiene niños pequeños, Sylvain de 4 años y medio y Alexis de 4 meses, encontré la alegría de ocuparme de niños después de 33 años de trabajo familiar. No había tenido ocasión de volver a tratar con ellos y los añoraba. Al empezar el curso en octubre del 2004, el Centro de Animación del Barrio hizo un día de “puertas abiertas” para presentar las actividades del Centro. Yo encontré a Evelyne, una “Abuelita-Lectora” en búsqueda de lectores o lectoras que actuaran en las escuelas de nuestro Barrio y entre ellas la de Jean Moulin. Después de escucharla dije que iba a pensarlo.
 
¿Esta actividad se desarrolla en el marco de una Asociación?
Sí, existe a nivel nacional la Asociación “Leer y hacer leer”. Hace una llamada a voluntarios jubilados que, en horas escolares, quieran dar su tiempo a los niños para estimular el gusto y el placer de la lectura y favorecer un contacto entre generaciones, enriquecedor para todos. Cada año en la Asamblea General, interviene alguien con una exposición y tenemos también jornadas de formación. Enseguida sintonicé con Evelyne, y juntas fuimos a ver al Director de la Escuela, que me acogió afablemente. El me propuso la clase de CE1: 25 niños de 7-8 años. A raíz de eso conocí a Amar, joven maestro, que me recibió amable y con mucha delicadeza.
 
¿Cómo se desarrolló y cómo te fue?
El martes a las dos de la tarde, los niños me acogieron “Buenos días, Abuelita-Lectora”. Hacemos pequeños grupos de 4 ó 5 niños durante 3/4 de hora de lectura. La clase está dividida en cuatro grupos de lectura. Cada semana, estoy con dos grupos. Es muy importante saber qué grupo viene conmigo, porque algunos niños querrían colarse “¡Oh, no nos toca a nosotros!”. Desde principio de curso, los niños escriben su nombre en la ficha correspondiente a su grupo. Me es un problema retener sus nombres, pues hay pocos de resonancia francesa. Cuando he reunido a mis 4 ó 5 chavales, hay que trasladarse sin hacer ruido, porque hay clases en las que están trabajando… “¡Chisss… no corráis!”. Llegamos a la sala no siempre confortable. “¡No nos sentamos hasta que haya tantas sillas como los que somos nosotros! Una más alta para Yaya-Lectora que tiene las piernas más largas.” Hay que hacer silencio. 
 
Entonces se anuncia la historia, a partir de un libro que he escogido en la Asociación o en la Biblioteca de Nimes. A los niños les gustan las historias de animales, el lobo siempre tiene mucho éxito. Hay historias de brujas, ¡hay que tener miedo…! Salen también hadas para las niñas pequeñas. La lectura permite descubrir la vida de habitantes de diferentes países. Les gusta volver a escuchar los Cuentos de Perrault, la Caperucita Roja, la Cenicienta, etc.
 
¿Todo transcurre bien?
No es siempre fácil mantener la atención de los niños. Siempre hay uno o dos que no están quietos. A veces, parece que no escuchan; de hecho me sorprende constatar que han seguido paso a paso la historia. A través de este rato de placer, puede darse un aspecto educativo, como el respeto mutuo, la escucha al otro.
 
¿Y tú cómo vives esta actividad?
Después de una hora con ellos estoy cansada… porque son inquietos, pero me gusta volverlos a ver cada martes. Lo espero. 
Los niños tienen a veces expresiones chocantes: “Eres guapa Abuelita, tienes bonitos ojos azules… y pelo blanco, ¡es bonito el pelo blanco!”, o aquel que me cogerá de la mano o cargará con mi bolso cuando subimos a la sala de lectura. ¡Les gusta abrazarme! 
Pero tengo cuidado, sin estar distante. Los niños tienen necesidad de mostrar su afecto cuando se sienten queridos. Me he dado cuenta que los niños están muy apegados a sus raíces familiares. Algunos van al país de sus padres durante las vacaciones: Marruecos, Argelia. Están orgullosos de ser musulmanes. 
 
Reconozco que este tiempo dedicado a ellos es un momento privilegiado, un poco corto pues siento que habría muchas cosas a compartir… No es este el propósito… y no tenemos bastante tiempo. Ellos también desearían que se les escuchara.
Después de 7 años ¿Este compromiso se corresponde con lo que esperabas?
 
Durante estos 7 años, no he progresado porque por opción me he quedado en CE1. Veo crecer a los niños, los que conocí al principio cuando me encuentran en la calle se acercan para abrazarme. ¡Me sobrepasan un palmo! “¿No te acuerdas de mí, Abuelita?”. Transcurridos unos instantes llega el gozo del reencuentro: “¿Qué? ¿Sigues leyendo?”. Revivo siempre este placer de reencontrar el contacto con los niños, habiendo trabajado 4 años en Guardería y 33 de Trabajadora familiar.
 
Esta actividad te pone en contacto con el medio escolar ¿Qué has descubierto?
Sí, he cambiado casi todos los años de maestro; son jóvenes, la relación es siempre muy buena… pero no puedo olvidar a Amar, quien en mis inicios me dio a saborear el gusto de este tiempo pasado con los niños. Al final de los dos primeros años en los que él estuvo aquí, hizo hacer dibujos a los niños para mí, pegándolos en un gran póster. Me obsequiaron con infinidad de pequeños corazones: “Gracias ‘yaya’-lectura”, “Me han gustado tus historias”, “Te quiero ‘iaia’-lectura”… Es muy gratificante. Puedo participar en las fiestas de fin de curso, en las que las mamás están presentes. Encuentros en el Barrio como el Carnaval o representaciones públicas de cantos o comedias, en los que los niños son tan felices cuando se les aplaude. Mi oración también está repleta de “pequeños corazones” que son una llamada a “volver a ser como los niños” y a decir “Gracias por estas horas pasadas con ellos”.
 
23/01/2012
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