Italia - Roma, Historia de un barrio de la periferia

San Basilio es un barrio popular del extremo periférico Noreste de Roma, construido en los años 50 alrededor de una antigua aglomeración de pequeñas chabolas, y constituido casi exclusivamente por viviendas sociales destinadas a los inmigrantes italianos que procedían de zonas particularmente pobres. Con el tiempo y el auge económico de la postguerra, este barrio se convirtió en la zona industrial de Roma, y se instaló una gran fábrica de penicilina que proporcionó bienestar y trabajo. La construcción de la cárcel romana de Rebibbia en los límites del barrio hizo de su renombre algo equívoco.

Yo llegué a este barrio en los años 70, joven profesa, y la primera cosa que me llamó la atención fue la edificación tan grande a la entrada de San Basilio, sobre la Vía Tiburtina (una de las grandes Vías romanas): era la fábrica de penicilina. Si hoy os acercáis allí, casi 50 años más tarde, todavía la veréis allí y en el mismo estado en que estaba. Está llena de amianto y su desmantelamiento cuesta muy caro.
 
Hoy, la población del barrio con una mayoría de personas mayores, está en pleno crecimiento (cuenta con 35/40.000 habitantes), el mantenimiento de las viviendas sociales es casi inexistente, las calles están llenas de socavones, las aceras, mejor no hablar de ello, los jardines abandonados; los pequeños comercios han tenido que cerrar casi todos, además de haber sufrido la competencia de los grandes supermercados lowcost, el organismo que gestiona las viviendas sociales ha aumentado los alquileres. El tráfico de droga, verdadera azote en San Basilio, se propaga entre los habitantes que se justifican argumentando que es un medio para sobrevivir ante la falta de trabajo. El contacto con los más jóvenes es muy difícil, perdidos en sus tabletas, Smartphone, etc. aunque esto parece ser una situación generalizada.
 
Las tentativas para renovar el barrio (que son siempre tentativas en periodos electorales), han consistido en abrir un Centro Cultural, poco utilizado por la mayor parte de los habitantes y proponiendo iniciativas con poco entusiasmo, también han decorado algunas casas con grafitis. 
 
 
Sólo la parroquia ha pensado en resolver algunos problemas de barrio creando un parque con vigilantes de día y cerrado de noche, donde las mamás y los abuelos llevan a jugar a sus niños con total seguridad. Además, el nuevo Oratorio (lugar de catequesis de juego para los jóvenes) ha sido decorado de nuevo para ofrecer un local sano de crecimiento personal y cristiano a los más jóvenes.
 
Hemos de reconocer que San Basilio es un barrio empobrecido. Incluso la venta de nuestra casa ha hecho desaparecer uno de los raros servicios existentes: el Laboratorio de Análisis Clínicos, que ha tenido que ser transferido a otro barrio. Muchas de las fábricas de la zona industrial han sido cerradas y hoy están ocupadas cada una de las habitaciones por los nuevos inmigrantes que provienen de África, y de los países en guerra (Siria, Afganistán, etc.)
 
Nuestra vida de Hermanitas de la Asunción está entrelazada con la población; existen muchos vínculos con las personas y las familias que sufren problemas crónicos: enfermedad, soledad, paro, miseria moral, agravada hoy por la destrucción programada de la familia y por la descristianización. Sin embargo, el Señor está presente y nosotras le encontramos, le tocamos, a través de nuestros humildes servicios. En ellos damos y recibimos.
 
Hemos visto el milagro del cambio y de la conversión de Aldo, un hombre de unos cincuenta años, consumidor y vendedor de droga, que fue ingresado en una residencia. Hna. Angelina le había ayudado en múltiples ocasiones a desintoxicarse, sin demasiado éxito. Pero ella es tenaz, y continúo haciéndole confianza hasta encontrar una comunidad que ha sabido acogerle, y hoy Aldo es una nueva persona. Se ha convertido en el brazo derecho del Padre fundador de aquella Comunidad.
 
Elena es una mujer de 37 años, que nosotras conocimos con ocasión de la preparación al bautismo de sus dos hijos. Empezamos a acompañarla cuando el padre de los niños marchó de casa. Después del mes de mayo, ella estaba en paro, y justo en el momento en que los niños empezaron la escuela encontró un trabajo que la retenía lejos de su casa todas las tardes de la semana. Los niños son muy vivarachos y la única persona con quien ella podía contar es la suegra, actualmente en quimioterapia. Nosotras sabemos que hemos de colaborar, haremos una parte del servicio de canguro. ¡Que Dios venga en nuestra ayuda!
 
Emanuela y Ermanno, un matrimonio de la Fraternidad, viven con sus dos hijos en un piso con tres habitaciones. Los padres de Emanuela, los dos inválidos, viven en el otro extremo del barrio y necesitan que se les ayude. Emanuela y Ermanno se ven en la obligación de acogerlos en su casa, les han cedido su habitación y desde hace dos años ellos duermen en un sofá-cama. Mientras, el piso colindante con el suyo queda vacio y enseguida deciden pedir el cambio de vivienda para sus padres. La respuesta que reciben es que en las viviendas sociales no se puede escoger el apartamento. La solución sería “ocupar” el piso (como lo hacen la mayor parte de la gente en San Basilio) con posibilidad de regularizar más tarde el contrato. Nuestros amigos prefieren estar en la legalidad… Continúan durmiendo en el sofá-cama… Y, otros ocuparán el piso vacío.
 
Frecuentamos muchas familias del barrio, ya sea por la ayuda a domicilio o por nuestro servicio de ministro extraordinario de la Eucaristía. Así conocí a Filomena y Aurelio, una pareja magnífica, muy unida, con cuatro hijos que hoy ya son adultos y casados, y que desgraciadamente, habitan en otras ciudades. Filomena sufre una forma de Parkinson/Alzheimer que la destruye física y mentalmente, pero aún es perfectamente consciente de que recibe a Jesús. Ella vive gracias a los cuidados y a la asistencia que no cesa de darle su marido, pero a veces le sobrevienen crisis ligadas a su patología. Cuando la mamá está peor siempre vienen uno u otro de los hijos y la primera cosa que comentan es: Tenemos que llevar a mamá al hospital. La respuesta de Aurelio es siempre la misma: Mientras yo viva no llevaré a vuestra madre a que muera en el hospital. Tiene razón, sin Aurelio, Filomena moriría rápidamente. Están unidos por un amor profundo y tierno. ¡Tenemos tanto que aprender de ellos!
 
Romina es una mamá de 36 años, enferma de SLA (esclerosis lateral amiotrófica), enfermedad que se manifestó después del nacimiento de su hijo, ahora con 12 años; ella hace algunos años que enviudó. A causa de la enfermedad ha perdido la movilidad de los brazos, tiene crisis respiratorias, y el uso de las piernas es muy limitado. Pero tiene coraje para dar y vender, y la tecnología moderna la ayuda: con los pies utiliza el teléfono, el ordenador y mantiene los contactos. Sus padres la ayudan como pueden. Durante este año, un centenar de ayudas a domicilio han ido sucediéndose. Aguantan sólo una semana, un mes, a veces un día. Le falta estabilidad. Pero el martes, es el día de Hna. Anna, que desde hace 8 años va regularmente a visitarla: le hace un poco de terapia alternativa, y remienda la ropa. Entre ellas hay confianza, diálogo; Romina ha crecido en la fe, ha pedido ser confirmada, ahora Anna también le lleva a Jesús.
 
Ya veis, os hemos contado un poco de nuestra vida.
 
Hna. Camilla
15/11/2016
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