Italia – Comunidad de San Basilio

La cotidianidad de la Hermanitas de la Asunción de Roma

Recientemente ningún acontecimiento interesante ha tenido lugar en el Barrio de San Basilio, 27.000 habitantes en las afueras de Roma, a parte de las habituales refriegas de la policía con los ‘vendedores de muerte’, la droga, vendida por jóvenes que no encuentran otro medio de ganar un poco de dinero.

La palabra “afueras” desencadena en mí una reacción: Las periferias del mundo, lugares privilegiados para la misión, dice el papa Francisco.
 
Últimamente el barrio se ha convertido en una mezcla de culturas, razas, religiones, pero sin crear conflictos especiales; lo que me hace pensar en la Roma del principio del cristianismo.
 
Las Hermanitas viven desde hace 45 años en este barrio, se nos respeta y se nos considera como elementos esenciales del barrio. Incluso podemos decir que nuestras hermanas han entrado en cada familia ya sea para cuidar a niños, adultos, personas mayores o para la catequesis, bautismos, grupos de Evangelio o como ministras de la Eucaristía. A nivel de la Parroquia tenemos un “ambulatorio” para pequeñas prestaciones sanitarias. Nuestra misión es una misión de gestos, de proximidad, de com-partir. Pobres entre los pobres, con nuestras modestas fuerzas, hacemos seguimiento de casos sociales importantes de enfermedad, de soledad y de abandono. No hacemos milagros, pero buscamos “encarnar” lo que nos da sentido, “Que vuestros actos hablen Jesucristo”.
 
Algunas situaciones en las que estamos comprometidas:
 
ALDO: víctima de la droga (consumía y vendía); ahora se encuentra en arresto domiciliario. Ha sido operado de carcinoma y pierde la vista progresivamente. No se queja de su enfermedad, sabe que paga las consecuencias de su vida inestable pero desearía curarse y esto sólo puede darse lejos de su barrio. Espera entrar en un centro de desintoxicación pero no puede pagar los gastos, su pensión de invalidez le ha sido retirada en la espera de un nuevo control. Dentro de poco deberá dejar el piso donde vive pues el propietario acaba de salir de la prisión. Hna Angelina, que se ocupa en particular de este caso, encuentra continuamente dificultades: a causa de la policía que no da permiso a Aldo de salir para efectuar las visitas necesarias y también, a causa de los médicos que no quieren entender el problema… pero puede ser que en estos días se abra una oportunidad… Lo ponemos todo en manos del Padre Pernet.
 
ELENA J.: 34 años, mamá de dos niños de 3 y 8 años. Nos conocimos con ocasión de la preparación del bautismo de los dos niños. Su cónyuge la dejó hace más de un año y hace varios meses que no paga la pensión alimenticia para sus hijos porque está en paro (es lo que él dice). Se ha puesto una denuncia contra él por “stalking” (acoso). Para vivir, Elena acepta cualquier trabajo cuando lo encuentra. En este momento, tiene un empleo de dependienta en un almacén de ropa con horario de tarde. Nosotras la ayudamos quedándonos con los niños cuando salen de la escuela hasta que ella vuelve, de 17h a 21h. Los niños alteran la tranquilidad de la comunidad, pero nadie se queja. Creo que su presencia hace crecer nuestra fraternidad y solidaridad.
 
Por desgracia, a pesar de que es joven, a Elena le han diagnosticado una necrosis de cadera, por lo que deberá ser intervenida para ponerle una prótesis que necesitará un largo tiempo de rehabilitación. Esperamos ayuda de los abuelos maternos, pero hay tensiones entre ellos. Otra tarea para el Padre Pernet.
 
SARO y TINA: Un matrimonio de personas mayores conocido hace algunos años a través de nuestro servicio de enfermería. Saro tiene ahora 86 años y Tina (cardiópata) 90 años. Viven solos. Tienen dos hijos que viven en otras ciudades. De vez en cuando voy a ver cómo se arreglan. El verano pasado me di cuenta del grave estado de salud de Saro. Las pruebas hematológicas lo han confirmado. Hospitalizado ha sido operado de carcinoma gástrico. Después de una larga y fastidiosa recuperación, cuando parecía haber una mejoría, apareció un nuevo problema, se detecto una metástasis cutánea inoperable. El Hospital no colabora y no podemos empezar una terapia oncológica.
 
Los dos ancianos ya no son autónomos, pero no quieren dejar su casa y trasladarse a otra ciudad cerca de su hija. Una auxiliar familiar que viviera con ellos sería suficiente (como pasa en muchos otros casos del barrio) pero no tienen suficientes medios económicos y los hijos no quieren colaborar. Por mi parte me ocupo de las compras, me peleo con los médicos, hago las curas del tumor y recibo todo el agradecimiento de los ancianos, pues gracias a mi ayuda pueden continuar viviendo en su casa y su entorno. Sin embargo me pregunto: ¿Hago bien o hago mal? ¿Proximidad, compartir, palabras o gestos?
 
LA FRATERNIDAD: desde hace 30 años caminamos y evangelizamos juntos. De hecho, nuestro encuentro fue motivado por nuestro deseo de hablar de Jesucristo y por su deseo de profundizar sus conocimientos en armonía con el proyecto espiritual del Padre Pernet de volver a los hermanos al terreno de su bautismo. A través de este camino hemos pasado por momentos de gozo y de dificultades pero se ha creado un verdadero crecimiento humano y espiritual. Se ha dado mucha calidez humana recíproca de abertura hacia los otros e igualmente un compromiso misionero. Veintitrés personas de la fraternidad han renovado su promesa bautismal.
 
Desde los años 2000, la fraternidad ha participado siempre en encuentros internacionales, ensanchando el conocimiento de otras fraternidades con mucho entusiasmo, a pesar de la dificultad de la lengua. En cambio este año encontramos dificultades y no vamos a poder formar un pequeño grupo para asistir a Bruselas; la crisis económica se deja sentir, envejecemos y las diversas situaciones personales son un obstáculo.
 
Una nueva relación se ha creado con el grupo de Nápoles, con el que nos juntamos a primeros de mayo para la peregrinación a las Catacumbas de San Calixto en Roma. Nosotras sembramos y alguien cosechará.
 
Camilla 
 
02/06/2014
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