Italia: Comunidad de Nápoles - Centros del Evangelio

He aquí que el sembrador salió a sembrar… (Mt 13,3)

Enviadas a Nápoles hace diez años, vivimos en un barrio extrarradio donde existen diferentes iglesias evangélicas y testigos de Jehová, lo que incluso entre las familias ha suscitado divisiones, problemas de discusiones, faltas de información y de formación suficientes.
Atentas a esta realidad, el Señor que precede y acompaña nuestra misión, suscita en las gentes el deseo de reunirse para orar juntos, profundizar nuestra fe y conocer el Evangelio.
Desde los primeros meses, fuimos invitadas a diferentes familias para leer el Evangelio y orar, cada familia invitaba a otra y nos dábamos enseguida fecha para reunirnos a la semana siguiente.
Todo esto nos permitió penetrar en los barrios, conocer y tejer lazos de amistad, tener la oportunidad de compartir momentos de gozo, de enfermedad y de sinsabores.
 
De estos encuentros y relaciones, nació un grupo de laicos que trabajaba con nosotras y que nos reuníamos una vez al mes para compartir nuestra espiritualidad, dar a conocer la Palabra de Dios y la Congregación. Esto nos permitió abrirles a interesarse por lo cotidiano y lo mundial y en el curso del año profundizamos algunas fichas del dossier: “El carisma de Esteban Pernet y A. Fage reúne a Laicos y Hermanitas en una sola familia”.
 
Vivimos los encuentros en un ambiente familiar, de libertad de expresión, y de un compartir profundo de la vida y a menudo también vivimos momentos de fiesta.
 
El 26 de diciembre, por San Esteban, tuvimos la ocasión de celebrar en nuestra casa la Eucaristía con el Padre Marcel A.A. y otros hermanos que acogimos varias veces y que ahora esperamos con alegría y amistad.
Con ocasión del año de la Fe, nuestra parroquia se adhirió a la iniciativa diocesana y decidió crear los “Centros de escucha de la Palabra”, en cuatro zonas, una de ellas confiada a la comunidad de HA y al diácono Roberto y su mujer, Marisa. Desde hace tres años nos reunimos una vez por semana en un local del Ayuntamiento, que nos cedió a petición nuestra.
En un primer tiempo, hicimos un trabajo de hormiguitas visitando a todas las familias e invitándolas a participar en los encuentros. No fue siempre sencillo suscitar su interés, pero muchos de ellos nos acogieron: Es la Palabra quien nos reúne y compromete.
 
Los dos primeros años escuchamos, oramos y meditamos sobre el Evangelio del domingo siguiente. Este año, sin embargo, nos acompaña la lectura del Evangelio según San Marcos, basándonos en un esquema preparado por la diócesis.
A todo lo largo de este camino, se ha formado un grupo animado por la voluntad de escuchar, de comprender y de confrontar el Evangelio con nuestra vida. Para algunos ha sido fácil abrirse a la escucha y al cambio, o de intervenir sencillamente dando testimonio del descubrimiento del Señor presente en sus vidas. Todos, juntos, nos sentimos una comunidad de Fe.
 
Este año el Martes Santo celebramos en nuestra casa, por segunda vez, la cena cristiano-judía. Esta celebración fue preparada y vivida con seriedad y compromiso apreciando cada momento.
 
El lavatorio de los pies fue un momento fuerte en emociones durante el cual cada uno pidió perdón al otro y este gesto se gravó en el corazón como un don, un momento inolvidable. El Señor puso en el corazón de cada uno el deseo de seguirle y dar testimonio de El.
 
“Tu palabra es lámpara en mi camino”. Es El quien guía nuestros pasos, quien nos reúne, quien suscita el deseo de convertirnos.
Para nosotras es una felicidad estar acompañadas, en este camino, por todos; y el reunirnos y estar juntos en la escuela de Jesús; comunicar nuestra expe-riencia; evaluar gracias a la experiencia del encuentro con otros.
“Aquel que ha recibido la semilla en buena tierra, es el hombre que escucha la Palabra y la comprende: esta da fruto y produce unas veces el ciento por uno, otras el sesenta, otras el treinta…” (Mt 13, 23)
 
“Uno de los resultados o fruto de la contemplación es el de no ver las personas o las cosas como las veíamos hasta el presente. Nos aparecen como reflejos de Dios; cada uno en su lenguaje nos habla de Dios y nos dice: Yo soy su obra.” Etienne Pernet - 06/09/1894
 
Giovanna, Rosaria y Giovanna
 
 
30/09/2015
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