Irlanda - En recuerdo de los misioneros etíopes

A primeros de año el Padre Kevin O’Mahony murió en Etiopía, después de haber pasado casi sesenta años en este país como misionero y miembro de los Padres Blancos de Adigrat. En razón de los vínculos que nos unen a Etiopía y al Padre Kevin, varias Hermanitas asistieron a la misa conmemorativa celebrada en la capilla de los Padre Blancos de Templeogue en Dublín, donde su antiguo Provincial evocó esos sesenta años de misión en Adigrat. Esto nos ha traído a la memoria recuerdos de nuestra misión en Edaga Hamus y de los gritos de miseria de la población etíope en los años 1980.
 
Durante una Asamblea general en octubre de 1984, sentimos una llamada a responder a esta crisis. En diciembre de aquel año, éramos tres las hermanas dispuestas a ser enviadas en misión a Mekele, donde centenares de Etíopes morían cada día en los campos de la hambruna. Pensamos en este pasaje de Jeremías 14, 18: “Si entro en la ciudad, veo ahí las torturas del hambre”. Pero no permanecimos mucho tiempo en Mekele. El Obispo de Adigrat necesitaba ayuda en su diócesis. Él deseaba que la gente pudiera permanecer (o morir) en su casa, le parecía mucho mejor a que los mantuvieran reagru-pados en campos. Para nosotras, esta era “una tierra árida, sedienta, sin agua”, en la que la población hollaba el suelo día y noche en la búsqueda de cuidados y de respuesta a sus necesidades. Nosotras fuimos acogidas por el Obispo de Adigrat, por el Padre Kevin y otros sacerdotes del seminario. Ellos nos acompañaron durante aquellos difíciles años en que habíamos abierto un dispensario en Edaga Hamus, situado a unos veinte kilómetros de Adigrat. También recibimos el apoyo de hermanas misioneras experimentadas, principalmente de las Hermanas de la Caridad (Mekele) y de las Hermanas del Buen Pastor (Addis).
 
Pero hoy, quisiéramos aportaros algunas migajas de la historia del Padre Kevin, que hemos oído durante la homilía pronunciada por el Padre Ian Buckmaster. Kevin nació en Manchester en 1930, de padres irlandeses. Después de los estudios secundarios entró en los Padres Blancos en 1946, y fue ordenado en 1953. Estudió filosofía en Roma y luego ejerció de profesor en Escocia. En 1966 fue enviado a Etiopía para montar, con un equipo, el Seminario Mayor de Adigrat, ciudad que contaba con un pequeño porcentaje de católicos de rito oriental etíope. Hizo un año de estudios en Roma en el Colegio pontificio etíope, para enseguida comenzar a enseñar en el Seminario. Aparte de los seis años en que ejerció de Provincial (entre 1994 y el 2000), esta misión duró toda su vida. Él había llegado durante el reinado de Haile Selassie, derrocado en 1974: la monarquía fue reemplazada por un régimen comunista que fue extremadamente violento y abiertamente sostenido por la Unión soviética. Durante la década de los años 80 Etiopía sufrió una ola de hambre, mientras estaba sumergida en una guerra civil que se añadió a las condiciones de vida deplorables del pueblo. En 1991, el régimen se derrumbó y el nuevo gobierno estuvo compuesto en gran parte por personas originarias del norte (TPLF). La Eritrea se independizo en 1993, y con ello Etiopía perdió su acceso al mar. 
 
Si nuestras hermanas vivieron en Etiopía durante este último decenio (1984 a 1995), el Padre Kevin conoció el país antes y después de este periodo. El asimiló totalmente la cultura etíope. Además de ser filósofo, era también historiador y le gustaba investigar sobre la historia y las tradiciones locales. Por ello en 1969, no apreció demasiado que el Nuncio de Etiopía consagrase la nueva Catedral de Adigrat en rito latino, pues a él le parecía que no resonaría para nada en el corazón de los católicos del país que eran de rito oriental.
 
Kevin trabajó sin descanso por mantener contactos amigables con la Iglesia ortodoxa de Etiopía, y estuvo subyugado por la diversidad de la herencia cristiana, de la política y de la cultura del país. Verdaderamente amaba al pueblo etíope. También trabajó como ONG (organización no gubernamental) para ayudar a la Diócesis a hacer frente a las necesidades de la multitud de refugiados que llegaban a la diócesis para encontrar ayuda durante los periodos de violencia y de hambruna. Escribió muchas cartas a organizaciones humanitarias y se le hicieron interviús en programas de televisión y en la radio durante la hambruna de 1984. De alguna manera, fue un precursor de Bob Geldof (Live Aid) !
 
Kevin vivió momentos muy duros. Raramente pudo volver a Irlanda para ver a su familia, pues el trayecto de vuelta implicaba atravesar el Sudán, de noche, desde largas distancias. Además de soportar los bombardeos y los tiros, que era traumatizante, el hecho de ver a este pueblo etíope, que tanto quería, enfrentarse a la hambruna y a la pobreza, le hacía sufrir profunda-mente. Murió en enero del 2015, después de una corta enfermedad, fue enterrado en Adi-grat, con el rito etíope.
 
A nosotras que conocimos a los Padres Blancos de Adigrat, nos gustaría evocar con respeto su compromiso misionero, en particular en la persona del Padre Kevin. Compartimos este periodo de prueba de la década de los 80, y algunas de entre nosotras viajaron en esas rutas peligrosas que atraviesan el Sudán. Habiendo vivido y sufrido con el pueblo en la hambruna y la agitación política, queremos también decir gracias por nuestra misión de HA y por esta suerte que nos ha sido regalada.
 
Cuando vemos estas imágenes de refugiados que huyen de sus países en conflicto, nos acordamos de millares de personas que han perecido en esta Etiopía desgarrada por la guerra. Durante los años del hambre, nosotras vivimos, compartimos, oramos y trabajamos con musulmanes, cristianos ortodoxos, católicos, y de otras religiones. Esta coexistencia pacífica y este respeto entre las diferentes religiones nos marcaron profundamente. Pensamos en nuestro mundo de hoy y en las crisis que castigan a Irak, a Siria, a Eritrea, y a otros países donde nuestros hermanos y hermanas son perseguidos y torturados. Sabemos que estas situaciones son complejas y que requieren reacciones valientes y comprometidas. Pero como nos recuerda el Papa Francisco, cada ser humano caído en la trampa del conflicto, tiene un rostro y un nombre. Estamos gozosas de poder dar testimonio de la dignidad imperturbable del pueblo etíope que ha sufrido profundamente y que ha sobrellevado este sufrimiento con una fe mantenida y profunda. Y damos gracias a todos aquellos y aquellas que aportan su contribución, por ínfima que sea, para hallar soluciones y aliviar el sufrimiento de nuestros semejantes.
 
En este aniversario de los 150 años de la misión de las HA, deseamos recordar nuestra misión en Etiopía que cedimos en 1995, hace justamente veinte años, a las Hijas de Santa Ana, una Congregación de Etiopía. La misión, que es mayor que nosotras, continuará.
 
Hnas Marie McAuliffe y Teresa Maher HA. Dublín
30/11/2015
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