Francia : Encuentro de hermanas viviendo en ‘Foyer-logement’

A la invitación de Marie Annick Manchon, el 6 de mayo del 2015, se realizó un encuentro entre hermanas que están viviendo en Alojamiento-Hogar; fue un encuentro fraterno, fructífero, resultado, sin duda, del deseo de cada una.

¿CÓMO CADA UNA EN SU CONTEXTO VIVE LA MISIÓN Y EL CARISMA DE HERMANITA DE LA ASUNCIÓN?
 
La unanimidad destaca fácilmente cuando hablamos de proximidad, de ser-con, de ciudadanía…
Una escucha, una presencia, a menudo sin palabras.
En lo cotidiano, en la permanencia, nuestras actitudes o nuestros comportamientos dan sentido a nuestro envío.
Una continuidad de vida bajo un modo de inserción diferente. Algunas co-residentes expresan la necesidad de sabernos incorporadas a una estructura mayor.
“Estoy aquí con otros, entre otros: acepto lo que ellos me dan.
Escuchar todo… entender a todos…” dice una de nosotras.
 
El peso de la vida que acogemos nutre nuestra oración: acción de gracias, súplica, intercesión.
Envejecer unidas, tomar conciencia de nuestras carencias, crear una cierta connivencia con los otros residentes. Esto pasa por la amistad, la sonrisa dada y recibida…
Estamos atentas a favorecer la autonomía, a respetar las iniciativas que aún son posibles para las personas con las que convivimos. Queremos:
“Entregar al otro lo que es espléndidamente hermoso en nuestra vida, una felicidad que expresa la vida”
En el Alojamiento-Hogar de Roanne, hay empleadas que proponen y animan varias actividades, mientras que en Montrouge, la animación es más bien asegurada por residentes deseosos de hacerlo según sus competencias.
 
La manera de vivir la oración diverge según cada una, pero todas, unánimemente decimos que la mantenemos a nivel personal y juntas cuando es posible. Alguna vez incluso podemos compartir la oración con alguna otra residente del Hogar. En nuestra vida reconocemos el lugar de la oración, y se da el caso que alguien nos diga:
“¡Ahora, es la hora de la misa para vosotras!”
 
 
Al lado de la misión vivida en el corazón del Hogar, que es misión intercultural, inter-social, multi-lingüística, interreligiosa, señalamos la importancia de nuestros compromisos vividos en el exterior. (¡Lo que era posible hace 10 años, no lo es siempre actualmente…!) Una de nosotras da su tiempo en el reparto de alimentos social, otra en ACAT, o en el centro social del barrio, o en el SEM (servicio evangélico a enfermos), o en la capellanía de gitanos, también en el Comité Católico contra el Hambre y para el Desarrollo, o bien en el CFDT (sindicato, rama de jubilados)… Estos compromisos nos abren al exterior “a fin de no vivir solamente en los límites de la institución”. Son ocasiones múltiples de debates, de encuentros, de abrirse a los demás mutuamente.
 
La fisonomía de un alojamiento-hogar es el reflejo de nuestra sociedad de hoy, tanto en sus búsquedas religiosas como en los sufrimientos del mundo contemporáneo. Nos encontramos y respetamos con una real religiosidad popular, por ejemplo, la importancia dada a las velas a Santa Rita, palmas y laurel del domingo de Ramos conservadas en las habitaciones, o para los difuntos.
Nos encontramos también con antiguos prejuicios que se eternizan en el tiempo: conflictos de poder, ignorancia, juicios, individualismo… constatamos una disminución de la dimensión colectiva; y el CVS (Consejo de Vida Social), que reúne a los delegados de los residentes y a la dirección del Hogar, tiene dificultades para funcionar bien.
“la gente es pasiva…”
 
Algunas normas de la vida en colectividad impiden las atenciones de la convivencia:
“No tenemos posibilidad de compartir entre nosotros un dulce o galletas, pues no está autorizado.”
Las dificultades del trabajo, hoy en día en Francia, repercuten en el personal. Hay muchos empleados con contratos-ayuda, contratos temporales; los horarios y actividades están mal definidos, los plannings de rotaciones cambian a menudo. Esta inseguridad para el personal repercute en inseguridad para los residentes.
 
La muerte forma parte del Hogar. ¡Ya no es un tabú! Nos recuerda el consejo del Padre Pernet: “Vincularse del todo, desprenderse humildemente” (Etienne Pernet). ¡Se la espera, incluso se ansía, se desea una “buena muerte”, sin sufrimiento, súbita como la de la señora X…!
Después del fallecimiento, alguna vez, las familias vuelven a visitar a los amigos de su familiar: Como un deseo de decirse a sí mismos lo que han vivido de humanidad con la persona, la simpatía, el reconocimiento.
Nosotras nos preguntamos sobre el signo de Esperanza que podemos dar al enfermo, a la familia en duelo. El testimonio del hermano puede ser paz, luz, gozo, y el perdón es obra de Dios.
 
Vivimos en el corazón del misterio pascual a causa de nuestro camino personal, de nuestro propio itinerario, y a causa de las personas con las que compartimos la vida con sus sufrimientos, su ignorancia religiosa, y su búsqueda, convencidas que son amadas por el Padre.
Una más entre otros, cuidadosas de crear lazos entre la vida de hoy y el pasado, nuestra misión es escoger la vida y luchar contra las fuerzas de muerte, ofrecer el peso de esta vida y retornarla al Padre.
 
Hna Thérèse 
 
 
06/11/2015
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