Estados Unidos - Irish International Immigrant Center

Estados Unidos - Irish International Immigrant Center celebra sus 25 años

Irish International Immigrant Center (IIIC) ha rendido homenaje a Hna. Lena Deevy, H.A. con ocasión de la celebración anual de los premios Solas que tuvo lugar en Park Plaza Hotel de Boston. Estos premios Solas, cuyo nombre procede del gaélico que significa “luz”, están concebidos para reconocer el notorio trabajo de algunos responsables. 2014 es un año particular para el IIIC, en el que celebra los 25 años de trabajo con miles de familias inmigradas y en dificultad, procedentes de Irlanda y del mundo entero, ofreciéndoles servicios jurídicos, de bienestar y de educación, y desarrollando la formación a la responsabilidad para hombres y mujeres llegados de Irlanda.
 
Lena, directora emérita de IIIC, trabajó sin descanso para promover la ayuda social a los inmigrados durante sus 24 años de responsabilidad en IIIC. Sus esfuerzos para promover la solidaridad, la paz y la justicia han tomado una dimensión planetaria, beneficiando a personas originarias de Irlanda, de América Central y del Sur, de Haití, de Uganda y de Oriente Medio. He aquí algunos extractos de las reflexiones expresadas por Lena al recibir el premio Solas.
 
“Me siento feliz al poder comunicaros toda la gratitud que experimento de corazón al compartir el espíritu que juntos hemos cultivado durante estos 25 años en Irish International Immigrant Center.
 
Algunas fechas claves de estos 25 años
 
1990: Otoño, fue el inicio de un periodo lleno de esperanza para el IIIC: recibimos nuestra primera subvención por parte del gobierno irlandés, lo que nos permitió contratar a dos personas a tiempo parcial, David Mooney y yo misma; este fue también el año de la reforma de la ley sobre inmigración, aumentando el número de visas concedidas, sobre todo para inmigrantes irlandeses (el “Morrison Visa”). Esta reforma fue una fuente de esperanza y de alegría para los miles de inmigrantes irlandeses sin-papeles que vivían en Estados Unidos. Las voluntarias de nuestra organización se unieron a este entusiasmo, y juntos, pudimos ayudar a obtener la Visa Morrison a miles de inmigrados durante los años que siguieron. 
 
A veces, había tanta gente pidiendo ayuda, que nos sobrepasaban los acontecimientos. Pero todos nos arremangamos y trabajamos largas horas para hacer frente a la situación. Los inmigrados acabaron ayudando a otros, se aprendía en el tajo, siempre guiados por abogados voluntarios. Pusimos en marcha talleres en diversos lugares de Massachusetts, en los que participaban centenares de inmigrados llenos de esperanza. Todo este intenso trabajo acabó por dar fruto, ya que miles de solicitantes obtuvieron la visa, y pudieron comenzar a vivir una vida que largo tiempo había permanecido entre paréntesis. Y algunos de entre nosotros, yo misma, no estaríamos hoy aquí sin la Visa Morrison.
 
1995: Fui invitada a dar un discurso con ocasión de la apertura de Montserrat Aspirers Hall el día de San Patrick, que es un día festivo en Montserrat. Esto me hizo percibir un aspecto fascinante de la diáspora irlandesa. Montserrat es un territorio británico de ultramar, situado en las islas Caribes. Es muy interesante conocer la relación histórica entre los irlandeses y Montserrat, “la isla de esmeralda del Caribe”. Este vínculo llega a su paroxismo en la fiesta anual “Black and Green” de Boston, y con ocasión de otros programas; la fiesta del “Negro y Verde” fue instaurada para animar a la confianza, la sanación y la amistad entre las comunidades de Boston. Hoy en día reúne a muchas culturas diferentes en una tarde de amistad e intercambio cultural, degustación gastronómica, música y diálogo.
1996: Concedimos el premio Solas a la Sra. Mary Robinson, para hacer honor a la primera Presidenta de Irlanda.
 
2000: Lanzamos nuestro primer programa de Paz y Reconciliación para Irlanda del Norte y lugares limítrofes: el programa WVP. Jóvenes ya adultos venían a Boston y podían permanecer hasta tres años, a fin de adquirir competencias profesionales y para aprender a vivir en una sociedad marcada por la diversidad.
 
2010: El IIIC dio respuesta al seísmo de Haití extendiendo sus servicios jurídicos de inmigración a las necesidades de los haitianos afectados por el desastre.
 
Esto no es más que una muestra de las cosas extraordinarias que llevamos a cabo y que continuamos haciendo. Hoy, se dice a menudo que saber adaptarse es la principal característica de una asociación no lucrativa si quiere permanecer innovadora, y creo que en efecto esta característica está inscrita en el ADN del IIIC.
 
¿Qué me motivó para realizar este trabajo?
 
Un amigo me preguntó el otro día cómo llegué a comprometerme en esta misión y cuál fue mi motivación. Enseguida pensé en los inmigrados cuya situación me afectó: son ellos quienes cada día, me impulsan todavía a actuar.
 
Pensé en las Hermanitas de la Asunción y en nuestra misión que consiste en participar en la creación de un mundo más justo, equitativo, amante y acogedor, en particular para aquellos que están en los márgenes de la sociedad.
 
Y también volví a pensar en mi juventud. Cuando yo era una joven de 18 años, tan tímida, y que trabajaba en Crettyard, Co. Laois (entre Castlecomer y Carlow, a 50 millas en el sur-oeste de Dublín), me fui a Inglaterra en tren para estudiar enfermería, y esta experiencia me dio una especie de empatía con los inmigrantes. Me sentía muy sola, a todas horas bromeaban sobre mi acento, se burlaban a menudo de mi modo de pronunciar las palabras. Una ligera anomalía de la audición hacía que no llegase a distinguir algunos tonos, y yo evitaba encontrarme en situaciones embarazosas, pues mi pronunciación inglesa era a menudo corregida en presencia de otras personas. Y para ponerle la guinda al pastel, la gente de la región de Laois no pronuncian la “th”, imaginaros pues, cuando me tocaba pronunciar palabras como “thirty-three, thousand thundering trombones…” ¡Incluso todavía hoy, estas experiencias me afectan cuando hablo en público!
 
¿Por qué me comprometí precisamente en esta organización?
 
Al principio, yo había sido enviada por la Provincia de Irlanda a Boston para una formación pedagógica en Harvard durante dos años. Tres experiencias en particular influyeron en mi decisión de consagrarme a los problemas de los inmigrados en Boston, sobre todo con los que tenían dificultades en integrarse correctamente en la sociedad americana.
 
1ª experiencia: poco después de mi llegada a Estados Unidos, Anne Daly, periodista en la radio irlandesa, me invitó a reunirme con ella en Haití. La experiencia cambió mi vida y me marcó profundamente: fui testigo de la extrema pobreza y de la profunda desesperación que se leía en los rostros de multitud de haitianos que nos miraban a nuestra llegada al aeropuerto. Esto hizo nacer en mí una multitud de interrogantes y empecé a comprender porque tantos emigrados asumen tan grandes riesgos para venir a Estados Unidos. Al igual que todos nosotros, ellos quieren ofrecer a sus hijos una vida mejor: les habitan los mismos sufrimientos y el mismo amor y el deseo de una vida mejor para sus familiares.
 
2ª experiencia: las conversaciones que pude tener con muchos inmigrados irlandeses sin-papeles me marcaron mucho, en el marco de mi proyecto de búsqueda. Era la primera vez que yo apreciaba el verdadero alcance de lo que significa vivir “al margen” de la sociedad, vivir en la clandestinidad. Me partía el corazón escuchar sus historias que tenían para mí color de realidad ya que yo conocía a algunas de sus familias en Irlanda. Sabía cuanto sufrían por no poder volver al país para los funerales de sus parientes o para otros acontecimientos importantes que ocurrían en sus familias.
 
3ª experiencia: fue en 1988, al hablar con un pequeño grupo de irlandesas que trabajaban en una oficina situada en el sótano, en Dorchester, donde me atrajo el trabajo del IIIC, y luego me entusiasmó. Lo que decían aquellas mujeres me hablaba al corazón. A través de un número de teléfono anónimo, aportábamos una asistencia concreta a ‘canguros’ o a trabajadores mal remunerados, maltratados o no asegurados, así como a otros obreros que necesitaban ayuda para encontrar alojamiento, trabajo o consejo jurídico. Estas mujeres eran “expertas” para ganarse a abogados voluntarios que tenían a bien inclinarse sobre estos documentos múltiples y complejos, y ellas supieron crear una colaboración con una multitud de organismos hacia los que podíamos dirigir a las personas que necesitaban ayuda, como por ejemplo al Immigrant Workers Center. Nunca agradeceré bastante a Rena Cody, Odette Harrington y a Teresa O’Hara el haberme invitado a formar parte de su equipo. Desde el inicio, estas mujeres instauraron un principio cultural de base en el IIIC, según el cual existe más de un único tipo de irlandés.
 
Esta convicción nos condujo a una filosofía de respeto y de atención hacia todas las personas que procedían de la Isla de Irlanda y de más allá, cualquiera que fuera su status de inmigración, su origen étnico, su sexo, su nivel económico o su orientación sexual. La historia de cada inmigrado es la historia de una persona, y cada persona es un “don” para nosotras.
 
Estas mujeres creían también apasionadamente en los talentos de todos los inmigrados e invitaron a gente como Lew Finfer, animador de barrio, a ofrecer una formación a la responsabilidad, y al desarrollo de competencias, así como talleres anti-discriminación o al conocimiento de los propios derechos, y otros temas de formación para permitir a los inmigrados ser responsables y portavoces.
 
Desafíos para el futuro
 
Quisiera haceros reflexionar sobre lo que constituye la grandeza de los Estados Unidos, esta nación de inmigrados, y cómo nuestra nación puede responder a los grandes desafíos de hoy. Nuestro país está dividido en cuanto al “reto” de los inmigrados sin-papeles.
 
De lo único que estoy segura es que todos somos hermanos y hermanas y que todos formamos parte de este magnífico mundo. Dependemos unos de otros, pero a veces, tenemos miedo los unos de los otros, miedo de lo que se nos exigirá si damos pie a que otras personas entren en nuestra tienda.
 
Yo deseo que sigamos dialogando y que sepamos escucharnos. Los Estados Unidos, nación de inmigrantes, están bien equipados para resolver las diferencias que nos dividen en el debate sobre la inmigración. Podemos y debemos encontrar cómo poner en práctica las políticas de inmigración que sean justas y equitativas. 
 
Espero y ruego con fervor para que pronto tengamos una reforma general de inmigración.
 
En conclusión
 
Para certificar la fuerza de una organización, basta ver cómo evoluciona después de la marcha del responsable que ha estado en ella durante largo tiempo. Ahora el IIIC está en buenas manos con la excelente responsabilidad de Ronnie Millar, directora, y de todo el equipo compuesto por el personal, el voluntariado, y el consejo de administración que está muy implicado.
 
Quisiera mencionar particularmente al Gobierno irlandés que, fielmente, ha financiado al IIIC año tras año, así como a los organismos irlandeses que ofrecen servicios a estos ciudadanos que están en el extranjero.
 
En fin, con una alegría teñida de nerviosismo vuelvo a mi tierra natal, hacia nuevos pastos y nuevas oportunidades para seguir la misión de las Hermanitas de la Asunción en nuevos caminos. Tengo prisa por empezar esta próxima fase de mi vida, enriquecida por estos 25 años en el sector de Boston.”
Lena, H.A.
 
Las Hermanitas del Territorio Estados-Unidos están extremadamente agradecidas a Lena por todo el trabajo que ha llevado a buen término en materia de reforma de la inmigración, y por la multiplicidad de formas con las que ha colaborado, se ha posicionado y trabajado en red con otros para este fin a nivel local, nacional e internacional. Echaremos en falta su presencia entre nosotras en particular en la comunidad de Dorchester, y le deseamos nuestros mejores augurios en su vuelta a Irlanda. Estamos seguras que en todas partes donde sea enviada en misión, Lena no olvidará el trabajo de justicia social para los inmigrados. ¡Permanece nuestro agradecimiento a la Provincia de Irlanda, por haberla compartido con los Estados Unidos durante todos estos años!
 
 
El premio 1999 “Héroes entre nosotros” del equipo de basket de los Celtics de Boston –con los capitanes de los equipos: Antoine Walker para los Celtics y Derek Martín de los Clippers de Los Ángeles.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Música tradicional irlandesa en la fiesta de los premios Solas: ¡Una buena sorpresa para todos!
04/02/2015
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