En comunidad fraterna, camino de amistad espiritual

“Un lugar de acogida diferente, donde es bueno vivir y donde se vuelve con gozo” Esto es lo que las jóvenes dicen cuando bajan la cuesta que lleva desde el metro a la comunidad de las Hermanitas de la Asunción en Vitry (Francia). Pero ¿cuál es esta experiencia tan extraordinaria que hacen durante un año?

Durante un año se experimenta aquí que la fraternidad es posible aún cuando al comienzo no nos conocemos, sea que pertenezcamos a una comunidad religiosa local, o simplemente que somos una de las 4 estudiantes acogidas en este lugar. Descubrimos sobretodo que esta opción da sentido a la vida en un momento en que las más jóvenes dejan sus raíces familiares. Un enraizamiento que la vida de oración en Cristo favorece ampliamente.
Ciertamente, al comienzo, la opción es a menudo motivada por la búsqueda de un alojamiento. Pero las candidatas, encuentran al mismo tiempo el proyecto interesante en sí. Como estudiantes o jóvenes asalariadas llegan solas a París desde su país, o desean dejar el medio familiar para continuar sus estudios en otras condiciones. Entre ellas como con las hermanas, los encuentros cotidianos y una comida semanal todas juntas, permiten vivir la fraternidad en profundidad. Esta “escuela de vida” enseña a “escucharnos, a ayudarnos mutuamente, a ser pacientes, a crear una relación con la otra, extranjera a sí misma, a hablarse abiertamente en un espíritu de confianza, a tener ”ternura” con la que atraviesa un momento difícil. 
 
Cultivar su jardín
Una residente actual repite a su manera “Desde el comienzo, el proyecto nos interesa…Ustedes las Hermanas, no se eligen para vivir en comunidad, y para nosotras las jóvenes es un poco lo mismo. Por lo tanto es un gran desafío también para nosotras. Lo que me interesaba al venir aquí era solamente vivir un proyecto que suponía un encuentro semanal juntas…Al cabo de un tiempo nos damos cuenta que de allí brotan la amistad y la vida comunitaria. Por otra parte, es curioso, la amistad no se crea como con mis otras amigas. Los lazos entre nosotras se tejen de otra manera y nos cambian. Descubrimos que somos llamadas a amarnos con lo que somos y el proyecto va tomando otro giro.” Acompañando a las jóvenes, al correr de las semanas y de los meses, es fácil constatar esta evolución: poco a poco descubren nuevos valores humanos que dan sentido a sus vidas.
En lo cotidiano, hay momentos maravillosos de alegría, pero también tiempos de dificultad y de incomprensión. Viviéndolo y deteniéndose para re leerlos, cada una puede tomar conciencia de su existencia, de quien es, de la transformación que vive a una edad en que las opciones se tornan propias.
El acompañamiento personal y la proximidad de la comunidad permiten una escucha, retomar los acontecimientos, un tiempo de pausa que se abre sobre un “otro modo”. Al mirar afuera al jardín, el magnífico cerezo que en este período del año, da sus frutos, una joven de la casa confía :”Este año, en este vivir con las otras, he aprendido a cultivar mi jardín interior.”
 
La riqueza del encuentro
 
La dimensión internacional de la comunidad, motiva el deseo de ir al encuentro de la cultura de la otra. Entre las estudiantes de este año, hay una Vietnamita, una Malgache, una Brasilera y una Francesa. Dos de ellas nos dicen : “ Si hay momentos en que la otra nos sorprende en su manera de hacer, también fuimos sorprendidas por el parecido de nuestras costumbres malgaches y vietnamitas. Nuestros pueblos evolucionaron a miles de kilómetros, pero en un momento dado, sus desplazamientos han marcado nuestras culturas hasta hoy.” La riqueza de este proyecto es también esta experiencia que permite conocer al otro y así descubrirse a sí misma. “Me ha gustado el respeto que tuvimos las unas para con las otras. Cuando una no está bien, se está atenta a ella, respetándola. Cuando todo va bien, se puede compartir, reír juntas. Aquí es una verdadera experiencia de comunidad donde compartimos momentos de nuestra vida juntas” Otra agrega :” Al llegar de mi país, no conocía a nadie. Uds. eran extranjeras para mí. Pero en esta casa, sentí la paz, algo diferente, algo especial. Enseguida amé este lugar, ahora estamos unidas y ustedes son mi familia en Francia. Voy a conservar esta experiencia para siempre.”
 
Enraizadas y revitalizadas
 
En el corazón de esta vida comunitaria, es también la relación con Cristo que se transforma, en esta casa dónde la oración resuena en la mañana y en la noche:” Aun cuando no venga siempre al oratorio, sé que me llevan en la oración y esto me ayuda a vivir mi jornada. Antes, no tomaba el tiempo para vivir una oración personal. Hoy mi vida cambia. Mi fe crece. Tengo ganas de tomar tiempo para rezar a solas, para ir a misa, para nutrirme”. La mayoría de las jóvenes tienen poca experiencia de este tipo antes de vivir en una comunidad como esta. El clima familiar, la gracia de la libertad animada por la espiritualidad agustiniana les permite hacer una experiencia humana profunda. Es interesante descubrir como al correr de los meses, cada una se apropia uno u otro aspecto de esta vida comunitaria y espiritual. Por la oración, los debates en torno a la mesa, y el aspecto agradable la vida comunitaria se torna riqueza y permite acogerse mutuamente más allá de las diferencias. Cada una existe de otro modo.
 
Hna. Patricia Sacré- comunidad de Vitry, Francia
 
25/08/2011
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