Comunidad Vila Nova de Gaia

“La misión nos invita a ensanchar hoy nuestra visión, a entrar en una nueva manera de comprender el mundo donde el ser humano es parte del universo” (Capítulo 2011)

Nuestro universo es el lugar a donde Dios nos envía en misión. En el 2004, fuimos enviadas a este gran barrio (Urbanización de Vila del Este) de Vila Nova de Gaia, en esta parte del universo habitada por un gran número de seres humanos con los que convivimos, creamos relaciones de amistad, donde compartimos gozos y sufrimientos, y vivimos la misión confiada de anunciar la Buena Nueva, siendo presencia y signo del amor de Dios. Cada una de nosotras va a compartiros un poco como ella vive el signo de este anuncio en esta misión común, tan diversificada y tan hermosa.
 
Una Residencia geriátrica se construyó en el sector de nuestra parroquia. En acuerdo con la Seguridad Social pasó a tener un servicio de prestaciones de atención continuada. Uno de los directores pidió a nuestro párroco el acompañamiento espiritual de enfermos y residentes. No viendo la posibilidad de asumir él mismo este compromiso, hizo un llamamiento al grupo de Pastoral de la Salud, y especialmente a las Hermanitas de la Asunción.
 
Hace más de tres años que voy una vez por semana, con otro miembro del grupo de Pastoral, a esta Residencia. Ese día los enfermos que lo desean son conducidos a una sala donde animamos una Celebración en la que todos participan a la que sigue la distribución de la comunión. Para esta celebración procuramos cantos sencillos que ellos conozcan; un buen número de entre ellos no hablan pero aquellos que tienen voz cantan con alma y corazón, reviviendo los cánticos de su juventud lo que hace aparecer en sus ojos un brillo de alegría. El momento en que nos damos la paz antes de la comunión es otro gesto que tiene mucha significación para ellos. Los que no la pueden dar se muestran felices al recibirla. Casi todos son totalmente dependientes. En verdad es emocionante encontrarse en este marco, estar cerca de estos “cristos sufrientes”, orar con ellos, hablarles del amor de Dios, siendo para ellos signo de este Amor.
La frase tan bien citada por Esteban Pernet: “Que vuestros actos hablen Jesucristo” aquí tiene mayor fuerza decir: “Que vuestros gestos hablen Jesucristo”. Un contacto, una sonrisa, un beso que tanto les gusta, son para ellos, aunque no puedan decirlo, signos del amor de Dios y lo manifiestan por su expresión de contento y alegría. Esto me interpela y me hace pensar que en nuestra pobreza poseemos una gran riqueza que puede suavizar el dolor y hacer sentir la presencia y la ternura de Dios Amor.
 
Carminda Jorge
 
“Dad razón de vuestra fe y de vuestra esperanza” (1ª Pedro)
 
Creemos que el Señor nos ha llamado y enviado a este lugar para manifestar su presencia, su afecto y su ternura por cada persona, y a decir con palabras sencillas y comprensibles que Dios es un Dios que les ama, escucha y atiende a los que sufren las incertidumbres y las angustias del momento presente.
 
Vamos a intentar compartir aquello que nos anima; la forma cómo intentamos responder a los desafíos que se nos presentan todos los días; nuestras alegrías así como algunas dificultades inherentes a todo apostolado, pues difícilmente percibimos si hicimos todo lo que podíamos y si nuestra acción ha sido guiada por el Espíritu Santo o si ella está envuelta en nuestra manera de ser y percibir lo que es mejor para las personas a quienes nos dirigimos.
 
Además del trabajo a domicilio, con visitas a numerosas familias a las que ayudamos con cuidados de enfermería, acompañamiento, trabajo social, a menudo trabajando en red con organismos que están al servicio de la comunidad local, mantenemos con ellas buena relacione y colaboración. Cada mes tomamos parte en una reunión multidisciplinar en el Centro de Freguesia, con representantes de todas las organizaciones que están al servicio de esta población.
 
El servicio que nosotras ofrecemos como voluntarias a domicilio o en el hospital es signo visible y palpable del amor, que lleva a los pobres a preguntarse. ¿Por qué hacéis esto? ¿Por qué os preocupáis por estas personas? Aquí nosotras podemos expresar el amor de Dios por cada persona, testimoniar cómo El se sirve de nosotras para efectuar gestos humanos que liberan y hacen a la gente más feliz.
 
Entre las personas a las que acompañamos muchos reciben una ayuda espiritual a través de la oración y la comunión semanal. Durante la semana vamos también al Hospital para acompañar a enfermos y familiares, ayudar a darles la comida y, sobre todo el domingo por la mañana, a llevar la comunión a muchos enfermos que lo desean.
 
Al dar la Comunión a los enfermos, tengo siempre en cuenta a las familias que están presentes y al personal hospitalario, las enfermeras y personal auxiliar, haciendo de este momento un tiempo de catequesis, para hablar de Aquel que me es vida y me anima a compartir mi fe y mi esperanza, procurando dar a conocer a nuestro Dios, Padre y Madre, rico en Ternura y Misericordia. Trabajamos en unión con nuestra Parroquia en las diferentes Pastorales.
 
Más allá de la catequesis infantil, lo que nos da mucho gusto y alegría, es percibir en jóvenes y adultos un despertar hacia los Sacramentos de iniciación: Bautismo, Confirmación y Eucaristía. La preparación de estos jóvenes y adultos es confiada a una de nosotras. Con mucho gozo llevamos a cabo esta misión, haciendo con ellos un camino de conocimiento de Dios y viéndoles crecer en la fe.
 
Este año, con ocasión de la Vigilia Pascual, dos jóvenes a los que habíamos acompañado y ayudado en la preparación, recibieron el Bautismo. Diogo de 16 años, que tiene tres hermanos sin bautizar, pidió preparación para conocer a Jesucristo. Fue su madre quien solicitó nuestra ayuda; él vino a nuestra Iglesia nueva a rezar el rosario con su abuela, sintió el llamamiento a la fe y no faltó a ninguno de nuestros encuentros semanales.
 
Yasmina, 17 años, nacida en Guinea, hizo con Diogo el mismo camino, salvo que ella ya lo había iniciado en su tierra de origen. Esa noche fue una hermosa fiesta. Ellos pidieron el Bautismo y explicaron a la comunidad el camino recorrido conmigo. Aquella noche, las familias de los dos jóvenes estaban allí para festejar, los africanos hicieron resaltar su presencia. Yasmina se ha convertido en una hermana y amiga de Diogo, su compañero de preparación al Bautismo; pronto darán un nuevo paso: la preparación para recibir el sacramento de la Confirmación.
 
Otra joven ha pedido y empezado la preparación a la 1ª Comunión y después a la Confirmación que recibirá con su hermana que frecuenta la catequesis.
 
Una señora de más de 40 años nos ha pedido ayuda para hacer este año su primera comunión porque había recibido el Bautismo a edad adulta pero sin preparación; ella sentía que no debía comulgar sin conocer mejor a Jesús, aunque recientemente participase en la Eucaristía con su marido. Se muestra muy interesada en conocer la Biblia, que comenta después con su familia y sus amigos, intuimos en ella un apóstol que desea transmitir lo que va recibiendo.
 
En nuestra Urbanización un grupo de adultos se reúne con nosotras todas las semanas desde hace tres años para leer y meditar la Biblia: meditamos la Palabra e intentamos descubrir lo que nos pide que vivamos hoy allí donde estemos llamados a vivir, qué respuesta dar frente a los problemas de nuestro tiempo. Todo este trabajo de proximidad es un signo de la presencia del Señor que está atento a los que sufren; recordamos su conversación con Moisés: Yo he oído su clamor, conozco el sufrimiento de mi pueblo, ve, Yo te envío, ayúdale a liberarse.
Maria Adelaide Oliveira
 
 
Después de muchas gestiones, luchas y gran perseverancia, la Iglesia de la Sagrada Familia fue construida e inaugurada en nuestro barrio el año pasado. El local, que durante muchos años, funcionó como centro de culto para la población, pasó a ser un Centro Social tan necesario en este pueblo tan necesitado de ayuda. A este local voy todas las tardes, y siento la alegría de ser enviada a manifestar el Amor de Cristo a estas personas que viven en soledad.
Durante la tarde hacemos diversas actividades: juegos, costura, media, ganchillo, trabajos manuales de reciclaje, gimnasia, canto y danza… También tenemos momentos de oración, sobre todo en Mayo y Octubre, la oración del rosario, oración del pueblo sencillo.
 
“Yo te bendigo Padre, porque has revelado estas cosas a los más pequeños” (Mateo)
 
Hna Gracinda
 
El sentido de la vida es la eternidad
 
“¿Por qué a mí?” “¿Qué mal he hecho yo a Dios para merecer tan gran castigo?” “Siempre he ayudado a los demás, ¿por qué me toca sufrir tanto?” En este medio es donde me muevo todos los días e intento ayudar a las personas a desmitificar o al menos a encontrar otra causa y otro sentido al sufrimiento humano, a fin de que no lo vean como un castigo, “Dios lo quiere así, lo tengo que sufrir”.
 
Son los porqués de la vida, en momentos de sufrimiento los que nos hacen avanzar hacia una vida con sentido, donde todo lo que es efímero se relativiza y las pequeñas cosas adquieren sentido de eternidad. En este ambiente de mucho sufrimiento es donde vivo gran parte de mi tiempo como presencia silenciosa de Cristo Libertador.
 
En la realidad de este misterio de sufrimiento, intento ser un bálsamo para los que sufren, desde la rebeldía o silenciosamente, a veces no sólo el dolor físico sino también el dolor moral.
 
La soledad por abandono de sus familiares o amigos, es un mal difícil de solucionar. En estos casos, los enfermos requieren una presencia constante de los profesionales de la salud, lo que ellos a veces no pueden dar respuesta por falta de tiempo, o porque no están dispuestos a hacerlo.
 
También es aquí donde encuentro a grandes hombres y mujeres de fe, que entregan su vida cotidianamente en plenitud, con una paz que no puede construirse más que a todo lo largo de una vida y que no se improvisa; de ahí brotan las expresiones “Ya puedo morir, mi misión está cumplida”, y les dicen esto, con mucha serenidad, a sus hijos o familiares.
 
En el silencio, la escucha y el diálogo, que genera vida y hace la luz, Dios se manifiesta a través de mi fragilidad, ayudando a los enfermos a hacer la síntesis de su vida y encontrarse consigo mismos, con Dios, y a renovar su esperanza y permanecer en paz.
 
Hoy existe una gran sed espiritual y religiosa expresada en el rechazo “Soy católico pero no practicante”, y esto acompañado de una letanía de argumentos sobre el hecho de no practicar; en algunos puntos ellos tienen razón, y sobre otros es por falta de formación o por ignorancia. En este ambiente, a veces hostil, tengo la oportunidad de revelar el Amor de Aquel que da sentido a mi vida, y me hace vivir, Jesucristo Resucitado.
 
Han pasado seis años, y mi presencia no pasa desapercibida para muchos empleados; a menudo piden mi colaboración en el apoyo espiritual y religioso, a veces es el mismo paciente o la familia quien lo pide. Siento que soy aceptada y mi presencia es valorizada por la mayoría de los profesionales.
 
Muchas cosas han mejorado a nivel de condiciones logísticas y de humanización. Ahora con la crisis, las cosas se van restringiendo más. Incluso notándose regresión en algunas cosas.
 
Durante estos años, muy ricos, pero también con muchos interrogantes sin respuesta, a veces me pregunto sobre el sentido de la vida y corro el riesgo de endurecer mi corazón; pido al Señor un corazón de carne capaz de ayudar con ternura y Misericordia.
 
Hna. Maria Luisa R. Silva, Asistenta espiritual en el Hospital Santos Silva
22/10/2013
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