Colombia : la reciente misión de Navidad con laicos y hermanitas

Así como los niños en la noche de pascua judía hacen un cántico, preguntando por qué ésta noche es diferente de todas las otras noches, así nos podríamos preguntar y responder por qué esta Navidad, que también es Pascua, fue diferente a todas las otras pascuas. Y eso porque realmente fue un paso de Dios por nuestras vidas, para los doce misioneros: 4 hermanitas y 8 laicos, enviados a 6 veredas. Creemos que para las familias y las diferentes personas que encontramos también fue diferente; así lo expresaron algunas de ellas.

 
Enviados de dos en dos como los apóstoles, a la zona rural, por las veredas de La Esperanza, (la más lejana) a dos horas del casco urbano del municipio de Zetaquira, en el departamento de Boyacá, región central de Colombia; las otras veredas son: Guanatá Portochuelo, Guanatá Crucero; las más centrales, Gacal, Hormigas y Juracambita, pobladas todas ellas por personas campesinas, muy humildes y muy receptivas. Fuimos acogidos, algunos por las mismas familias, y otros en la casa cural al lado de pequeñas capillas, pero igualmente atendidos por los moradores cercanos a ellas. Y fue diferente porque a pesar de estar todos en la misma región pudimos disfrutar de diferentes paisajes, climas y hasta gastronomía. Unos con el frío del páramo, como Juceli H.A y Patricia con largas jornadas de camino, otros con el calor del bosque tropical húmedo que prima en Guanatá y esto por supuesto influye en los productos que cultivan y producen sus habitantes: unos el suave café Colombiano, otros los frijoles verdes y los quesos producto de la ganadería que prima en el páramo. Fue diferente porque a pesar de estar lejos de nuestras casas, sentimos el calor de las familias y su cariño; pudimos recordar junto a ellos, que el mejor regalo es ese Niño que se hace Dios con nosotros. Anunciar y reconocer en su experiencia que a pesar de todas las dificultades, Dios nos ama y nunca nos deja solos, en ninguna situación. Sentimos que nosotros somos como ese “borriquito” que cargaba a Jesús a su entrada a Jerusalén, indignos pero también portadores del Señor en su cuerpo, porque llevamos la Eucaristía y en su Palabra. En los diferentes sitios la jornada diaria estaba colmada por las visitas a los hogares, con caminadas largas entre la zona de montaña, y la novena de Navidad tradición fuerte en la cultura colombiana. Ellos, los campesinos, nos recordaron toda la felicidad que se puede sentir aun en la precariedad, y donde abunda la solidaridad, la acogida al forastero, estar pendiente del que se encuentra solo. Constatamos una riqueza inmensa en recursos y paisajes, en los que solíamos extasiarnos y reconocer que esta hermosa creación es regalo de Dios que nos ama tanto y nos compromete a cuidar de ella, cuidando de todos los seres vivientes que nos rodean, teniendo presente nuestra opción privilegiada por los pobres, los pequeños, los preferidos de Jesús. Esta experiencia nos ha confirmado el incalculable valor del Amor de Dios que se hace hombre, niño frágil para fortalecernos y valorar cada día más nuestra humanidad, comprometidos a ser instrumentos de paz, de amor, de transformación allí donde cada uno, cada una nos encontramos.
 
Rolando Galvis – laico Asuncionista 
 
Nota: les invitamos a visitar también nuestra página web