Colombia - "He visto la opresión de mi pueblo"

“La herencia que le ha correspondido a la Hermanita es el pobre, el obrero y su familia, a esa parte la amará con predilección” Esteban Pernet

Compartir mi experiencia con las familias en situación de desplazamiento, es hacer memoria de este tesoro que ha alimentado mi vocación desde el momento en que el Señor se hizo el encontradizo a través de las Htas., en mi vida de joven estudiante, hace más de medio siglo! Escuchar y descubrir esta herencia en aquellos momentos, y hasta nuestros días, ha sido y es el motor, esa fuerza interior que viene de lo alto, concretizada en esa doble pasión por Jesús y su pueblo pobre, que me anima e impulsa en mi entrega.
A través de los años, los pobres, los obreros, sus familias, se han revelado a mi vida de Hermanita con rostros diferentes, rostros que tocan mi ser, me interrogan, me movilizan, me conmueven en lo más profundo, me exigen una respuesta; caminar con ellas/os a su lado, compartir sus aspiraciones, sus alegrías, sus sufrimientos, angustias…; este testamento que para mí es fundante en mi vocación de seguir a Jesús como hermanita, unido a la escucha del Señor que me dice a través del texto - que hoy leo desde nuestra realidad Colombiana:
 
He visto la opresión de mi pueblo en Colombia,
He oído el clamor que le arrancan sus opresores,
Conozco sus angustias….el clamor de las mujeres,
niñas/os hombres desplazados ha llegado hasta mí…
ahora ven que te envío…. Exodo: 3
 
He visto la opresión de mi pueblo en Colombia: Víctima de un conflicto que lleva casi 60 años, y le ha costado la vida a millones de personas; hoy existen más de 5.7 millones de desplazados, ocupando así el segundo lugar en el mundo después de Sudán - Consejo Noruego para los Refugiados (CNR).
He visto llegar a Suacha - barrio Altos de la Florida - lugar donde trabajo inter-congregacionalmente desde hace casi 6 años, a mujeres de fe, valientes, luchadoras, algunas con muy poca educación formal; en sus rostros se lee el sufrimiento, que llevan en su corazón, la marca indeleble que dejó la violencia; que les arrebató de sus manos, de sus hogares a tantos hijos/as, esposos, herma-nos/as, familiares. 
 
Llegan con las manos vacías, algunas con unas pocas prendas de vestir, agradecidas con Dios por haber salvado sus vidas; con el dolor de la separación, con la angustia de amenazas, de ser perseguidos, con el miedo que causa lo desconocido y con la desconfianza de quien está a su lado. Su llegada a estos sectores los expone como presa fácil de micro-tráfico, de la violencia… Ellos/as esperan desde hace muchos años el regreso de esos seres queridos o que les entreguen “sus restos, para darles cristiana sepultura.”
 
He oído el clamor que le arrancan sus opresores: 
“Llegaron los… (temen decir quiénes) y nos dieron unas horas, para salir…tuvimos que dejar todo, lo que durante la vida habíamos conseguido”. 
“Nos montamos en lo primero que encontramos sin saber a dónde nos llevaban” 
“Vivíamos pobremente, éramos felices… Ahora aquí no tenemos nada”.
“La tierrita, el mar nos daba el alimento, aquí todo se compra con plata y de dónde?” 
“Allá nos conocíamos, nos ayudábamos… aquí nadie nos conoce, nos miran, nos rechazan… nos da miedo.”
 
Conozco sus angustias… el clamor de las mujeres,
niñas/os hombres desplazados ha llegado hasta mí…: 
Acogerlos, escucharlos, ofrecerles lo que está de nuestra parte, para ayudarlos a ubicarse en estos nuevos lugares, hacer junto con ellos los trámites para recibir algún auxilio gubernamental y ser reconocidos como desplazados etc….
Las visitas a las familias, los Talleres de auto-cuidado, que junto con la hermana Norma, Religiosa Auxiliadora organizamos para las mujeres víctimas del conflicto, la mayoría desplazadas, nos ha permitido conocer y escuchar situaciones, como decía el P. Pernet “que no conocía ni de nombre”; compartir muy de cerca el clamor de viudas, de mujeres abandonadas, violentadas y violadas, agobiadas por la vida…qué hacer ante tanto dolor, ante tanto abuso, ante tanta violación? Lo que nos dice el Papa Francisco y que confirma nuestra misión de H.A.: “acercarnos, caminar con, escuchar, curar heridas, dar calor, cercanía y proximidad a los corazones, hacernos cargo acompañándolas como el buen samaritano….” “ser el ojo del ciego, el pie del cojo, el oído del sordo, ser madre de los pobres” (Esteban Pernet a Antonieta Fage).
Ofrecer espacios de recuperación, favorecer el descubrimiento o reafirmación de los tesoros que llevan dentro: tomen conciencia de su valor como personas, (negado y hasta ignorado en algunas), su capacidad de resistencia, de ir soltando tanto dolor, tanto sufrimiento e ir encontrando a través de la música, el arte, la danza, la pintura caminos de sanación, de recuperación, de resiliencia, de auto-cuidado, para abrir nuevos caminos, nuevos horizontes, fortalecerse para comenzar de nuevo, sostenidas por la seguridad que Dios quiere para ellas una vida digna y sana.
Hilda (H.A)
 
Ver también: http://jpic.assumpta.fr/377-he-vist...
02/12/2014
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