Canadá - La fe ante lo imposible

El 11 de marzo del 2015, las Hermanitas de la Asunción y los Laicos de la provincia del Canadá se reunían para un día de reflexión con la finalidad de remarcar los 150 años de historia desde la fundación de la Congregación de las Hermanitas de la Asunción y del vínculo que une los laicos a la misión convertida en marcha común en el camino humano y de fe.

Todos estaban allí para mutuamente hacer memoria de lo que nos ha conducido hasta el hoy; pero con más ahínco aún queremos echar una mirada sobre nuestras perspectivas de futuro. Nos volvemos hacia el mañana con Etienne y Antoinette; nuestro encuentro quiere hacer memoria del pasado, de la herencia legada a aquellos y aquellas que quieren proseguir realizando la misión; y sentimos también la necesidad de contemplar la profundidad de sus compromisos, la fuerza que se los inspiraron, la fe anclada en el corazón de sus acciones que les hizo ponerse en pie ante los imposibles de una misión que, desde el inicio, aparecía como irrealizable. Pero, he aquí que nada se resiste a la llamada del Amor, al deseo de Dios.
 
Nuestras presentaciones, nuestros intercambios y nuestro trabajo en diferentes talleres sobre una posible fraternidad para el hoy se articularon en torno a distintos temas: “¿Donde está tu hermano? ¿Dónde está tu hermana?” Gn 4,9. “Construir una fraternidad en el corazón de nuestra ‘Maison Orleans’, esta fraternidad más que nunca necesaria en un mundo en que las diversas realidades se transforman constantemente, una fraternidad que se abre a personas de diferentes ambientes: sociales, culturales, espirituales y captar así las nuevas pobrezas con múltiples rostros que engendran nuevas necesidades. Para los fundadores, la fraternidad era la clave del vivir juntos en la continuidad del “estar-presente”. Volvemos a ver toda la importancia concedida por Etienne y Antoinette a una fraternidad-familia que aporta sentido a lo cotidiano a los que habían perdido toda esperanza, convertirse en “portadores de sentido” para saciar a todos los sedientos de ser amados por lo que son. Humildemente, atreverse a pensar que nuestra misión puede y debe adaptarse, al dejarse transformar por el soplo ligero del Espíritu para entrar en ese despliegue continuo de un mundo mejor que se continúa ahora con nosotros, con ellos, con todos nosotros.
 
Quisimos confrontar dos cuestiones que forman parte de nuestro cotidiano: fraternidad, familia, trabajo, sociedad. Cada pequeño grupo se dejó interpelar por un mismo tema: “la fraternidad para el hoy”. Dentro de situaciones diferentes, cada uno debía a partir de su cotidiano preguntarse sobre su corazón y sus gestos. ¿Cómo hacer mi entorno más humano? Nos hemos expuesto ante cuestiones que nos colocan ante lo imposible. ¿La fraternidad estará fuera de nuestras posibilidades? ¿Será ella demasiado poderosa, demasiado delicada a manejar? ¿El capital a invertir será demasiado elevado para nuestra miseria?... y aún otras preguntas.
 
Al compartir nuestras reflexiones, nuestras respuestas coincidían con el mismo perfume, aquel de la acogida del otro más allá de nuestros límites por un amor inspirado por Jesús, incluso cuando esto puede aparecer para algunos como un sueño. Ante lo imposible de este amor, Cristo nos ha mostrado lo posible. Dentro del espíritu de Etienne y de Antoinette, no es ilusorio creer en una fraternidad posible. La fraternidad vivida en nuestro día a día, y también en lo global y la grandeza de nuestro pequeño planeta, permanece como el único medio para la humanidad actual de salir del atolladero de la indiferencia y del odio.
 
Ella puede conseguir para nuestros medios encontrar de nuevo el gusto de una fraternidad-familia que inspire el vivir unidos a pesar de nuestras dificultades y convertirnos en un fermento relacional concediendo el derecho a la luz que permita a cada uno “vivir” en una tierra abierta al bien de todos.
 
En la realidad de nuestra vivencia de cada día, encontramos hombres y mujeres de toda condición con pobrezas diferentes, también alienantes, hombres y mujeres que no tienen gestos ni palabras para cambiar situaciones casi imposibles de transformar y ante las cuales nos hallamos, nosotros también, tan impotentes y con las manos vacías. Tomamos conciencia que con el tiempo, el amor, la oración, “el estar-presente al otro” en la fraternidad, no es sólo dar o compartir, es ante todo ofrecer lo que yo soy. La fraternidad empieza su obra en el corazón de cada ser humano allí donde Etienne, en seguimiento de Jesús, nos pide ser, en el corazón de nosotros mismos para ofrecerse al otro, aquel que está ante mí y que me tiende la mano porque teme avanzar en su camino de humanidad. “Amaos unos a otros”. “Avanzad unos con otros”. Caminar en nuestras vidas unos con otros con nuestras diferencias. Es así como la fraternidad avanza atravesando lo grisáceo de nuestras ciudades, la miseria de nuestros barrios, con el sufrimiento de los presos, con el desasosiego de los sin techo, en la sombra de nuestros sentimientos. La fraternidad lleva en ella misma la luz y sobrepasa nuestras esperanzas. No se trata solamente de actuar lo mejor posible, es una llamada a “ser portadores de fraternidad” entre nuestros hermanos y hermanas, nuestra familia humana.
 
La fraternidad inspirada en Jesús y en nuestros fundadores viene a elevar el amor, el respeto del que cada una y cada uno somos capaces de avivar ante el extranjero, este otro que de entrada nos aparece como siendo nada, luego, gracias a la fraternidad se nos desvela como un hermano, como una hermana dándonos inspiración en la consecución juntos de nuestros caminos con total dignidad.
 
Como creyentes, siempre estamos ante imposibles parecidos a los que Etienne y Antoinette vivieron. Lo que les permitió sobrepasar los obstáculos es, sin ningún género de duda, la fe, esta pequeña semilla depositada en el corazón de cada uno, que puede trasladar montañas, en la paciencia de lo cotidiano paso a paso, esta fe que sostiene en la confianza nuestro compromiso en el camino de nuestros exiliados donde Dios camina con nosotros.
 
La fiesta del 150 aniversario de la fundación nos ha permitido proyectarnos hacia un futuro que hay que acoger, confiados en que no estamos solos, que el Espíritu está entre nosotros en una fraternidad totalmente humana, querida por Dios. Esta misión permanecerá tan hermosa como en la primera alba en que Etienne fue inspirado. Hace 150 años, empezó nuestra historia y continúa todavía hoy por la gracia de Dios. 
 
Aquí está el resumen de nuestra reflexión del 11 de marzo del 2015 en el que la llamada de cuidar en nosotros el fuego de la fraternidad continúa movilizándonos. ¿A dónde nos conducirá? Nosotros lo queremos en una fe confiada ante lo imposible, como Etienne y Antoinette lo buscaron en sus vidas.
 
Al final de esta jornada, a partir de la vida y de las intuiciones de nuestros fundadores, hemos hecho referencia a caminos que van más allá de los imposibles y que son como muchas pistas permitiendo vivir una fraternidad más profundamente humana y esperanzada en Dios. La unión de las Hermanitas de la Asunción y de los Laicos constituye una revitalización extraordinaria en el contexto social actual; ella va a permitir la continuidad y la solidificación de la misión de la ‘Maison Orleans’. 
 
La fe es la primera condición del amor que se eleva ante lo imposible…”Ella es reposo para el espíritu, un gozo, un consuelo para el corazón. Ella comunica la fecundidad espiritual a nuestras acciones.” Etienne Pernet, enero 1893
 
Roger Malenfant, Maison Orleans
Por el Comité de fiestas del 150 aniversario HA y Laicos del Canadá 
 
 
25/09/2015
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