Canadá - Casa Orleans - En el corazón de la Casa común

Seguido al Capítulo General de las Hermanitas de la Asunción del 2011: “Ve con la fuerza que te anima… ¿No soy Yo quien te envía?”-Jueces 6, 14-, los miembros de la Casa Orleans que habían trabajado el documento de reflexión de laicos manifestaron el deseo de continuar su reflexión formando el grupo: En el corazón de la Casa Común. ¿Porqué continuar esta reflexión? Los laicos y las Hermanitas tomaron conciencia que avanzamos juntos en el camino de una misma misión y que continuar nuestra reflexión podía anclarnos más en el pensamiento de Esteban Pernet al mismo tiempo que echamos raíces en nuestro mundo del que tenemos que aprenderlo todo para mejor conocerle y amarle, bajo el sol del Evangelio. “¿Dejaremos que el Espíritu de Jesús modifique y convierta nuestra mirada?”
 
Estamos ya en un mundo de culturas diversas, pero otra cultura está a punto de emerger. En este contexto en el que hemos de reconocer nuestras diferencias en la tolerancia y el respeto, Dios nos envía para vivir mejor y amar en una misión posible, una misión que se atreve a dejarse transformar: “¡Consolida, Señor, la obra de nuestras manos!” -Sl. 89-.
 
Nuestro mundo en mutación nos invita a una nueva consciencia de nuestra misión: Construir la casa común. En la base, una preocupación comunitaria nos anima. Ante todo es un lugar de toma de contacto con los otros donde se teje la confianza. Es también una voluntad de abrir los propios horizontes. Este paso nos invita a sobreponernos a nuestra visión personal abriéndonos al otro tal como es, en su diferencia, y cuestionarnos; nos invita también a abrirnos a la búsqueda espiritual de hombres y mujeres de nuestro tiempo y a encontrar una nueva manera de decir las cosas en el mundo. “Cada persona está invitada a reencontrar al otro en un espíritu de creación y a nutrirse del mismo carisma, cualquiera que sea la etapa de vida en que esta se sitúe. En la locura de las Bienaventuranzas, nos ponemos en marcha, precedidos del Totalmente-Otro.” En esta acción, la escucha y la solidaridad transforman poco a poco a ‘ayudados en ayudantes.’
 
Entre los temas abordados, tratamos el dialogo que privilegie el encuentro: “construir sentido a partir de nuestras diferencias acogidas, dejar lugar al otro, dejar lugar a uno mismo en el “nosotros”, diálogo que nos lleva a construir un sentir común haciendo fructificar los talentos de cada uno, transformando poco a poco nuestra mirada, empezando por el lugar donde todo comienza: nosotros mismos.”
Abordamos también el tema de la libertad, que no está dado de entrada, sino que es una conquista. En esto “la consciencia personal es mucho más profunda que cualquier norma general afirmada por el magisterio, ya que se sitúa ante la realidad concreta y cada vez única que nos presenta la vida. Es esta consciencia la que hay que cultivar escuchando “la voz interior” de la que habla Etty Hillesum.”
En nuestro mundo secularizado, en el que las referencias religiosas ya no están omnipresentes, para establecer un diálogo significativo, nos parece necesario profundizar una espiritualidad laica, “al margen de cuadros institucionales, que sostenga una búsqueda más y más identificable, presente desde nuestros orígenes en nuestra búsqueda de sentido y de verdad.”
Nos cuestionamos a propósito de los valores en nuestra civilización individualista donde el consumismo y el vivir para uno mismo nos procuran una impresión de libertad. Los valores trascendentales del Uno, de lo Hermoso, de lo Verdadero y de lo Bueno no son ya herencia de lo religioso. Sin embargo, vemos como la fe en sí mismo, en el otro, en el futuro y, para los creyentes, en Dios que libera, constituyen puntos de referencia sólidos que nos ponen en marcha y en los que podemos apoyarnos. Una madurez de la esperanza se instaura y se profundiza.
 
La búsqueda de verdad en una atención sin complacencia en sí mismo es una real ascesis (ejercicio) que, lejos de ser una renuncia añadida a lo cotidiano, constituye uno de los fundamentos del camino espiritual. La experiencia de la interioridad en la que uno se desprende, por el silencio y la meditación, de nuestras representaciones y discursos, abre las puertas de nuestro corazón profundo en el que nos descubrimos misteriosamente esperados. Hacemos allí una experiencia de alteridad: apertura al Otro que nos conduce a una apertura a los otros.
 
La búsqueda de sentido ha sido siempre fundamental para la Casa Orleans. Fue a partir de su propia experiencia familiar como Esteban Pernet encontró el sentido de su vida. En efecto, siendo joven privado de su padre y viendo a su familia en una gran indigencia, fue profundamente afectado por las familias pobres que conoció. De sus carencias, de su sufrimiento, poco a poco va a comprender la importancia de recrear vínculos entre los seres humanos para que la vida tenga sentido. Haciendo esto, Esteban retorna a la gente su dignidad, reconoce su valor, da esperanza. En su seguimiento, el grupo En el corazón de la Casa común, buscamos acogernos mutuamente tal como somos y a crear un clima que favorezca la vida. Juntos, nos lanzamos a la búsqueda de una nueva visión del mundo que toma forma en nuestra realidad, enriquecida por la experiencia de cada uno y que se despliega en la esperanza. “Que el Dios de la esperanza os llene de gozo y de paz en la fe, a fin de que desbordéis de esperanza por el poder del Espíritu Santo.” (Rom. 15,13)
 
 
Casa Orleans, Montreal 
Los miembros del grupo En el corazón de la Casa común
 
21/07/2014
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