Burkina:Una aventura que comienza

“Ve con la fuerza que te anima” (Capítulo general 2011) “Es con esta dinámica como el soplo de Dios nos empuja a vivir la vida fraterna, signo de nuestro deseo del encuentro con el otro, del compartir, y del intercambio”, habita en nosotras el deseo de vivir en comunidad; descubrir al otro tal cual es, como un regalo de Dios, un don gratuito que hace crecer. El nos empuja a ir más allá de nuestras propias fuerzas. Compartimos en el presente lo que concierne con más precisión a nuestra experiencia vivida en comunidad:

Somos cuatro hermanitas llegadas a París: María Teresa, Marcelline, Tuyên y Patience preparándonos para la misión en Burkina Faso. 
A primeros de marzo del 2016, tuvimos cada una, en distintos momentos, la consulta de Marie-Françoise, preguntándonos si estaríamos dispuestas a abrir la segunda comunidad en Bobo. Cada una con sus razonamientos, con sus experiencias; unas habiendo vivido ya allí, otras no, y sin haber convivido juntas, llegar a ser una presencia cercana a las familias. Todas dijimos si, con gozo y entusiasmo por ir al encuentro de este pueblo. Después de un tiempo en nuestras comunidades respectivas, cada una se preparó para esta nueva misión. 
Llegadas cada una de su lugar nos encontramos en París Grenelle.
 
Viernes, 4 de noviembre del 2016 ya estábamos en la Casa Madre. Después de la Eucaristía en la Capilla de Grenelle, nos reunimos en la sala de encuentro a partir de las 9h.15’ con el Consejo General. Para empezar nos proponen una oración animada por ellas mismas. Con la oración abren el día y nos invitan a dar un primer paso, darnos a conocer unas a otras con una dinámica que nos explican: cada una, escoger imágenes del periódico que había en la mesa o dibujarlas, para presentarnos, haciendo memoria de nuestro recorrido; reconociendo el camino que Dios hace con nosotras hoy; lo que significa ser Hermanita. El compartir nos permite conocernos y empezar esta aventura.
 
Damos un paso más para ensanchar nuestra mirada hasta el país al que somos enviadas. Una hermana Burkinabé, Bernadette, Hermana Franciscana Misionera de María, nos acompañó durante toda la jornada a fin de fijar nuestra mirada sobre Burkina, ir más lejos, conocer los recursos, la Iglesia de Bobo, la interculturalidad, y captar una idea general de Bobo. Nos invitan a despertar el sentido de la observación “abrir nuestros corazones, nuestros ojos, nuestros oídos, y mantener la boca pequeña.” También es mejor conocer la persona que la ciudad, y nos permite descubrir la cultura Burkinabé.
 
Toda la semana estuvimos verdaderamente sumergidas en la formación, ayudándonos mutuamente a construir juntas la comunidad, en un espíritu de escucha, atención y compartir. Esta experiencia estuvo marcada por la disponibilidad, el ambiente y la participación de cada una, la alegría que nos animó a decir si a esta llamada y a la necesidad de la Congregación. Ve con la fuerza que te anima nos permitió profundizar nuestro compromiso, nuestra opción por los pobres, nuestra misión y nuestra unión a Cristo Servidor y Salvador. En esta primera fase pudimos sentir la participación, el amor y la libertad.
 
Llegada a Burkina-Faso
 
El 16 de noviembre del 2016, marcha la comunidad para Burkina Faso, acompañada por Hna. Piedad Berrio, Consejera general. El 17 de noviembre llegamos a Bobo acogidas por nuestras hermanas: María José Vallejo, María Lurdes Mendes y Marie-Claire Muhika.
Ya hace más de tres meses que estamos descubriendo la cultura, el barrio y el pueblo. Nos gusta la manera en que este pueblo acoge a la gente. Tienen generosidad, sencillez y un gran respeto. Su manera de acoger, de saludar, nos impresiona. Ya sea la primera o la cuarta vez que se da el encuentro durante el día, se emplea la misma dedicación y tiempo. En esta salutación siempre hay un “buenos días”, una acogida, una atención hacia los miembros de la familia, noticias y se termina con hermosas bendiciones. Nosotras vemos en todo ello una proximidad, una educación, un respeto, un deseo de relacionarse y una fe en Dios. Para ellos, todo proviene de Dios.
Hoy podemos decir la gran acogida de este pueblo, sus valores y su dignidad. Es un pueblo organizado y trabajador; nos permite descubrir a Dios presente en la realidad cotidiana y en el corazón de cada persona.
Estas actitudes son para nosotras una interpelación que nos conduce a la conversión y al mismo tiempo una acción de gracias al Dios que se revela en los pobres y en los pequeños.
La inter-religión se vive juntos y en paz; en la misma familia conviven el papa musulmán, la mamá católica, y los hijos protestante, católico o musulmán. Se vive con respeto la libertad de religión. Y en la iglesia católica encontraréis musulmanes y protestantes…
En el mercado nos relacionamos con gente honesta. Si uno se equivoca o se le cae cualquier cosa (un monedero por ej.) corren para recogerlo y dárselo.
Es impresionante, en la misa, aunque dure dos horas, o se oye nada de ruido, ni siquiera llorar a los niños. Y sin embargo son numerosos. Es como algo de la cultura o de la naturaleza el saber soportar.
 
Experiencia comunitaria
 
“Vivir en comunidad es un tiempo de aprendizaje mutuo. En efecto buscamos en un primer tiempo acogernos, aceptarnos las unas a las otras en nuestras diferencias para después, intentar dejarnos transformar mutuamente a través del vivir juntas las tareas cotidianas, la oración, el compartir con sencillez, y otros, en comunidad”
 
Reconocemos que es una suerte vivir en una congregación internacional, que manifiesta nuestra realidad y nuestra existencia en los diferentes países que Dios nos ofrece cada día. La interculturalidad se vive, se cultiva, y se valora. “Es un enriquecimiento, una riqueza mutua través de los ritmos, las costumbres y otros”.
 
Para nosotras es una ocasión de vivir y experimentar otras culturas. Lo tomamos y lo consideramos como una parte de nuestra formación. Tenemos necesidad unas de otras para hacer bien el camino. El Señor, nuestro Dios, nos quiere Mujeres, Religiosas y Apóstoles. Estamos contentas de vivir esta experiencia en Bobo-Dioulasso, también somos portadoras de alegría, de amor y de paz donde estamos en el barrio cerca del pueblo al que somos enviadas.
Aprendemos la lengua Dioula que nos permite entrar en comunicación con la gente; participamos en distintos compromisos: pastoral vocacional y de jóvenes, pastoral de la salud, apoyo escolar…
En un clima de fraternidad, intentamos construir nuestra comunidad día a día.
 
Damos gracias a Dios y a la Congregación por este envío a este pueblo que nos acoge. También damos las gracias a la otra comunidad que nos ayuda a vivir la integración y el conocimiento de la realidad de donde estamos; a fin de que juntas podamos caminar hacia la tierra prometida que es el reino de Dios
 
Estamos muy agradecidas por el apoyo y el acompañamiento de toda la Congregación en este primer momento de instalación de la comunidad.
Tres meses de experiencia rica y magnifica.
 
Comunidad Esperanza Bobo-Dioulaso
 
25/04/2017
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