Burkina Faso - Bobo Dioulasso - Comunidad del Noviciado

“En comunidad apostólica, a través del acompañamiento fraterno y la vida de todos los días, entre los pobres, los obreros y sus familias, escubrimos los diversos aspectos de nuestra vocación.” (RV.70)

Desde hace un año éramos cinco en la comunidad de Bobo Dioulasso (Hermana Maria do Carmo, Hermana Ágda y las tres primeras novicias (Mathilde, Marie Claire y Patience). Otras tres novicias están desde hace seis meses: Gina, Emilie y Clémentine. En este momento somos, pues, ocho: dos hermanas y seis novicias en una comunidad internacional (procedemos de tres países), e intergeneracional.

Tanto unas como otras, hemos vivido experiencias que nos ayudan a crecer y avanzar en el camino, humanamente y en esta etapa del noviciado.
Una de estas experiencias comunes es la de vivir este: ¡“Ve, sal tu país”!
El hecho de dejar familia, semejantes, trabajo, el Noviciado de Kinshasa y de marchar hacia un país lejano, desconocido, nos hace vivir, en cierta manera un poco lo que viven tantos de nuestros hermanos y hermanas que marchan hacia lo desconocido para buscar otras condiciones de vida.
 
Nos sentimos felices de estar en este país donde somos cálidamente acogidas por este pueblo, con gestos de bienvenida, el compartir del alimento o su preparación. También con la proximidad cotidiana, la amistad, los cuidados y su preocupación hacia nosotras.
 
¡Es un pueblo tan acogedor, atento y abierto al “extranjero”! No cesamos de dar gracias al Señor por su protección en cada instante, porque le encontramos aquí en este país diferente, cuya mayoría es musulmana y en el que aprendemos de ellos el respeto hacia el que es diferente y la capacidad de vivir juntos en la tolerancia religiosa.
 
Por el momento vivimos en una casa de alquiler, esperando poder empezar a construir la nuestra. Estamos en el mismo barrio y muy cerca de la otra comunidad de Hermanitas. Esto facilita compartir la vida, los encuentros, compartir la Eucaristía una vez al mes en nuestra casa. Lo que nos permite vivir relaciones fraternas, sencillas. Compartimos algunas actividades de Misión en las que participan las novicias.
 
Para la formación de las novicias, hacemos cursos en nuestra casa con las hermanas de la comunidad. El conocimiento propio con Hermana Laura de la Congregación Reina de la Paz; las novicias participan también en el Inter-noviciado organizado por las Religiosas de la Diócesis.
 
Muchas Congregaciones forman parte del Inter-noviciado con una buena colaboración. Cada lunes hay cursos durante toda la mañana en casa de las Religiosas de la Asunción y tres sesiones por año, de una semana, cada una en el Seminario Mayor Diocesano que nos acoge.
 
Cerca de cincuenta jóvenes, chicas y chicos en formación, participan en las sesiones. Nosotras vivimos hermosas experiencias de fraternidad y amistad conjunta. Es una gran riqueza. Hay un buen entendimiento entre las novicias. Con ocasión de los votos, la ceremonia es preparada, animada y vivida conjuntamente.
 
Nuestra misión prioritaria es la formación de las jóvenes en esta etapa del noviciado. A parte de la formación, desarrollamos un poco la misión apostólica.
Cada jueves, las novicias de primer año participan en la misión con los niños en la otra comunidad H.A. El mismo día, las novicias de segundo año hacen catequesis a los niños en la comunidad Saint Jean.
 
Los dos grupos participan también en las corales: Santa Rita (las de primer año) y Saint Jean Evangéliste (las de segundo año) en la CCB Saint Jean (Comunidad Cristiana de Base). Es un medio para estar en contacto con otras jóvenes y así poder perfeccionar las voces que ayudan a alabar al Señor.
Ágda trabaja con los Salesianos en un proyecto con niños con dificultades y en la Pastoral Vocacional de la diócesis y de la parroquia.
Queremos compartiros la experiencia de las novicias en su misión y también un poco la experiencia de Ágda.
 

Compartir de las novicias de primer año.

“Trabajamos en colaboración con la comunidad apostólica de las Hermanitas de la Asunción en el trabajo con los niños de edades, de sexo y de religiones diferentes. Cada jueves hay diversas actividades con los niños: trabajos manuales, danza, cuentos, teatro, deporte.
De 15h a 17h, estamos con los niños en los diferentes grupos y actividades según su edad. Los niños están activos y participan con alegría y entusiasmo en todo lo que hacen.
Nosotras estamos muy contentas de compartir nuestros conocimientos con los niños y al mismo tiempo hacer la experiencia de vivir un poco nuestra misión. Nos enfrentamos a la dificultad de la comunicación pues no conocemos su lengua materna, el dioula, y sobre todo con los más pequeños que no frecuentan todavía la escuela. Para los niños es el momento de descubrir el sentido de la vida en relación con otros.” (Gina, Emilie y Clémentine)
 

Compartir de las novicias de segundo año.

“Desde el 11 de enero del 2013, estamos en Bobo para continuar nuestra formación. Nuestra llegada estuvo marcada por una acogida calurosa de nuestros vecinos y vecinas, y de la comunidad eclesial. Tuvimos la oportunidad de participar, una vez al mes, en la formación de catequistas, a nivel parroquial. Ahora ya estamos actuando: damos catequesis en las distintas clases. Cada una de nosotras tiene una experiencia a compartir en las clases sobre lo vivido personalmente.”
 
Patience. “Yo me ocupo de la clase de 4º año. En esta clase hay un efectivo de 120 niños en edades de 8 a 12 y de 13 a 14 años. Somos 6 catequistas. La atención está bien asegurada. Las lecciones se dan por turno. Durante las enseñanzas los niños están muy atentos en seguir la lección pero después se vuelven parlanchines… Teniendo en cuenta el número que son, hemos decidido con el coordinador dividir la clase en dos: los mayores y los más pequeños. Yo estoy con los mayores de 13 a 14 años con otras dos catequistas. En esta clase he aprendido a conocer la realidad de estos niños, a comprenderles, a descubrir sus dificultades y a ver en qué el espíritu despierta en mí la respuesta a dar a sus llamadas.
Soy muy feliz en mi apostolado y descubro el amor de Dios, a través de estos niños. Por estas enseñanzas nutro mi fe creciendo al unísono con ellos. Es un gran gozo para mí hacer esta experiencia.”
 
Mathilde. “Yo me ocupo del 6º año, en el que los niños se preparan a la confirmación. En esta clase somos 4 catequistas: una Hermana Ursulina, una señora, un señor y yo. Las lecciones se dan por turno. Los que van a confirmarse son 65. Están atentos a escuchar lo que les transmitimos, felices de conocer a Cristo. Después de la experiencia que hemos hecho nos ha parecido bien que cada niño se comprometa en los diferentes grupos de la parroquia.
 
Estoy contenta de mi experiencia viendo cómo el amor de Cristo se enraíza en ellos.”
 
Marie Claire. “Yo tengo la clase de 5º año, frecuentada por adolescentes. Eran 112, con 3 catequistas, pero decidimos dividir la clase en 2. Desde el mes de octubre enseñaba con una señora, pero en el mes de noviembre me encuentro sola con 56 niños; al principio no fue fácil, pero por la gracia de Cristo yo evoluciono con ellos. Me siento amada y respetada. Este amor me da energía para compartir con ellos mi experiencia de Cristo y de ser todos testigos. 
Este descubrimiento me ha aportado un gran gozo al profundizar mi vida en Cristo, conocerle y testimoniarle en lo cotidiano. Todas estamos contentas, felices y testigos del compromiso de estos niños y de su capacidad para conocer a Cristo en su vida. Para nosotras es una gran oportunidad que la Congregación nos ofrece y la parroquia acogiéndonos en su terreno fértil, para sembrar nuestra semilla en estos niños. Estamos maravilladas de ver que acuden en número tan elevado en un país musulmán. Esto nos permite también hacer presente nuestro carisma.”
 
Compartir de Ágda.
“Trabajo en un proyecto con niños del Centro Social Don Bosco en el barrio Owenzzenville. Es un barrio cercano al nuestro y que también forma parte de nuestra parroquia.
Es un proyecto para niños de la calle, bajo la responsabilidad de los Salesianos. Ahora en el grupo hay una mezcla de niños. Algunos estaban en la calle, permanecían algunos días sin volver a casa, cometiendo pequeños robos y comiendo lo que encontraban en la calle. Otros tenían la costumbre de estar en la calle todo el día, mientras sus padres o responsables buscaban “ganar algo de dinero” para la cena. Otros todavía están bajo la tutela de una tía o de un tío después de la muerte de su padre o seguido de un abandono.
 
La historia de cada uno es dura. Tienen heridas en el corazón y, a pesar de ello, alegría en la mirada. La mayoría no han ido nunca a la escuela. Es sorprendente ver el deseo de aprender, el esfuerzo por escribir, el gozo ante conseguirlo o el menor descubrimiento, la alegre sorpresa al acabar un trabajo manual con la expresión “¡Soy yo quien lo ha hecho!”.
 
Cada día voy hacia el centro con Asseta, una joven musulmana que forma parte del proyecto. Tiene 14 años. Intentamos hablar a pesar de la dificultad de la lengua. La conversación es siempre una mezcla entre el francés, el dioula y el moré, su lengua materna. Su familia es extremadamente pobre. El padre tiene tres mujeres y 13 hijos. Asseta tiene el deseo de aprender, de tener un oficio, una profesión. Como ella muchos niños desean lo mismo. 
 
La bienvenida dada por los niños es calurosa. Corren a mi encuentro, me abrazan, me saludan en dioula, en francés, y me dan el regalo del gozo, de la esperanza.
Hacemos trabajos manuales. Esto ayuda a los niños a la concentración, la paciencia, desarrolla la creatividad, el deseo de ayudar al otro. Yo estoy siempre sumergida en la sorpresa y el gozo viendo todo lo que los niños tienen la capacidad de hacer, incluso los más pequeños. El grupo cuenta en este momento con 30 niños de ocho etnias diferentes, de 8 a 15 años. Más de 60 niños han pasado por el proyecto. Les ayudo también con un trabajo de psico-motricidad, con el acompañamiento personal y el de algunas familias.
 
Me gusta estar con ellos, jugar, cantar y trabajar juntos. Tocar y dejarme tocar: con los niños aprendo mucho. Me ayudan a amar, a reencontrar un rostro tan pobre y frágil de Jesús en ellos como yo no había jamás visto antes… Aprendo la paciencia, la escucha, a permanecer con ellos en fidelidad, incluso cuando no comprendo nada a causa de la lengua y otras veces a causa de la cultura. Aprendo…” 
Comunidad del noviciado en Burkina Faso
23/04/2014
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