Brasil - Una familia de todas

Finales de julio del 2010, tres Hermanitas llegan al “Alto do Moura” barrio medio rural de la ciudad de Caruaru, Estado de Pernambuco (Brasil).

Una noche, estábamos empe-zando la oración en una familia con un grupo de vecinos. Aquí, lo llamamos “Grupo de oración en las familias”: se lee la Palabra de Dios, y se reza a la luz de esta Palabra. Aquel día se presentaron cinco niños: dos niñas y tres niños, la más mayor tenía once años. Invitados a entrar, los niños permanecieron cerca de la puerta de entrada, pero no se marcharon.
Durante la oración final del Padrenuestro, se acercaron y rezamos juntos dándonos las manos.
 
Una persona del grupo me dijo más tarde que estos cinco niños vivían solos con su padre. Su madre les abandonó cuando la mayor tenía 7 años y el más pequeño 23 meses. ¿Enferma? ¿Depresiva?
 
El padre se volvió a casar enseguida con una mujer mayor que él. Vivieron juntos cuatro años, y a principios de julio del 2010, se separaron. Los niños habían sido maltratados… La hija mayor, entonces con 11 años, contactó con el Consejo Tutelar (organismo encargado de la infancia), lo que provocó la separación.
 
Al día siguiente, busqué la manera de saber dónde vivían estos niños.
Encontré la casa muy desordenada y los niños miedosos, recelosos. Vivían en nuestra calle. Bastante cerca de la comunidad de Hermanitas. Fui a visitarles. Entonces me enteré que dos vecinas ayudaban ya a los niños. Ellas me contaron lo que había pasado.
 
Empecé a hacerme presente en esta familia; el padre, analfabeto, trabajaba en una empresa de chatarra. Salía temprano de casa y por la noche venía tarde. Los niños de 6, 7, 8, 10 y 11 años estaban solos en la casa sin el cuidado de ningún adulto. Empecé a percibir las consecuencias de las pérdidas sufridas, primero de la madre, después de la madrastra: faltaban a la escuela, no pasaban de curso, tenían dificultades para aprender a leer. Pasaban mucho tiempo en la calle, sobre todo los chicos. El más pequeño tenía problemas de lenguaje. Empecé a llevarle al médico, al logopeda, al psicólogo, al dentista, etc. Poco a poco nuestra comunidad empezó a asumir el cuidado de esta familia. Empezamos por el acompañamiento escolar de los niños: las hermanas y Edijane, la postulante. 
 
En junio del 2012, el padre tuvo un accidente. Por ello estuvo hospitalizado durante cuatro meses. Una vecina acogió a los cinco niños. A causa del accidente, la “renta familiar mensual” (programa social del Brasil) se suspendió hasta la regulación de los papeles según las leyes vigentes. La Comunidad cristiana, con las Hermanitas y algunas familias, asumió aportar lo necesario para los niños durante todo el tiempo que estos pasaron en casa de las vecinas: dos modistas que ellas mismas tenían dificultades para vivir. Por fin, después de seis meses, el padre volvió a casa con un aparato en una pierna para poder moverse: había sufrido fracturas importantes, además de la pérdida de un dedo del pie y fracturas en tres dedos de la mano. 
 
Tres meses más tarde, nuestra comunidad, hoy somos tres hermanas con Edijane la postulante, continúa ayudando a esta familia, “es la familia de la comunidad”.
 
Compartimos penas y alegrías de este grupo familiar monoparental: cada una de nosotras damos la atención y el cuidado según las necesidades de cada uno de ellos.
 
Forman parte de nuestra comunidad, nosotras estamos presentes en el sufrimiento, en el gozo y en la fiesta.
 
Esto nos hace recordar al Padre Pernet cuando decía: “Vuestra misión tiene como objetivo extender el Reino de Nuestro Señor trabajando en la regeneración de la familia obrera”. 
(3 de julio de 1885)
 
“Dios os pide trabajar en la extensión del Reino, en medio del pueblo y en la familia obrera” (7 de junio de 1894)
 
Hermana Olga 
 
30/05/2014
Enregistrer au format PDF Imprimer l'article Enviar la referencia de este documento por email enviar por email
> Tous les articles remonter Remonter