Brasil : en el camino de los peregrinos, Juazeiro es la Puerta de la Misericordia

Hildete y yo, querríamos compartir hoy con vosotras, lo que vivimos en nuestra peregrinación a Juazeiro, en devoción al “Padin Ciço” (sobrenombre dado al Padre Cícero Româo Batista), que tuvo lugar del 10 al 15 de septiembre, con ocasión de la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores. Juazeiro es tierra de peregrinación y de sueños para los habitantes del Nordeste Brasileño; y como nosotras somos parte de este pueblo, es natural que cultivemos el deseo de vivir algunos días en este gran lugar santo, conocido también como nación peregrina.
 
Para mejor situarnos y vivir lo que Juazeiro nos reservaba empezamos por informarnos sobre la historia del Padre Cícero Româo Batista, un padre dedicado del todo a su pueblo y atento a todas sus necesidades: nacido el 24 de marzo de 1844 en la ciudad de Crato, cerca de Juazeiro, fue ordenado sacerdote en 1870 después de muchas dificultades financieras. Impresionaba por su presencia, por las modulaciones de su voz, y se consagró enteramente a su misión de la Iglesia, sin olvidar la dimensión social; este aspecto lo vivió sin descanso por el bien de la población, ya fuera en momentos de graves epidemias o de sequías que vivió el Estado de Ceará, sus luchas hicieron de Juazeiro una ciudad importante en el interior del Ceará.
 
El Padre Cícero, era un hombre de pequeña estatura, de piel clara, ojos azules y cabellos rubios.
 
El principal acontecimiento que transformó su vida fue un hecho poco común que aconteció durante una misa que él celebraba: una religiosa que trabajaba con él, María de Araújo, en el momento de comulgar, no pudo deglutir la hostia consagrada, ya que esta se había transformado en sangre (nosotras vimos en la exposición del memorial del Padre Cícero el trozo de tela con el que se secó la boca de la beata). El Padre Cícero que quiso permanecer discreto, no hizo mucho ruido respecto al milagro, pero como acostumbra a pasar a menudo, la noticia se expandió; la iglesia convocó a investigadores que decidieron no reconocer el milagro, y el padre Cícero fue suspendido de sus funciones sacerdotales; con la prohibición de celebrar, entró en la vida política de manera eficaz, y se convirtió en primer alcalde de la municipalidad de Juazeiro que acababa de obtener su autonomía. (1911).
 
El “milagro eucarístico” de Juazeiro continúa siendo estudiado por diversos especialistas y sacerdotes, pero el Padre Cícero murió sin reconciliarse con la Iglesia, y sólo en diciembre del 2015, con el Papa Francisco tuvo lugar la reconciliación; fue por esta razón que en Juazeiro, en este año de la misericordia, en las celebraciones Eucarísticas se cantó: “En el camino de los peregrinos, Juazeiro es la puerta de la Misericordia”. Debemos resaltar que el pueblo, en la manifestación popular de su fe, no se preocupa mucho de las gestiones burocráticas de la Iglesia, y considera al “Padin Ciço” como el gran santo de Juazeiro.
 
Toda esta mística de fe popular nos ha llevado a participar en la peregrinación para la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, la Madre de los Dolores, como dicen los peregrinos. La devoción a María bajo esta denominación fue difundida por el Padre Cícero, y por ello, el día de la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, la nación peregrina se pone bajo la protección del “Padrecito Ciço y de la Madre de los Dolores”.
 
Nuestro itinerario: Sali-mos a las 2h45’ de la mañana del 10 de septiembre, en dirección de Juazeiro en un pequeño autobús con 28 personas: cantamos, compartimos una colación, y fuimos testigos de la felicidad de cada uno al poder realizar la promesa hecha al “Padre Ciço y a Nuestra Señora”. Llegamos a Juazeiro a las 14h30’, y fuimos directamente al “rancho”, un aposento sin muebles que los habitantes de Juazeiro alquilan a los peregrinos de paso. Este rancho consiste en tres grandes habitaciones y un baño, y la propietaria había puesto a nuestra disposición un fogón y una nevera; cada uno llevaba su colchoneta o su hamaca, los espacios para dormir eran colectivos, el respeto guiaba nuestra vida colectiva; esto nos hacía pensar en “La utopía de la Fraternidad”; cuando acontecía algo que podía empañar esta fraternidad, cantábamos una estrofa del canto del peregrino, basado en las enseñanzas del Padre Ciço: “El que haya robado que no robe más (…) el peregrino de verdad vive en fraternidad”.
 
En lo que concierne al programa de las jornadas, las misas se celebraban a diferentes horas y en varias iglesias, con confesiones, y todas las noches se celebraba en el patio frente a la Basílica de Nuestra Señora de los Dolores ya que la Iglesia no era bastante grande para acoger a tal número de peregrinos. La liturgia de todos los días estaba bien preparada, orante y cautivadora del principio al fin. 
 
La peregrinación comprendía también el conocer varios lugares de la ciudad, entre otros: el parque donde hay la gigantesca estatua del Padre Cícero (27 metros), uno de los monumentos más turísticos de Juazeiro; en el mismo parque, después de un largo paseo entre árboles, en pequeños senderos, se encuentran aquí y allá algunas paradas estratégicas vendiendo alimentos y medicamentos naturales; el paseo conduce hasta grandes rocas horadadas, que el pueblo llama las piedras “del santo sepulcro”; pensamos que ese nombre proviene del hecho, que según la historia, el Padre Cícero enviaba allí a los penitentes para que pasaran un tiempo de reflexión en los huecos de estas rocas: algunos tienen más dificultad de acceso que otros y a veces se necesita ayuda para poder entrar o salir.
 
Visitamos algunas iglesias, como la del Perpetuo Socorro, donde se halla la tumba del Padre Cícero; la iglesia de San Francisco, que alberga el convento de los Franciscanos, y la iglesia San Juan Bosco, santuario de los Salesianos. Además de la visita religiosa, visitamos también la famosa fábrica de cajuína (productora de bebidas a base de caju, fruto del anacardo). En fila india pudimos observar el proceso de producción y almacenamiento del producto y a cada uno se nos regaló vaso de cajuina. En la fábrica una estatua de cera representando al Padre Cícero parecía tan real que todos quisieron hacerse una foto posando con el Padre; ¡Nosotras también nos arriesgamos a posar! 
 
El día de Nuestra Señora de los Dolores, la ciudad respira fiesta. Los actos religiosos empezaban a las 5 de la mañana, y acababan con la procesión, hacia las 9 de la noche. ¡La procesión fue linda! Esta multitud nos llevaba a pensar en el pueblo de Dios en éxodo… Tanta gente que avanzaba pidiendo la gracia de la liberación de la opresión, o dando gracias a Dios por haber sido ya escuchados. Caminamos durante dos horas, una procesión con cantos y oraciones; nosotras también rezamos al contemplar los rostros de las personas y reafirmamos la fe de que “también yo soy tu pueblo, Señor, yo que recorro este camino…”
 
 
Concluimos dando gracias al Dios de la vida, que nos dio la oportunidad de vivir este tiempo que nos ha ayudado a comprender la piedad popular para que, con el pueblo, podamos continuar haciendo caminos del Reino.
 
Hnas Hildete y Ernestina
26/01/2017
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