Beatificación del P. Juan Pablo II

Algunas Hermanitas han ido a Roma. Testimonio

Tenía en el corazón el deseo de participar en Roma a la beatificación de Juan Pablo II…y precisamente en aquellos días dos amigos de Roma me invitaron a participar con ellos en esta celebración.
 
El 1° de mayo, muy temprano por la mañana, llegamos junt@s y nos unimos a una gran multitud en el prado vecino a Castel Sant’Angelo. La zona, desde el amanecer, estaba llena de jóvenes, adultos, familias con niñ@s, religios@s... sacerdotes, procedentes de todas partes del mundo. Se respiraba un ambiente de fiesta, de espera… La alegría atenuaba el cansancio… el rostro de tantos hermanos y hermanas nos invitaban a decir: “Este es el día que ha hecho el Señor, una maravilla a nuestros ojos”.
 
La presencia de grupos llegados de todo el mundo, invitaba a la fraternidad universal. La gran pantalla mostraba y recordaba las etapas importantes de su pontificado y las jornadas del GmG.
 
La escucha de su voz… atraía a tod@s y reafirmaba el mensaje de humanidad y de testimonio trasmitido. La frase: ¡“No tengáis miedo, abrid las puertas a Cristo”! era incisiva para tod@s.
 
El Cardenal Agostino Vallini vicario de Roma, presentó al Papa Benedicto XVI la figura de Juan Pablo II, subrayando con emoción, lo vivido por el Papa, que supo conocer el mundo y mirarlo con los ojos de María.
 
El silencio nos envolvía a tod@s y la escucha hacía vibrar el corazón de los presentes, emoción y gratitud por el don de su vida injertada en Cristo, dando con su vida testimonio de paternidad universal.
 
El estupor colmaba el corazón de tod@s, en un clima de escucha, de alegría, de agradecimiento y de fiesta.
 
Mis amigos, silenciosos, Giovanna, enferma de cáncer y su esposo, cansado por el trabajo nocturno, estaban llenos de gozo y gratitud, por esta experiencia eclesial única. La atracción por este Papa ofreció la ocasión de hacer una experiencia de Iglesia universal y de descubrir el rostro de Dios, mediante el don de un testimonio de fe.
 
Volveremos…dijeron Giovanni y Lina cerca de su tumba, para decir al Papa Beato lo que nadie conoce, con la fe y la certeza de que El sabrá escucharnos e intuir el deseo de nuestro corazón.
 
También yo “agradezco” al Beato Juan Pablo II, el mensaje de esperanza y de salvación que ha dado al mundo.
 
Hermana Anna, Italia
 
16/05/2011
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