Beatificación de los 19 mártires de Argelia

Habían entregado su vida a Cristo y al pueblo argelino, y permanecieron fieles a ese compromiso hasta durante la prueba de la violencia que desfiguro Argelia durante la “década negra”. Es la Iglesia toda quien reconoce hoy, la fuerza de su testimonio (“mártir” significa “testigo”), el de una vida cristiana vivida en medio de musulmanes.

 El papa Francisco acaba de autorizar la firma del decreto de beatificación de Mons. Pierre Claverie y sus 18 compañeros/as. “Una vida al servicio de todos”. Cada uno murió porque había elegido, por gracia, permanecer fiel a los y las que eran sus prójimos por la vida del barrio y los servicios compartidos, escriben los obispos de Argelia en un comunicado común. Su muerte revelo que su vida estaba al servicio de todos: de los pobres, de las mujeres en dificultad, de los discapacitados, de los jóvenes, todos musulmanes. Una ideología asesina, caricatura del islam, no soportaba los otros, diferentes por la nacionalidad, por la fe”

Entre estos mártires, asesinados entre 1993 y 1996 figuran los 7 monjes de Tibhirine, secuestrados y asesinados en 1996, Mons. Pierre Claverie, antiguo obispo de Oran, asesinado en agosto del mismo año, pero también un hermano Marista, Henri Vergès, 4 Padres Blancos asesinados en Tizi Ouzou al día siguiente a Navidad 1994 y 6 religiosas de diferentes congregaciones presentes en Argelia ( Nuestra Señora de los Apóstoles- Agustinas misioneras- hermanitas del Sagrado Corazón – y Hermanitas de la Asunción )
 
 
     Sería una muy mala noticia que esta beatificación apareciese como un asunto de católicos que tratan de quedar bien a costas de los argelinos, de musulmanes cuando es todo lo contrario que deseamos. No abrir viejas heridas. Sin descanso recordaron hacia el Norte del Mediterráneo que “no son musulmanes quienes mataron cristianos, sino que todo un pueblo fue atrapado en medio de un 
terrorismo a gran escala.” Como dice Mons. Paul Desfarges, arzobispo de Argel. Y mirando hacia el Sur, no es cuestión para ellos como para la Iglesia universal, de negar el testimonio de 200.000 argelinos, imanes, escritores, periodistas, maestros o médicos que también entregaron sus vidas en fidelidad a su fe en Dios y a su conciencia durante la “década negra”. Y en particular esos 99 imanes que perdieron su vida por haberse negado a justificar la violencia. A todos han repetido que los nuevos beatificados – “no son héroes”-, sino simplemente “miembros de una pequeña Iglesia católica en Argelia para quien, cuando se ama a alguien, no se le abandona en el momento de la prueba. Es el milagro cotidiano de la fraternidad”
 
     Esas beatificaciones nos dicen que el odio no es la justa respuesta al odio, que no hay una espiral ineludible de violencia. Quieren ser un paso hacia el perdón y la paz para toda la humanidad, a partir de Argelia, pero más allá de las fronteras de Argelia. Son una palabra profética para nuestro mundo”
(Anne-Bénédicte Hoffner)
 
Hno. Henri Vergès, marista
 
 
               
 
y Hna. Paul-Hélène Saint-Raymond, Hermanita de la Asunción, asesinados en Argel el 8 de mayo de 1994.
 
Nacido el 15 de julio, de 1930 en los Pirineos Orientales (Francia), comienza su itinerario hacia la vida marista a los 12 años y pronuncia sus votos definitivos diez años más tarde. Llega a Argelia a los 39 años, después de la independencia, primero como director de la escuela “Saint-Bonaventure”, en Argel luego como profesor de matemáticas en Sour-El-Ghozlane. Su inserción en el mundo musulmán, su vida – en ese medio- le permitieron realizarse más plenamente como cristiano marista, escribe. A partir de 1988, es Responsable de la biblioteca de la diócesis, situada en la Casbah, y frecuentada por los jóvenes del barrio. Es allí, en su oficina, que es asesinado con S. Paul-Hélène.
 
 
Parisina, esta última entro con las Hermanitas de la Asunción después de estudios de Ingeniera. Sus primeras misiones la llevan cerca de las familias obreras en Francia, luego en Argel justo después de la Independencia. Ejerce como enfermera como también en Marruecos y más brevemente en Túnez. En 1988 es enviada a la comunidad de Belcourt en Argel y trabaja en la biblioteca de la Casbah con el Hno. Henri Vergès. Interpelada por la violencia que reina por entonces, escribe: “hay que comenzar uno-mismo a luchar contra la propia violencia”. A Mons. Teissier que la llama a tener cuidado, contesta: “Padre, de todos modos nuestras vidas ya están entregadas."
 
31/01/2018
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