Argentina - Algunas “huellas” de nuestro paso por el barrio de Budge

Quiero compartirles un poco de historia sobre las “huellas” que dejó nuestro paso por el barrio de Budge : 
Es un barrio humilde pegado a la Capital federal, llegamos ahí en los inicios del barrio en el año 1971 al llegar las hermanitas junto a los vecinos del lugar se comenzó la comunidad cristiana San Francisco de Paula, se trabajó junto a la gente en la lucha por las tierras, nuestra casa era el salón comunitario para casamientos, catequesis, reuniones, etc. Así hasta que poco a poco se fue construyendo la sede parroquial.
Fue lugar de formación de varias hermanitas y también de algunos sacerdotes en los primeros años de su ministerio, muchas hermanitas pasaron por esta comunidad. Allí estuvimos presentes hasta el año 1993 donde se vio que ya era tiempo de partir para otros rumbos... Con el correr del tiempo los laicos de ese lugar siguieron el contacto con las hermanitas por diversos motivos, venían a la comunidad de la Inmaculada a compartir sus dificultades familiares, sus preocupaciones por su comunidad cristiana, cómo seguir anunciando a Jesucristo en medio de serias dificultades con el sacerdote del momento y así a lo largo de los años siempre confiándonos sus penas y alegrías.
 
Con motivo de preparar el centenario de la llegada de las Hermanitas a Argentina en el 2010, por el año 2007 se congregó a los laicos de las diferentes comunidades, donde estu-vimos presentes a distintas reuniones para profundizar el carisma, y se comenzó un camino como “laicos Familia de la Asunción”, por supuestos en gran número los laicos de San Francisco de Paula estuvieron presentes. Reuniones que de diferente forma se siguen hasta el día de hoy.
 
En los últimos tiempos la fuerza del carisma los ayudó a caminar por más de un año sin la presencia estable de un sacerdote para las eucaristías -ya que el párroco tuvo su cambio- ellos animaban la celebración de la Palabra, la catequesis, los diferentes grupos de scout, infancia misionera y grupo misionero juvenil, donde participan muchos jóvenes y también familias donde varios de sus miembros son activos, hoy es una comunidad muy viva y dinámica.
 
Muchas de las personas de la comunidad siguen en su apostolado nutriéndose del carisma que la sostiene y fortalece para el anuncio, acompañando a los enfermos, dando una palabra de aliento al que lo necesita, acompañando distintas realidades sociales, etc…
 
Aquí les comparto dos testimonios:
 
En el año 1973 conocí a las Hermanitas de la Asunción en nuestro Barrio de Ingeniero Budge; la tarea de estas hermanitas era acompañar a las familias más pobres del lugar, a los enfermos, personas mayores, a las mamás embarazadas y sus niños, tenían una pequeña farmacia para dar medicamento a las familias que no podían comprarlos , trabajamos juntos a las familias del barrio para construir nuestra comunidad, visitábamos a los enfermos y misionábamos anunciando a Jesucristo con mucho amor. Durante 22 años nos acompañaron, y fueron sembradoras de una espiritualidad que nos acompaña hasta hoy y nos impulsa a seguir en la tarea evangelizadora de anunciar a Jesucristo y amar a nuestros hermanos más pobres llevándoles una palabra de aliento y esperanza; yo he servido a mi comunidad a lo largo de los años en diferentes servicios siempre desde la espiritualidad de la Asunción, hoy sigo acompañando a las familias de Ceferino Namuncura, comunidad muy carenciada en otro sector de la parroquia, colaborando con el comedor comunitario y de una manera especial acompañando a mamás jóvenes embarazadas y distintas situaciones que van surgiendo en el barrio.
                    Viyi Salvatierra
 
“Nací en un barrio humilde con calles de tierra, casillas de maderas de techos de chapas, con familias numerosas provenientes del interior del país y de lugares limítrofes. En terrenos inundables que habrá que rellenar pero cercanos a las fabricas que prometían progreso y bienestar para las familias.
Griselda, hna Glaides, Adan
 
De pequeña recuerdo que la vida era sacrificada, los días de lluvia y en los inviernos se chapoteaba el barro y se respiraba humedad; la capilla del barrio pequeña, pero llena de familias que los domingos y feriados venían a poner un ladrillo o pintar, además de la alegría de las misas y el mate compartido; allí donde el Dios de la vida estaba muy cercano a nosotros conocí a las Hermanitas de la Asunción que vivían a orillas del Riachuelo en una casita igualita a las nuestras, se entremezclaban con nosotros, sencillas, cariñosas, atentas a nuestras necesidades, visitando a los enfermos y cuidándolos en sus casas, recorriendo para conseguir algún remedio, zapatillas o abrigo para los abuelos y por supuesto acompañándonos en la Fe, en los momentos difíciles del golpe militar en donde nos tuvimos que ir del barrio por un tiempo, teníamos miedo. 
Y al volver con hermanos adolecentes y yo lista para la catequesis, de nuevo el reencuentro con las Hermanitas queridas, regalándonos siempre la esperanza de Cristo y animándonos siempre a perseverar, mis papas se casaron por iglesia y nosotros participábamos en los grupos de jóvenes, yo era parte del grupo de jóvenes misioneros donde nos preparábamos todos los sábados para llevar la Palabra de Dios a nuestros hermanos, para rezar, celebrar, compartir mates, proyectos e inquietudes. Pero sobre todo recorríamos el barrio, visitando enfermos y participando en marchas para reclamar justicia. Con la misión, en mí se selló la opción de la vida compartida con los hermanos.
 
Las Hermanitas de la Asunción dieron a nuestro barrio un ejemplo de amor, de alegría, de servicio y caridad, nos transmitieron un Dios de esperanza cercano que nos ama y acompaña siempre. No dejamos de hacerla parte de nuestra familia, mi familia es su familia, fueron un pilar y guía en el camino no puedo dejar de agradecer a Dios su presencia en el barrio. Hoy tengo 46 años, estoy casada, tres hijas, un nieto; junto a mi esposo somos animadores de la IAM (Infancia y adolescencia misionera) y al mirar la realidad no puedo dejar de comprometerme, reclamar, trabajar y por sobre todo compartir al Dios de la Vida.” Griselda Miranda
 
Viyi y Griselda son mujeres muy comprometidas en el barrio y la comunidad y sienten que después de todos los años compartidos con las Hermanitas, el carisma las sostiene y fortalece.
 
Hna Gladys 
Comunidad de Concordia
 
 
Ha Gladys, Griselda, hna Glaides, Adan, Norma
encuentro de la asunción en Budge
26/05/2015
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